09 de noviembre de 2019
09.11.2019

Contreras, un ángel en el infierno del 11-S

"Yo estaba en el interior de la Torre Sur cuando se estrelló el segundo avión", relata en Oviedo el paramédico de origen español

09.11.2019 | 00:58
Contreras, un ángel en el infierno del 11-S

El 11 de septiembre del año 2001 George Contreras estaba trabajando de paramédico en un hospital situado a sólo tres manzanas de las Torres Gemelas y fue de los primeros sanitarios que llegaron al World Trade Center después del impacto del primer avión. Este neoyorquino, de padres ecuatorianos y raíces burgalesas, se encontraba atendiendo a los heridos en la recepción de la Torre Sur cuando los yihadistas estrellaron el segundo aparato entre las plantas 77 y 85 del rascacielos. "Hubo una explosión tremenda y todos nos caímos al suelo. Antes estábamos viendo que la primera torre estaba en llamas y a la gente arrojarse al vacío, pero no sabíamos si se trataba de un accidente. Después del segundo impacto todo el mundo tenía claro que se trataba de un ataque terrorista", explica Contreras, que ayer estuvo en Oviedo para tomar parte en el I Congreso nacional de humanización del transporte sanitario, un evento organizado por la empresa concesionaria de las ambulancias en Asturias (Transinsa) que comenzó ayer y que reunirá en la capital del Principado a más de 250 profesionales del sector sanitario, sociosanitario y servicios de emergencias hasta el mediodía de hoy.

George Contreras, que ahora es subdirector del Centro de Medicina en Desastres de Nueva York y profesor en New York Medical College, fue el encargado de ofrecer la ponencia "Paramédicos: otra visión de la humanización desde el corazón del 11-S". Después de la charla también se prestó a relatar para este diario su experiencia durante el ataque terrorista. "Fue un día muy duro. Murieron más de tres mil personas y entre ellas algunos amigos. El compañero que acudió conmigo en la ambulancia al World Trade Center, con el que trabajaba a diario, fue uno de los que perdió la vida. Él se fue a una parte del edificio y yo a otra. Tuve suerte porque podía haber sido yo", explica. "Las imágenes que vimos aquel día y durante las jornadas posteriores no se olvidan jamás. Yo estuve 18 meses en tratamiento a consecuencia del estrés postraumático y de una depresión. Por suerte he podido superar eso y ahora trato de ayudar a los jóvenes profesionales que empiezan en este mundo para que sepan encajar de la mejor manera posible las tragedias con las que se enfrentan. Por eso estoy aquí en Oviedo", añade.

Compañeros muertos

A pesar de la magnitud del atentado, George Contreras asegura que no hubo muchos heridos. "Es triste, pero se puede decir que ójala hubiese habido más", asegura. "La mayoría de las personas que se encontraban en las plantas cuando chocaron los aviones o en el interior de los edificios cuando se vinieron abajo acabaron muertas. Había gente con quemaduras y bastantes con fracturas a consecuencia de los escombros o de las caídas al tratar de escapar, pero la mayoría de las personas que llegaban a los hospitales cercanos lo hacían con la intención de buscar refugio. Estaban muertos de miedo y totalmente desconcertados", explica. "Aquel día la muerte se apoderó de Nueva York. Fallecieron inocentes, bomberos, policías... También murieron ocho colegas sanitarios, compañeros de trabajo que estaban ese día de servicio igual que yo. Fue un horror", añade.

El trabajo de George Contreras no se terminó el propio 11 de septiembre del 2001. Ni mucho menos. "Durante muchas jornadas posteriores ni siquiera pasaba por el hospital, iba directamente a la Zona Cero. Tratábamos de ayudar y también de buscar a nuestros compañeros, que en esos momentos aún estaban desaparecidos. Pero no tuvimos ninguna alegría", dice el sanitario neoyorquino. "Hay que darse cuenta de que los sanitarios somos personas como las demás y que nos cuesta afrontar que alguien con el que has estado hace sólo unos minutos pierda la vida de repente", dice. "Por eso cuando hablo con los jóvenes que empiezan siempre les digo que pidan ayuda si se sienten estresados después de haber vivido un episodio fuerte. Hay personas que no lo hicieron y acabaron suicidándose", señala George Contreras, que también estuvo en el dispositivo de emergencia en el atentado que tuvo lugar en el World Trade Center el 26 de febrero de 1993, un ataque en el que seis personas perdieron la vida -una de ellas una mujer embarazada- y más de 1.000 resultaron heridas. "Esos terroristas eran más novatos. Aunque también causaron mucho daño", asegura.

Contreras sólo saca una parte positiva de los atentados del 11-S. "Hemos aprendido a mejorar los sistemas de emergencia. Ese día faltó coordinación. Los helicópteros que estaban en el aire tenían mejor perspectiva de lo que estaba ocurriendo, pero no podían ponerse en contacto con los que estábamos dentro de los edificios. La coordinación en las catástrofes es algo fundamental", subraya.

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