22 de marzo de 2020
22.03.2020

Oviedo despide a Ezequiel Fernández, guía espiritual de miles de asturianos

El que fuera director espiritual del Seminario y consiliario de los cursillos de cristiandad falleció en la Casa Sacerdotal de la ciudad, donde vivía

22.03.2020 | 00:50
Ezequiel Fernández, en una imagen de 2013.

El que fuera durante décadas director espiritual del Seminario de Oviedo, Ezequiel Fernández Fernández, fallecido el pasado viernes, recibió ayer sepultura en la más estricta intimidad debido a las medidas exigidas por la alerta sanitaria. Pero, a pesar de la discreción de su sepelio, su muerte no ha pasado desapercibida porque el fallecido fue durante décadas guía espiritual de varias generaciones de asturianos.

Nacido en La Foz de Morcín, en 1927, su vida, en un principio, parecía que iba a ir por otros derroteros: estaba estudiando Ingeniería en Madrid cuando encontró su vocación de sacerdote. Se ordenó en 1957 y, desde ese momento, empezó su vínculo con el Seminario, donde entró como profesor de Matemáticas, dada su facilidad para las ciencias. Tras un tiempo como director espiritual en Covadonga, en 1960 fue nombrado director espiritual del Seminario, una labor que desempeñó hasta 2010.

El actual rector del Seminario, Sergio Martínez Mendaro, lo recuerda como "una persona alegre, discreta, de oración, que dormía poco y estaba mucho tiempo en la capilla, y que siempre tenía buenas palabras cuando te encontraba". Ezequiel Fernández es, según el rector, "la referencia de todos los sacerdotes, habiendo estado tantos años de director espiritual del Seminario, todos los sacerdotes que salimos de Asturias lo tenemos a él como referencia".

Otra faceta importante de Ezequiel Fernández fue la de consiliario de los cursillos de cristiandad, un movimiento que comenzó a finales de los años cincuenta y que, desde entonces, ha tenido mucha aceptación. Hasta este mismo año se han celebrado más de 500 cursillos, por los que han pasado 12.905 personas.

Uno de esos cursillistas fue el actual presidente de Cruz Roja, el mierense José María Lana, que acabó entablando amistad con él. "Cuando yo llegué, él ya estaba allí, y todo el mundo decía que era un santo, porque por las noches apenas dormía, se pasaba la mitad de la noche en la capilla, era un hombre muy austero, muchísimas veces solo comía al mediodía, la mayoría ni desayunaba ni cenaba", explica.

Lana asegura que Ezequiel Fernández "tenía una misión fundamental en la vida, que era acercar las personas a Dios, evangelizar siempre, sin importarle mucho las demás cosas".

Además, "no le daba valor al dinero" y "vivía para que la gente conociese a Dios y estuviese lo más cerca posible, como hacía él. Vivía sola y únicamente para rezar. Se pasaba horas y horas en la capilla".

El actual director de la Casa Sacerdotal de Oviedo, José Antonio González Montoto, asegura que la gente que iba a los cursillos "lo querían todos como a un padre, porque era un hombre muy austero y muy exigente consigo mismo, y muy tranquilo, muy dulce y muy comprensivo con los fallos de los demás".

Destaca que en el Seminario se levantaba sobre las cinco de la mañana, hacía una hora de gimnasia en su habitación y se iba a la capilla, donde estaba un par de horas. Esa faceta de deportista, de persona siempre en forma, la destaca también Lana, que recuerda que en una ocasión fueron un grupo desde Covadonga a los Lagos caminando, y cada uno llevaba parte de la comida en su mochila. "Él caminaba más que nadie, por la mañana marchó por la carretera para arriba y no lo volvieron a ver hasta que bajó por la tarde. Comió la tortilla sin pan y ellos el pan sin la tortilla". Lana recuerda, asimismo, que se duchaba siempre con agua fría y tenía una salud de hierro.

Sus últimos años los pasó en la Casa Sacerdotal, donde su salud se fue deteriorando hasta su fallecimiento. "Pero hasta el último momento estuvo muy lúcido, y cantaba mucho, siempre fue una persona muy cantarina", asegura Montoto.

El párroco de San Pedro de Gijón, Javier Gómez Cuesta, dijo que "vivía más en el otro mundo que en este, y hablaba más del otro mundo que de este; como los místicos, tenía más experiencia de allá que de acá; él solo se dedicaba a lo religioso, era muy espiritual". El sacerdote destacó su gran trabajo en las dos facetas que le ocuparon durante décadas, la de director espiritual y la de consiliario de los cursillos que sirvieron a miles de personas.

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