03 de septiembre de 2019
03.09.2019
La Bomba Del Fontán | Las Crónicas De Bradomín

Calentón de verano

Ensoñación sobre una ciudad en la que poco o nada se ha hecho desde los 90

03.09.2019 | 01:25
Calentón de verano

En ocasiones, a la caída de la tarde, suelo sentarme en una terraza del Fontán a fumar un pequeño habano: poca cosa, medio pelo. Son los momentos que aprovecho para recargar una buena dosis de recuerdos, que a cierta edad, ya con el párpado algo caído y la vena del gusto en franca recesión, suelen terminar en abundantes nostalgias. Pero hoy ese sentimiento se tornó en otra cosa. Mientras daba cuenta del cigarro, un golpe de calor me dejo traspuesto, sumido en una curiosa ensoñación. A saber:

Al fin había llegado el agua a las fuentes del Campo de San Francisco, la ornamentación había sido restaurada y algunas zonas del mismo había sido reforestadas. El graznar de los pavos reales y los barquilleros habían vuelto y en el estanque había cisnes, hasta creí ver alguna ardilla.

Para celebrarlo, la OFIL y la Capilla Polifónica daban un solemne concierto al pie de la "fuentona". Ese mismo día, la Banda de Música de Oviedo ofrecía un extraordinario concierto en el recién rehabilitado templete del Bombé. En el paseo de los Álamos, la Real Banda de Gaitas hacía lo propio en el restaurado y reluciente mosaico de Antonio Suárez.

Al teatro Campoamor había llegado, al fin, un director artístico contrastado y se había iniciado un concurso internacional de ideas para la ampliación de la caja escénica. En El Asturcón se celebraba una espectacular feria de La Ascensión. Los niños ovetenses iban a conocer de primera mano un tiovivo, la selva, el látigo, los coches de choque, la noria, el vaivén...

El casco antiguo se había trasformado en el barrio de las Artes y las Letras. Aquella misma noche estaba invitado a la inauguración del gastromercado Plaza de El Fontán. Atrás habían quedado los despropósitos, las aberraciones y los posibles latrocinios... Sentir la brasa del puro en los dedos me hizo regresar a la realidad.

Desde la década prodigiosa de los años noventa, poco o nada se ha hecho en la ciudad, peor aún, lo que había se encuentra en absoluto abandono. En algunos casos, la estampa urbana se muestra desoladora: la plaza de toros, El Asturcón, el Palacio de los Deportes, el Calatrava, el Palacio de los Niños. El Vasco que lleva décadas sin consumarse, los depósitos de El Cristo, mercado de la Corredoria... el Carlos Tartiere será el próximo en engrosar el catálogo. Mientras tanto, en el Consistorio, da igual el color, llevan largo tiempo entretenidos jugando al Monopoly con parcelas (La Vega, Fábrica de Gas y antiguo HUCA) que, a día de hoy, no son de titularidad municipal. Qué esperanza puede haber en un Ayuntamiento sin un proyecto de futuro e incapaz de sostener su patrimonio.

Todavía bajo los efectos de este calentón de verano, no pude sustraerme al recuerdo de los regidores qué de alguna u otra manera nos empujaron al presente que nos ocupa. En especial, uno con pasado reciente. Verdadero impulsor del mayor hito de su mandato, el derribo de una verdadera joya del modernismo ovetense: la estación del ferrocarril Vasco-Asturiano. Hoy día, apartado de la política, eso creo, con cierta regularidad y en este mismo medio, trata de iluminarnos con su ampuloso y barroco léxico, gracias a su erudición y sus egregias amistades. Nada que objetar, cada cual hace con su ego lo que le venga en gana. Lo que no parece de recibo es su mal estilo. Cita textual: "...Pero ahora, por fin, si la incultura proverbial del nuevo Alcalde no los expulsa, españoles y extranjeros seguirán valorando el atractivo de esta ciudad de ensueño... (Publicación gratuita. Agosto 2019. Artículo: "Agosto en Vetusta). Sin comentarios. Ya lo decía Tini Areces: "Oviedo ye un bombón".

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