02 de noviembre de 2019
02.11.2019

Goteo de familias y "flores a tope" en el cementerio del Salvador pese a la lluvia

Los chaparrones intermitentes evitaron que la gente se demorara ante las tumbas y la subida a San Esteban registró leves retenciones de tráfico

02.11.2019 | 01:23

Elena FERNÁNDEZ-PELLO

El cementerio del Salvador, en el alto de San Esteban, tenía ayer al mediodía un aspecto desolado. En unos minutos se había desatado un chaparrón y la gente había buscado refugio bajo la entrada y en la capilla, en la que a esa hora se celebraba una misa de difuntos. Apenas quedaba gente por las avenidas del camposanto. María Luisa Vázquez era de las pocas personas que seguían a lo suyo bajo el paraguas. "A pesar del mal tiempo y la lluvia hay que venir, no se pueden olvidar", dijo con convencimiento mientras preparaba unas flores. En el cementerio del Salvador reposan sus padres, su marido, dos hermanos, un cuñado y un sobrino. Aunque el trago de Todos los Santos se le hace difícil, vuelve cada año. El tributo que rinde a sus muertos es sencillo: "Flores a tope y limpiar; ahora pago para que lo hagan".

Como ella, muchos ovetenses se acercaron ayer a adecentar y visitar las tumbas y los nichos de familiares y personas queridas. La lluvia incomodó durante toda la jornada, especialmente al mediodía, a ráfagas intermitentes, así que, aunque el goteo de gente fue continuo, y similar al de otros años, según contaron los agentes de la Policía Local encargados de organizar el tráfico y los taxistas, en el interior del cementerio parecía haber mucha menos gente.

No hubo grandes retenciones pero en las horas centrales de la mañana el tráfico de ascenso al Salvador por la avenida de San Lázaro se hizo lento, con algunas paradas obligadas por la caravana.

"Antes venía por la mañana, me sentaba en la sepultura y marchaba de noche, ni comía ni nada, y no arregle nada", se lamentaba María Luisa Vázquez ante un bloque de nichos. "Este es un día muy malo, pero ya ve, hay que llevarlo", se resignaba.

Más allá, en la zona de los sepulcros próxima a la capilla, Elisa Martínez cumplía con la tradición de Todos los Santos acompañada de su hermano. Parte de la familia, con la que suelen acudir al cementerio en este día, no pudo ir este año por culpa de gripes y catarros. Elisa Martínez confirma que "la fecha es muy tristona", aún más en un día como el de ayer, gris y lluvioso, pero no está dispuesta a que sus padres, su abuelo y sus tías, que descansan en el cementerio ovetense, caigan en el olvido mientras ella pueda evitarlo. "Nosotros venimos siempre, por ellos; por ellos lo que sea, ¿cómo no lo vamos a hacer si son los padres?", se explicó.

Bajo la lluvia, con pequeños y dispersos grupos de gente en los pasillos de los nichos y entre los sepulcros, el cementerio del Salvador mostró durante toda la mañana su aspecto más melancólico, a pesar de que no faltaban ramos ni coronas de flores. El mal tiempo alejó a los niños, a los que en otras ocasiones no es raro ver con sus padres; impidió que se formaran corrillos en torno a las tumbas, como suele ser habitual en esta festividad; los bancos de la avenida de entrada permanecieron vacíos y no hubo megafonía para que la misa de Difuntos fuera seguida desde el exterior de la capilla, y resultó no ser necesaria, porque nadie podría permanecer atento a la liturgia bajo el aguacero.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Noticias relacionadas

Lo último Lo más leído