12 de septiembre de 2019
12.09.2019

Cálido homenaje al Hermano Serafín, "un excelente educador y un hombre sencillo"

La comunidad marista, montañeros, fotógrafos y antiguos alumnos y profesores del Auseva asisten a una misa en San Pedro de los Arcos por el fallecido

12.09.2019 | 01:04

"El Hermano Serafín vivió y murió con la dulzura que le caracterizaba. Fue un excelente educador y un hombre bueno y sencillo que ha logrado reunir hoy aquí a una representación de cada una de sus facetas vitales. Sin ir más lejos, ambos entramos en el Seminario el mismo día. Estamos en esta iglesia por cariño y amor". José Luis Ampudia, antiguo delegado provincial de la orden marista en Asturias, Galicia y León, verbalizó ayer en la iglesia de San Pedro de los Arcos lo que todos los asistentes a la misa en honor a Serafín Rodríguez, fallecido el 26 de agosto, estaban pensando. Antiguos compañeros de trabajo del colegio Auseva, exalumnos y aficionados a la fotografía y la montaña le dieron un cálido adiós al hermano marista durante una ceremonia oficiada por el párroco Hilario Paz y Juan José de León Lastra, prior de los Dominicos en Oviedo, que compartió anécdotas laborales pese a pertenecer a diferentes órdenes.

"Esta misa es una acción de gracias por la vida de Serafín", comentó el prior ante la atenta mirada de los asistentes, entre los que estaban, entre otros, el estudioso de la historia ovetense, Carlos Fernández Llaneza; José Francisco Castro, antiguo profesor de Biología en el Auseva; o los exalumnos de fotografía; Alejandro Velasco y Ovidio Rodríguez. "Serafín era un profesor entrañable de infinita paciencia. Nos sacaba de excursión a hacer fotos por medio Oviedo y aprendimos mucho", explicaron casi al unísono. También Fernández Llaneza y Castro subrayaron el amor que el Hermano Serafín sentía por la fotografía. Con el primero colaboró en un libro sobre San Pedro de Los Arcos y con el segundo analizó numerosas instantáneas relacionadas con la naturaleza.

Nacido en la parroquia sierense de Collao, Serafín Rodríguez pasó la mayor parte de su vida en Oviedo y estaba muy vinculado a la ciudad. Sus dos principales pasiones eran el belenismo y la fotografía. En el colegio Auseva puso en marcha un taller de fotografía que resultó pionero en su época. A su pasión por la foto se sumó un creciente amor por la ciudad, a la que retrató en cientos de instantáneas. Una de esas colecciones le dio para hacer un libro sobre casas emblemáticas de la ciudad. En varias ocasiones publicó sus fotos y algún artículo en LA NUEVA ESPAÑA. Además, visitaba los belenes históricos más importantes para hacerles fotos y mostrarlas más tarde en proyecciones en Oviedo. Su labor como profesor en el colegio Auseva fue siempre muy bien valorada por los alumnos, que lo recuerdan con cariño.

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