Pedro Álvarez de Benito, descendiente de una conocida dinastía ovetense de joyeros, falleció el martes por la noche, a los 76 años, en el Hospital San Agustín de Avilés, debido al empeoramiento del párkinson degenerativo que sufría. Era el primero de los ocho hijos de Pedro Álvarez Miranda, a su vez primogénito de Pedro Álvarez del Río, el fundador de la joyería Pedro Álvarez, durante muchos años la más reconocida de Oviedo y con renombre en toda España.

"Formaba parte de la tercera generación. Era un profesional buenísimo, artista y creativo de primer orden. Hasta esculpía", explicaba ayer afligido su hermano Carlos, también joyero y la persona que restauró las reliquias de la Cámara Santa tras el expolio de la Catedral en 1977. Padre de dos hijas, Alejandra y Patricia, Pedro deja sumida en el dolor a una extensa familia y a multitud de amigos y colegas del gremio, que tendrán que esperar un tiempo para organizar un funeral debido a las actuales restricciones por el coronavirus. "Mi hermano era el alma de la joyería una vez que falleció mi padre. Esperamos honrarle como se merece más adelante", comentó a LA NUEVA ESPAÑA Carmen, una de sus hermanas.

Álvarez de Benito siguió la tradición familiar tras estudiar en los Maristas, en el Instituto Alfonso II y Peritaje Industrial en La Rioja. Trabajó codo a codo con su padre en la famosa joyería Pedro Álvarez de la calle Uría, número 4, justo frente a la placa del carbayón, aunque el primer establecimiento familiar lo había abierto en 1885 su abuelo, Pedro Álvarez Sanjurjo, en el casco antiguo. Al tercer Pedro de la familia le fueron haciendo encargos y durante un tiempo viajó regularmente a Madrid para relacionarse con los joyeros más importantes del país, además de trabajar en la sucursal que la joyería tenía en Avilés. Luego, con el paso de los años, montó su propia joyería en la calle Matemático Pedrayes -hoy ya cerrada- y se jubiló.

"Era una persona muy entusiasta y activa, que también formó parte, entre otras asociaciones o agrupaciones, de Creasmoda, donde organizó multitud de exposiciones y actividades artísticas junto a profesionales de la talla de los Quirós", explicó su hermana.

Los hermanos de Pedro Álvarez Benito son una fuente inagotable de anécdotas y detalles sobre su forma de ser. Por ejemplo, su amor por la escultura. "Dibujaba y esculpía muy bien. Hasta tal punto, que hacía esculturas de tiza en el instituto con ayuda de un bolígrafo o un palillo. Es más, me consta que hay compañeros de aquella época que las guardan. Hizo muchas cabezas de faraón que supongo que estén en algún que otro armario o estantería de Oviedo", narró ayer Carlos.

El buen hacer de Pedro quedó patente en buena parte de su trayectoria profesional. Basta reseñar que una patente italiana de incrustación de plata en cristal y porcelana le ofreció hacerse cargo de la fábrica que tenía en Madrid. Él fue a la capital, aprendió cómo funcionaba y evaluó que era interesante traerla a Asturias. La sociedad creó Cristal Cerámica Alba y construyó un edificio en Cayés (Llanera).