09 de octubre de 2019
09.10.2019

Alfonso Corominas: "Ana Ozores fue una mártir de la sociedad burguesa del siglo XIX"

El escritor ovetense presenta su novela "Oviedo, La Regenta", segunda entrega de una pentalogía dedicada a las "santas adúlteras" de la literatura

09.10.2019 | 00:59
Alfonso Corominas, ayer, en Oviedo.

Tino PERTIERRA

Ha vuelto Ana Ozores. El escritor Alfonso Corominas recupera al personaje clariniano en su novela "Oviedo, La Regenta", segundo título de la pentalogía "Ellas nunca me habrían querido", centrada en las cinco "santas adúlteras" literarias del siglo XIX: Madame Bovary, Ana Karenina, La Regenta, Luisa de Eça de Queiroz y Effi Briest. Una odisea literaria que lleva al autor a las ciudades de sus personajes para tejer una crónica que engarza el viaje y la novela de la heroína con la cultura y la historia de su ciudad y su país como escenario. En 2016 inició su aventura con Effi Briest, de Theodor Fontane. En Berlín. Y ahora le toca el turno a Oviedo, donde Corominas nació en 1953 "en el Sanatorio Miñor".

Algo une a todos estos personajes femeninos, indicó el autor a LA NUEVA ESPAÑA antes de la presentación en la librería Cervantes: "En todas las literaturas nacionales aparecía un personaje así. Su universalidad es temporal y espacial. Una rusa, una alemana, una portuguesa, una francesa y una española. Lo traspasan. Son hijas de su tiempo por la forma en que se da su adulterio, y sus consecuencias. Con su engaño se juegan la existencia, el poder vivir de una forma digna. Los conceptos son universales ya desde los griegos. El macho depredador, la mujer acosada que participa en ese juego de seducción porque cree que puede encontrar la libertad. Estuve en el pueblo que en el que se inspiró a Flaubert para su Bovary y hay que ser muy valiente para ser adúltera en un sitio tan pequeño".

Leyendo la obra de Clarín, Corominas encontró "un cierto paralelismo con el Quijote: las adúlteras de mis novelas son mujeres con aspiraciones de un mundo mejor, más libre, con más emoción, y varias de ellas influidas por las novelas románticas. Lo tremendo es que el que don Quijote es para Cervantes un caballero andante, un ser digno y generoso, admirable incluso, mientras que la crueldad de la burguesía del siglo XIX convierte a esas mujeres en seres condenados por la sociedad, alguien desdichado que no es un ejemplo de grandeza".

Confiesa que "quiero mucho a esos personajes, es tan injusto cómo se las trata... Son mujeres que tienen que aguantar a unos maridos medio tontos o impotentes, poco menos que las inmolan con veinte años. Y las malvadas parecen ellas, cuando son mártires de la burquesía, como las cristianas lo eran en la época romana, víctimas de una sociedad que las obligaba a vivir de una manera determinada. La que casi acaba mejor es la Regenta, aunque sea un final terrorífico, pero, al menos, vive".

¿Queda algo de Vetusta en Oviedo? Corominas vivió la posguerra, el nacional catolicismo, y recuerda "una sociedad muy parecida a la de Clarín, con la Iglesia dominándolo todo. Había coches de motor, luz eléctrica. Pero la moral y las costumbres eran parecidas. Esas cosas perduran, con las transformaciones normales, pero sigue habiendo instituciones que marcan la moral, gente que dice a los demás cómo deben vivir".

Clarín es un autor muy cinematográfico: "Estaba leyendo su novela y me parecía que me estaba contando una película, empieza mirando con el catalejo, como 'Manhattan', planos generales, y luego pasamos al Magistral paseando por las naves de la Catedral, como 'Sed de mal', donde ves unas manos que preparan una bomba, un coche que entra en la ciudad y explota. Clarín muestra al Magistral cruzándose con la Regenta sin reconocerla, y de pronto se entera de que será su confesor: la bomba. Un plano secuencia. Y después, un flashback de Ana pensando en sus pecados. Clarín habría sido un gran director, una mezcla entre Hitchcock y Bergman. Incluía escenas de suspense, dejando al lector esperando a ver qué pasa".

Madame Bovary aguarda.

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