05 de abril de 2020
05.04.2020
La Nueva España
Visiones De Ciudad

Gris claro, casi blanco

Oviedo, la ciudad que dejó atrás la oscuridad

05.04.2020 | 00:42

Dejé Oviedo, mi ciudad natal, en 1992 para trabajar dando clases en una capital de provincia de una comunidad vecina. Me fui con 28 recién cumplidos y 23 años después regresé para quedarme. A pesar de la distancia, nunca he perdido el contacto con mi gente y mi ciudad.

Recuerdo que mientras era estudiante, un día un profesor nos preguntó por el color que le otorgaríamos al pueblo o a la ciudad donde vivíamos. No se me olvidará lo que me costó aquel ejercicio de introspección, pues se trataba de mirar desde fuera algo totalmente interiorizado; algo que contemplaba todos los días debía ser mirado con los ojos del que lo ve por primera vez. El color que yo le otorgué a Oviedo fue un gris muy claro, casi blanco. Las casi constantes nieblas que se alternaban con los días pasados por agua, de orbayu y lluvia, el reflejo de la luz sobre el asfalto mojado. Ahora, después de tanto tiempo, veo a esta ciudad algo más luminosa y los días de sol, cielos azules y limpios son más numerosos, pero aún existen los amaneceres entre nubes y orbayu que garantizan el grado de humedad para el verdor de nuestra hermosa tierra. Recuerdo con cariño el día que una de mis compañeras en mi nuevo lugar de trabajo me preguntó si echaba de menos el mar ya que ahora vivía tan lejos de él. No era el mar lo que yo anhelaba, mi respuesta se refirió al verde de los prados y las montañas, aquel luminoso y alegre verde que estando fuera tanto eché de menos.

Para poder intentar definir el carácter de Oviedo, me gustaría hacer una comparación metafórica entre las dos ciudades en las que viví y los respectivos centros en los que trabajé y trabajo como docente, pues creo que son fiel reflejo de la vida y actitud de sus gentes. En los dos cursos que pude trabajar en Oviedo, antes de tener que marcharme, la actividad docente así como el compromiso y la presencia del centro de trabajo en la Provincia era de alto nivel; al tener que irme a otra ciudad, la nueva actividad docente supuso una frenada en seco, pues esta era la mínima y el compromiso del centro con la ciudad, inexistente. Ahora que he regresado a Oviedo, a mi antiguo puesto de trabajo, y tras 23 años, he podido comprobar que no solo no se ha perdido el nivel de exigencia docente, sino que además el compromiso con la ciudad y la provincia es aún mayor que antes. Es esta actitud, esta energía que dedicamos todos y cada uno de los asturianos para ir hacia adelante, para avanzar, poniendo con nuestro esfuerzo, entusiasmo y amor en nuestro trabajo; esto es algo que forma parte de nuestro temperamento.

El silencio

En los años que viví fuera, recuerdo que era aquella una ciudad de personas mayores, infancia y adolescencia pues existía un tremendo hueco en el rango de edades comprendidas entre los 25 y los 50. La ausencia de ese importante grupo de edades que constituye el grupo de los adultos hacía de aquella ciudad un lugar silencioso, con una actividad relajada, casi laxa de día, y de noche, los fines de semana, se transformaba en una ciudad gritona y desenfrenada pues en ella solo se movían adolescentes y jóvenes universitarios. Por el contrario, cuando regresaba de visita a Oviedo recuerdo que realmente me sorprendía muy positivamente contemplar la gran diferencia de grupos de edades que te podías encontrar a lo largo del día y dependiendo de los lugares que visitaras.

En estos últimos años, desde que he vuelto a Asturias, escucho a la gente joven, la que ya terminó sus estudios y está preparada para constituir el grupo de adultos, el importante grupo social que construye, trabaja y genera empleo, ya comienzan a pensar en marcharse de la región pues es, cuando necesitan incorporarse al mercado de trabajo, al empleo y a la actividad económica, cuando se dan cuenta de las pocas ofertas que aquí se les ofrecen y creo que es importantísimo evitar que esto suceda. Cuando se habla de la España vaciada, también se refieren a las pequeñas ciudades como Oviedo.

En España, las regiones más afectadas por la despoblación son Castilla y León pues casi el 88% de los municipios de la comunidad tenían en 2018 menos población que la que registraban en 1998. Tras esta comunidad, Asturias, Extremadura y Aragón son los territorios en los que un porcentaje más alto de municipios han visto mermada su población. A Oviedo la crisis de 2008 le ha dejado su rastro y son cientos los locales cerrados que se ven por todas sus calles, desde las más céntricas y comerciales hasta las que recorren el extrarradio.

En Asturias, en general, las propuestas de actividades culturales y de ocio son muy abundantes y de lo más variado, en gran parte, gracias a las programadas desde otros ayuntamientos. En Oviedo tenemos los museos, la Universidad, los premios "Princesa de Asturias", la Ópera... Pero aún necesitamos más propuestas culturales que mejoren la calidad de nuestro turismo, además de ayudar a fijar la población adulta, pues son actividades enriquecedoras que generan muchos puestos de trabajo.

Espacios verdes

La ciudad de Oviedo, durante los 23 años que he estado fuera, fue creciendo y a la vez que lo hacía extendiendo su reino de ladrillo y asfalto, y gracias a una inteligente gestión fue ampliando y creando áreas verdes por toda su extensión. Grandes parques como el Purificación Tomás y la pista finlandesa en el Naranco; el Parque de Invierno, el Parque del Oeste y muchos otros que se despliegan generosos para la ciudadanía, pues son lugares de encuentro y disfrute de la naturaleza sin abandonar la ciudad.

Desde mi regreso, he vuelto a compartir la vida con mis amistades y disfrutamos del placer de caminar por las zonas verdes y alrededores de Oviedo, disfrutando de sus hermosos paisajes y la gran variedad de matices que la climatología de la región nos ofrece. Gracias a la aparición de las redes sociales existe, para bien de todos los ovetenses, una página de Facebook llamada "Manos por el Naranco" que agrupa a la ciudadanía que es consciente y se preocupa por mantener limpio y cuidado al gran tesoro de la ciudad: el monte Naranco, pues es un gran pulmón verde y un entorno maravilloso que alberga dos joyas del Arte Prerrománico asturiano, además de algunos pequeños reductos de bosque autóctono que aún nos quedan y que sería tan necesario proteger. Desde esta agrupación ciudadana ya se han hecho reforestaciones de árboles autóctonos y sería genial que se siguieran haciendo con la participación de todos.

Oviedo, como su gente, es cálida, elegante y acogedora. Por su tamaño, aún no llegó a perder su carácter de ciudad abarcable, que invita al paseo y facilita la convivencia.

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