09 de noviembre de 2019
09.11.2019

Una OFIL de fuerza y coraje

El Auditorio ovaciona al tándem Carneiro-Widmann, con la directora y la violinista dejándose la piel en Prokófiev

09.11.2019 | 00:57

Oviedo Filarmonía (OFIL) ofreció ayer un programa lleno de fuerza y coraje de la mano de tres mujeres protagonistas, esforzadas y viscerales cuando hizo falta. La directora Joana Carneiro y la violinista Carolin Widmann se dejaron la piel con Prokófiev ante un público entregado, en la segunda parte del programa, y la interpretación de una composición de la asturiana Raquel Rodríguez redondeó la noche, en el arranque del concierto.

Carneiro mostró desde el principio que el podio se le quedaba pequeño para marcar cada uno de los matices, enfatizar los cambios de color entre un tema y otro y entregarse, en energía y expresión, desde el minuto uno. Lo hizo ya con "Connection to Mars", la composición de la ovetense Raquel Rodríguez, que salió a saludar al acabar la interpretación. Y no importó que fuera una composición solo para cuerda. Carneiro salió crecida y así siguió, marcando con personalidad pero con detalle y precisión cada uno de los cambios en esta composición tan colorista y llena de ritmos de Rodríguez.

Oviedo Filarmonía, ya al completo, prosiguió la velada con la "Sinfonía número 6, 'Pastoral' ", de Beethoven, con esta curiosa organización del programa a la que la orquesta ovetense está acostumbrando al público, reservando al solista para la segunda parte y adelantando el pasaje sinfónico, al revés de lo que suele ser habitual.

La OFIL respondió bastante bien a Beethoven, con Carneiro llevando la "Pastoral" por la misma línea con la que había iniciado el concierto: inflexiones muy marcadas, fraseo cuidado y, en fin, una versión muy ágil.

La segunda parte, como había sucedido en el caso de Lucas Macías, dio paso a la solista de la noche. La aparición de Carolin Widmann vino a inyectar todavía más energía a la OFIL de Carneiro. La alemana, con un sonido muy puro, muy rico, y un hermoso instrumento, un "Guadagnini", afrontó el "Concierto número dos para violín y orquesta" de Prokófiev con garra.

Brilló de forma especial el final del concierto, con mucho carácter, fuerza y una interpretación visceral en la que la directora también se volcó, un Prokófiev duro elevado a la máxima potencia. La energía contagió al público, que respondió con una ovación tanta entrega.

Widmann, pese al empeño y a ese dejarse la piel, fue también clara en todos los pasajes, en especial en aquellos que requieren mayor habilidad, sin problemas de pronunciación, sin esconder nada en ninguna nota.

Antes de ese final apoteósico, la violinista alemana había ofrecido todo lo contrario en el segundo movimiento: una versión muy cantable, de carácter comedido y una hermosa expresividad, con idéntico cuidado en el fraseo. De propina, se despidió del Auditorio con el movimiento de una "fantasía" de Telemann para violín solo.

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