14 de junio de 2019
14.06.2019

Benítez: "La escritura no puede perder el carácter de aventura para uno mismo"

El autor gaditano, premio "Nadal", repasó su vida y su obra literaria en el aula magna de la Universidad, invitado por la Cátedra Emilio Alarcos Llorach

14.06.2019 | 01:13
Felipe Benítez Reyes, ayer, en la Universidad.

Cuando tenía 29 años, Felipe Benítez Reyes tomó un riesgo. Acaso el mayor de su vida, aunque él no era consciente de tal circunstancia. "Lo voy a intentar", se dijo. Era 1989 y este gaditano de Rota pretendía vivir de la escritura. Los siguientes seis o siete años fueron duros en lo económico, pero fructíferos en lo personal y en lo creativo. "Fue la época más feliz de mi vida", reconoce. Después llegarían el reconocimiento y los premios: Ciudad de Melilla (1995), Nacional de Poesía (1996), Premio de la Crítica (1997), Nadal (2007). Ayer, en el Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, invitado por la Cátedra Emilio Alarcos Llorach, Felipe Benítez Reyes habló de su obra, de su experiencia profesional y del papel que juega la literatura en su vida.

"La escritura acaba convirtiéndose en una costumbre del pensamiento", aseguró Benítez Reyes. "Es una forma de descubrir algo, clarificar una intuición, desarrollar una incertidumbre, dar forma a algo que no está precisado en el pensamiento", añadió el escritor.

Ante el nutrido público del aula magna, Benítez Reyes, que acaba de publicar su libro "El intruso honorífico. Prontuario enciclopédico de algunas cosas materiales y conceptuales del mundo", explicó sus primeros contactos con la escritura. En Rota, a principios de los setenta, él y sus amigos conectaban la emisora de la base norteamericana, en la que descubrían las últimas tendencias de la música de aquel país. Acabaron montando un grupo de rock y, "en un inglés muy precario", veló sus primeras armas como poeta.

Luego llegaría el descubrimiento de autores españoles y foráneos que fueron dando forma a su gusto y a su estilo: "Todo el que escribe, cuando lee, es una especie de espía; se trata de ver cómo está hecho el muñeco por dentro, como camina, ve, llora... cómo es la construcción y el ritmo narrativo de cada párrafo, de cada página".

Llegarían años de vértigo y descubrimiento, de enfrentamientos literarios y personales, y también de estrechar relaciones con buenos amigos. Dos de ellos, José Luis García Martín y Josefina Martínez, le acompañaban ayer en el Aula Magna de la Universidad. Todo ello siguiendo esa vocación por vivir de la escritura, por vivir escribiendo.

Con los años llegaría el éxito y una cierta estabilidad inestable que da el prestigio, aunque la incertidumbre es mayor en esta época de retracción del papel. Pero la pasión por las palabras sigue ahí. "La escritura no puede perder el carácter de aventura para uno mismo", concluyó.

Al final del acto, la directora de la Cátedra Emilio Alarcos Llorach, Josefina Martínez avanzó que inaugurarán el próximo curso con un homenaje al poeta norteamericano Walt Whitman, en plena celebración del 200 aniversario de su nacimiento.

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