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Cómo capear una tormenta emocional

La orientadora del Instituto Pérez de Ayala enseña a los alumnos a reconocer las emociones y a lidiar con ellas mediante una breve guía

Cómo capear una tormenta emocional

Cómo capear una tormenta emocional

La orientadora del Instituto Pérez de Ayala, de Ventanielles, Mariaje Rivas Lorenzo, se dio cuenta un día de que, a lo largo del confinamiento provocado por la pandemia del covid-19, se habló mucho del cambio de hábitos, de nuevas pautas del comportamiento y de otros aspectos organizativos del día a día de las familias, y, sin embargo, el aspecto emocional quedaba relegado. Decidió, entonces, crear una pequeña guía para que los alumnos del centro pudieran gestionar sus emociones adecuadamente y pasar la crisis de una forma más saludable.

"La situación ha provocado mucho estrés, y, aunque el confinamiento ahora es menor, se sigue notando. No salimos de repente y se nos quita todo: está el estrés, el miedo al contagio, el miedo a la vida. Se acerca el final, pero aún nos queda mucho", sostiene la psicóloga.

Los servicios de orientación de los centros están presentes en el día a día de los alumnos, "y en esta situación nos ha tocado reinventarnos; el apoyo emocional siempre está, pero había que hacerlo explícito", señala Mariaje Rivas.

Ya en situaciones normales, según afirma, los adolescentes tienen problemas con sus cambios emocionales, "porque están construyendo su personalidad y tienen cambios hormonales y corporales". Con el confinamiento, esto se puede agudizar, porque para ellos los compañeros son su referente, y no están con ellos. Y pueden tener problemas de entendimiento con sus padres.

Para lidiar con todo esto, la orientadora ha publicado en la web del centro educativo un esquema con un mensaje breve con varias claves.

La primera de ellas, reconocer las propias emociones. Es el paso esencial, porque, según asegura, "muchas veces no nos permitimos sentirnos mal, y, en realidad, hay que dejar fluir las emociones, sentirse triste o enfadado; no sirve de nada negar esa emoción y decirse: voy a hacer otra cosa. Si uno no reconoce que está mal, no puede hacer nada". Otra cosa es regodearse en esa emoción, que tampoco se debe hacer.

Es ahí donde aparece la segunda clave: intentar canalizarlas de la forma que mejor le venga a cada uno, contándoselo a los padres o a los amigos, a través de la escritura, la música, el dibujo... de cualquier forma. Es una forma de comunicarse y de no permitir que la emoción se enquiste.

La tercera clave es centrarse en el presente. El futuro es incierto y esta incertidumbre puede causar inquietud. Centrarse en el presente sirve para frenar esta tendencia: pasear, mirar por la ventana, hacer ejercicio, leer, escuchar música... son actividades que relajan y ayudan a llevar mejor el día. También hay que buscar soluciones concretas a problemas concretos, evitar las generalizaciones que abruman.

Finalmente, está el hecho de tomar conciencia de que esta es una situación excepcional y requiere una forma excepcional de afrontar las situaciones. Perdonarse los fallos y comprender que sentirse mal o sentirse raro es normal en el marco de una crisis como esta. Y si todo falla y te ves desbordado, buscar apoyo. La orientadora es una buena muleta para tiempos de crisis.

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