12 de diciembre de 2019
12.12.2019

Aparicio: "Es mentira lo que nos enseñaron, el Cid no era el bueno y Castilla era terrible"

El escritor arremete en la Cátedra Alarcos contra lo "castiespañol" y ensalza la oportunidad perdida del Reino de León, cuna del parlamentarismo

12.12.2019 | 01:15

El escritor leonés Juan Pedro Aparicio charló ayer en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo de la mano de la profesora Carmen Alfonso ("mi lazarillo", ironizó) en un recorrido por el origen de lo "castiespañol", esa idea de la identificación de España con Castilla (y la negación de toda la diversidad restante) que el autor ya combatió en su libro "Nuestro desamor a España", que recibió el Premio Internacional de Ensayo "Jovellanos" en 2016.

Ayer, invitado por la Cátedra Alarcos, la charla se presentaba como "Literatura y desamor", aunque Aparicio se entretuvo, en especial, en analizar el tránsito del Reino de León al Reino de Castilla, en hablar de monarcas como Alfonso VI, en explicar que allí nació, antes que en Inglaterra, el parlamentarismo y en dibujar la idea de otra España posible que la historia fracasó y la historiografía enterró.

El origen de su ensayo, contó Aparicio, tuvo lugar mucho antes de darle forma definitiva. Era un asunto al que había dado muchas vueltas después de ver que en la España de las autonomías no había León. "No la vieron, la región leonesa, y a mí me pareció que aquello, lo de las autonomías, era como una gamberrada". Aparicio admitió que no fue un buen estudiante, pero que en aulas como en la que ayer pronunció su charla (estudió Derecho en Oviedo) empezó a conocer la Edad Media de mano de maestros como Prieto Bances o Ignacio de la Concha. Mucho después, cuando le pidieron que fuera comisario del 1.1000 aniversario del Reino de León, descubrió a un autor clave en sus reflexiones, Julio González, un hombre, contó ayer, "ajeno a la academia, una academia dominada por los castiespañoles".

De las visiones de González sobre los Reinos de León llegó Aparicio a ideas como la que ilustró con el Tímpano del Cordero de San Isidoro de León. Lo que allí para John Williams es la representación de León y la cruzada, explicó, representa justo lo opuesto. Las figuras de Ismael y Agar son, en realidad, reflejo de esa posibilidad de un rey mestizo que se dio en la figura de Sancho Alfónsez (c. 1094-1108), hijo de Alfonso VI y la reina mora Zaida (Isabel, una vez convertida al cristianismo). Esa corte, detalló Aparicio, era muy distinta a "la que nos han contado". "Lo que nos enseñaron era mentira, porque el Cid no era el bueno. Alfonso VI, cuando toma Toledo, en realidad no toma nada, no hay conquista, se la entregan, y con condiciones, como la de respetar la mezquita o darle un fuero a los musulmanes". A ese Reino de León, mezclado, respetuoso, cuna del parlamentarismo como señalaron, fuera de España, autores como John Keane, opuso Aparicido a unos franceses "que en ese tiempo estaban mucho más atrasados en lo que podemos llamar bienestar humano, ya que no se puede hablar de democracia; pero ellos eran vikingos y nosotros teníamos los concejos abiertos". Y también a un papado y una Castilla "terribles". "Eran gente de conquista, de botín, y de cruzada, que fue una de las empresas más crueles de la historia". Era, resumió, una lucha de clases. Castilla era la nobleza y León, el pueblo, como resume la jura de Santa Gadea. "En la actualidad", concluyó con sorna, "resulta que el fuero de León inspira el de Logroño y éste todos los fueros vascos, pero ellos hoy tienen fuero, y nosotros, ni autonomía".

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Lo último Lo más leído