Fermín Canella, una vida plagada de historias
El rector de la Universidad, senador y cronista de Asturias tenía fama de duro con los alumnos de Derecho, aunque también destacaba por su sentido del humor

Fermín Canella. / LNE
Pedro RODRÍGUEZ CORTÉS | CRONISTA DEL CENTRO ASTURIANO
La vida de Fermín Canella Secades, rector de la Universidad de Oviedo, senador y cronista de Asturias, está salpicada de anécdotas relacionadas con su profundo sentido del humor. Tampoco faltan páginas negras, como la carta que envió a Posada Herrera en septiembre de 1869: "Estimado amigo. Te participo que hoy he recibido la quinta paga de cesante, o lo que es lo mismo, ayuno perpetuo y inanición a la vuelta. Sin embargo, la salud no se resiente y hay resignación para esperar una solución decorosa a mi situación, en la que a la vez resulta más la justicia. Sólo deseo saber si llegará. Tu afectuoso amigo".
En cierta ocasión, Canella fue invitado por una universidad alemana y entre los actos programados en su honor figuraba la asistencia a una función de circo. Don Fermín estaba en la primera fila en compañía de otras autoridades académicas. Después de finalizar la actuación del trapecista, éste se dirigió a él y en español le dijo con acento asturiano: "¿Qué, don Fermín, gustoye?" La sorpresa de Canella se puede imaginar.
Sebastián Miranda, reconocido escultor ovetense, narra varias anécdotas como alumno de Derecho Civil con Canella de profesor, con el que tuvo varios desencuentros. De Canella se contaban las cosas más peregrinas y arbitrarias, como la ocurrida a Adolfo Posada que le recomendó a un sobrino: "No te preocupes; que vaya tranquilo. Aunque no hable una palabra lo aprobaré". Lo cierto es que llegó el día del examen y suspendió. Seriamente enojado, don Adolfo fue a ver a don Fermín. "¿No me habías dicho que aunque no hablase una palabra lo aprobarías?" "En efecto es verdad", respondió Canella, "pero lo malo es que habló".
Canella era un enamorado de Colunga donde veraneaba desde el mes de julio hasta San Mateo, en septiembre. Tenía su centro de operaciones en Villalegre, en una casa de veraneo que había bautizado como "La Quintana". Se bañaba diariamente en "La Peña el Queso". Canella era muy bromista y su sentido del humor era su cualidad más valorada. Conocía a todos los pescadores de Lastres y todas las tardes se tomaba sus culines de sidra, casi siempre en compañía de su amigo Ramascón.
Una vez Ramascón se presentó en casa de Canella para exponerle un pequeño problema. Al parecer, en el cementerio, en la cabecera de la sepultura de su esposa, había crecido una mata de patatas. Fermín le respondió: "Eso es muy grave Ramascón, vamos a ver qué dice Justiniano al respecto". Y dirigiéndose a uno de los estantes de la biblioteca tomó un libro y disimulando su lectura dice: "Aquí está chacho, es culpa del cura. Eso está bien claro". Ramascón se quitó la boina, la retorció y rugiendo dijo: "Para luego es tarde". Y salió como una centella. Canella llegó a temer que hiciera una barbaridad, salió al balcón y llamó a Ramascón para que volviera de inmediato. Subió éste al despacho y don Fermín le dice: "Oye que hay que puntualizar un extremo importante, tráeme el libro 'Los extravagantes' de Juan XII, ése libro de pergamino qué está allí en la estantería". Lo abrió don Fermín y dijo: "Vamos a ver Ramascón ¿las patatas son esas de manteca o las moradas de riñón? "Son las de riñón, eso selo yo", respondió Ramascón. "Vaya por Dios", dijo Canella. "Entonces no puedes hacer nada, aquí dice que si las patatas fueran de riñón el cura no tiene la culpa porque han nacido solas ¿Lo comprendes ahora Ramascón?". El cura había salvado la vida...
Un alumno de don Fermín Canella en la víspera del examen le regaló un primoroso dibujo que no alteró la decisión de Canella, que le suspendió al tiempo que le decía: "Tu pintas bien, pero toma el suspenso".
El alumno imploró benevolencia para el examen de septiembre y don Fermín conmovido, en cierta manera, por dedicarle un dibujo y la humildad y modestia del alumno, le recomendó para el examen de septiembre se dedicara exclusivamente a estudiar la primera lección de la asignatura.
Llegó el día del examen para el recomendado de don Fermín y éste, ante el tribunal, alardeó de que el alumno era un excelente estudiante que conocía la asignatura de cabo a rabo. Don Fermín para ahorrar tiempo al tribunal sugirió "al azar" que desarrollase, por ejemplo, la primera lección de la asignatura. Y empieza el alumno a recitar de memoria el prólogo del texto de la misma ante el estupor de los miembros del tribunal y el cabreo monumental de don Fermín...
Finalmente, cabe citar otra anécdota cuando Canella estaba pintando una portilla en su casa de veraneo. Un vecino llamado Ramonín se acercó y le regañó por realizar aquel trabajo una persona tan distinguida, como cronista de Asturias, rector de la Universidad y senador. Canella respondió a su vecino: "Ya ves Ramonín, cuando un senador está pintando una portilla, como andará el Senado".
Suscríbete para seguir leyendo
- Muere un hombre de 49 años tras sufrir una indisposición en la calle Uría de Oviedo
- El bar de ambiente universitario en Oviedo que hacía 500 pinchos cada día: 'Los estudiantes apuntaban en una libreta lo que debían y a final de mes pagaban; valía la palabra
- El bar más antiguo de Oviedo, abierto desde los felices años veinte, 'no cierra ni por vacaciones
- Revuelo en Oviedo por un amplio operativo policial: 'Trajeron hasta a los perros
- Cambios en el transporte urbano de Oviedo: los perros, los gatos y otras mascotas podrán viajar en los autobuses
- El renacer de un histórico restaurante oriental de Oviedo: el legado de Angelín Zhan vuelve a la cocina
- Los dueños de mascotas ven excesivas las exigencias para que sus animales viajen en el autobús urbano de Oviedo
- El barrio de Oviedo que estrenará dos nuevas calles en los próximos días: se mejora la conexión con el centro de salud