16 de mayo de 2019
16.05.2019

Lágrimas de órgano por el incendio de Notre Dame

La iglesia de San Francisco de Asís ofreció un concierto de obras que se interpretan en la catedral parisina

16.05.2019 | 01:14
Parte de los asistentes, con el organista en el coro.

De la iglesia de San Francisco de Asís a la catedral de Notre Dame pasando por la londinense de Westminster. El organista Rubén Díez interpretó ayer cinco partituras habituales en la catedral parisina de Notre Dame. Y lo hizo el mismo día y a la misma hora, un mes después, del incendio que conmovió al mundo y que llenó de lágrimas París, en la iglesia parroquial de San Francisco de Asís.

Una buena y oportuna idea de su párroco, Juan José Tuñón Escalada, que hizo realidad este ciclo de conciertos de órgano que están abiertos a todos los ovetenses. El objetivo es promulgar la música sacra en una ciudad con tanta cultura musical como es Oviedo. Y lo está consiguiendo.

"Hace un mes un incendio amenazaba a uno de los templos más emblemáticos de Europa, y hoy, en Oviedo, queremos sumarnos a los homenajes que se hacen en ciudades de todo el mundo", explicó antes del concierto Juan José Tuñón a los cientos de asistentes que casi llenaron el templo parroquial.

El concierto fue un éxito rotundo. Al final, los asistentes se dieron la vuelta para dar un gran aplauso al organista, Rubén Díez, que por dos veces tuvo que levantarse para saludar y añadir una pieza más al muy elaborado programa del concierto.

"Meditation sur le Salve Regina" y "Apparitión de l´ Égglise eternelle" fueron las más aplaudidas. La única obra que no fue de música sacra fue "El carillón de Westminster", que el organista decidió introducir en su actuación para traer el ejemplo de la catedral londinense a Oviedo. También, para promulgar la aparición de la iglesia eterna por la evocación que hace del templo, tanto celeste como terrenal, como es Notre Dame. Muy oportuno.

Desde una gran pantalla situada en la parte central del templo, cerca del altar, los centenares de personas que acudieron ayer a la singular cita musical pudieron seguir desde los bancos, con todos los detalles, los acompasados movimientos de las manos y los pies del concertista sobre el órgano.

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