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Camín Real

Epidemias en Las Regueras

El "mal de la rosa" se cebó en el concejo en el siglo XVIII y también hizo estragos la gripe de 1918, con un centenar de vecinos fallecidos

Un entierro de los de antes.

Un entierro de los de antes. JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ VILLANUEVA

Una de las enfermedades que se desarrollaron ampliamente en el concejo fue la pelagra o "mal de la rosa". Esta enfermedad se producía por una avitaminosis, una insuficiencia vitamínica múltiple, especialmente del grupo B2. Sus síntomas eran trastornos mentales, dermatitis y diarreas. La persona afectada presentaba una franja rosácea a modo de collar en las regiones inferiores cervicales.

El doctor Casal nos da una relación de las localidades afectadas por la pelagra o "mal de la rosa" en el siglo XVIII. Parece ser que esta enfermedad afectaba, casi en exclusiva, a los concejos de Las Regueras, Llanera, Corvera y Carreño. Fue tal el número de afectados que se le conoció también por "Lepra asturiensis".

Fue una enfermedad temida. La mayor parte de los afectados se trasladaban a las malaterías, como los leprosos. Todavía en 1925 advertía un campesino de Llanera, Antón de Piedra, de Villanueva, a sus nietos: "Cuidado con lo orbayau. Non mojéis las manos ni los pies, que podéis coger el mal de la rosa". En Las Regueras hubo probablemente una malatería en Rañeces. En el CME figura el topónimo "La Malata" referente a una finca de tres días de bueyes, sita en la ería de Rato, propiedad del monasterio de Santa Clara de Oviedo. De hecho, las malaterías se encontraban bastante cerca del Camino de Santiago y un poco alejadas, al mismo tiempo, del resto de la población, premisas que aquí se cumplen.

Otra epidemia que afectó a Las Regueras fue la del cólera, también conocido por cólera morbo-asiático, ya que procedía de ese continente. A principios de octubre de 1855 llega al concejo esta enfermedad, causando en ese mismo mes 24 afectados. Había empezado a extenderse por Asturias, procedente de Galicia, desde finales de agosto, sembrando el pánico a su paso. Los síntomas de la enfermedad eran fiebres muy altas y severos trastornos gastrointestinales. Los Ayuntamientos habían tomado medidas especiales, sobre todo encaminadas a mejorar la higiene:

"? Prohibición de que los cerdos anden por las calles y arrabales. No orear ropas de cama ni vestidos en las ventanas. Hervir la ropa, no tirar aguas sucias a la calle o caminos, limpiar los caminos y quemar las basuras,.."

También se había pedido a los párrocos que no se tocasen las campanas anunciando las defunciones, ni se hiciese sonar la campanilla en la administración del Viático, para no sembrar el pánico.

Al tiempo, se hacían rogativas, especialmente a San Roque. Aún en el siglo XX, hasta bien entrada la década de los sesenta, cuando todavía era costumbre rezar el rosario en familia, se incluía al final la petición: "A San Roque que nos libre de la peste".

La mayor intensidad de la epidemia se produce en el otoño de 1855, con especial virulencia en los concejos de Las Regueras y Ribera de Arriba. El de Las Regueras manifiesta su impotencia para poner remedio a los estragos que causa la enfermedad entre los más necesitados:

"Atendiendo a que este Ayuntamiento carece de todo fondo con que poder socorrer a los pobres de solemnidad no puedo menos de suplicar a V. S. que destine alguna cantidad si es posible en beneficio de los pobres de este concejo, con el objeto de poder comprar algunas ropas y las medicinas más necesarias y distribuirlas. Si V. S. considera justa mi petición, en ese caso cuento con destinar alguna cantidad en beneficio de los pobres desvalidos que se hallan atacados, y en lo sucesivo puedan serlo". (Archivo General de la Administración del Principado de Asturias, Actas de la Diputación. Expediente 2.900/12, 23 de octubre de 1855. Citado por J. María Moro "Hambre y cólera en Asturias" en BIDEA nº 154).

Se concedieron al concejo 4.000 reales para proporcionar ayudas a las familias pobres afectadas por la terrible enfermedad.

En 1885, una nueva epidemia de cólera acaba con la vida de 180.000 españoles, pero no hay constancia de que haya afectado de manera especial a Les Regueres.

En cambio, la gripe de 1918 sí hizo estragos en Las Regueras. Se le bautizó también con el nombre de "mal de moda". En ese año murieron 160 regueranos y, aunque es difícil precisar cuántos tenían la enfermedad, baste saber que en 1919 fallecieron 76 personas y en 1920 lo hicieron 64. Así que, aproximadamente, cien personas perdieron la vida por esta causa.

Algunas medidas que se tomaron nos recuerdan un poco a las actuales, como "la prohibición de ir a los cementerios, suprimir los espectáculos públicos y las ferias, cerrar las tabernas y los cafés a las diez de la noche, así como los centros públicos de enseñanza. También se determinó que las lavanderas debían aclarar las ropas con agua y sal antes del lavado, que los entierros se llevaran a cabo dos o tres horas después del fallecimiento sin ningún boato". ("La pandemia de gripe de 1918-1919 en territorio asturiano: de padecimiento histórico a enfermedad emergente cien años después" de Luis Vicente Sánchez Fernández, Pedro Arcos González, Rolando Neri Vela y Elisa Hernández Martín).

El número de fallecidos en Asturias alcanzó la cifra oficial de 4.544 personas según el "Anuario Estadístico de España de 1918", cifra con la que no está de acuerdo el investigador Luis Vicente Sánchez en su trabajo "La gripe 1918-1919 en Asturias", que la incrementa a 6.226 asturianos.

Después de ver estos datos y la precariedad de la sanidad de hace 100 años, -el hospital de Oviedo contaba en aquel entonces únicamente con cinco médicos- anima pensar que se pasó por una pandemia peor en cuanto a resultados y ¡salieron adelante!

Nosotros también lo haremos.

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