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VISIONES DE CIUDAD

La ciudad del vecino que ahora es turista

Una urbe ultralimpia con un comercio de calidad y una gastronomía envidiable

La ciudad del vecino que ahora es turista

En el año 1974 tuve la suerte de nacer en Oviedo, en un joven edificio de Maternidad? un ya histórico edificio situado entre los barrios de El Cristo y Buenavista. Y en la Vetusta ciudad -tan amada por Leopoldo Alas "Clarín"- viví 31 años hasta que en el año 2005 me trasladé al País Vasco buscando una mejora profesional que ya no podía alcanzar en mi ciudad natal. Mis dos primeros años de vida los pasé en La Corredoria, en una vieja casa ya derribada que estaba al pie de la carretera en solar anexo al almacén de Hidroeléctrica del Cantábrico -actual EDP-. Y de aquellos años, evidentemente, no guardo recuerdo alguno. Posteriormente, y durante 29 largos años, viví al pie de la Ronda Sur, en la última torre blanca paralela a la mayor arteria sur de la ciudad, justo en la frontera entre los barrios de Otero y Santo Domingo. De aquello sí tengo grandes recuerdos.

Antes de entrar de lleno en mi visión de la ciudad, veo la necesidad de contar como era mi bienvenida cibernética, ya en calidad de turista y visitante, cuando de mi voluntario exilio volvía a mi ciudad natal; en Facebook siempre anunciaba a mis contactos mi llegada a la ciudad con una foto de alguna zona destacada acompañada del texto: "En la Capital del Mundo". Aquel fue, en infinidad de ocasiones, mi aviso de llegada y lo que define con mayor claridad lo que significa para mí la ciudad.

Viví diferentes etapas sobre Oviedo, cada una de ellas con su propia atmósfera, y no por los cambios surgidos en la ciudad, que no fueron pocos, más bien por la adulteración de mi percepción al cambiar mi visión de ciudadano por la de turista y visitante.

La primera etapa, la infantil, está asociada a una ciudad abierta a sus habitantes y cerrada a los foráneos? en aquellos años donde el turismo y la estética de la ciudad eran menos importantes. Son recuerdos de una época en la que solo existía un ambulatorio para toda la ciudad, el viejo edificio de la calle La Lila esquina con Caveda, en el cual cada día que tocaba ir a la consulta había que pasar por el mostrador primero, y esperar a que tocara tu número? podías estar tres o cuatro horas esperando. Recuerdos, también, del cinturón férreo (Renfe y Feve) que troceaba la ciudad en partes, aportando límites físicos a la geografía urbana. Recuerdos de la zona recreativa infantil del Paseo del Bombé en el Campo San Francisco, la única que existía para toda la ciudad? ir desde Otero con mis padres a jugar en aquellos columpios y toboganes podía ser considerado, casi, día de excursión. Y para excursiones y comidas campestres lo habitual era subir al Naranco y dominar desde allí toda la ciudad.

También recuerdo la Plaza del Ayuntamiento y la Plaza de la Catedral con tráfico intenso, y atestadas ambas plazas de coches aparcados; las aceras de la calle Magdalena, de asfalto en lugar de baldosa, llena de baches y socavones que lograban que salir a la calle en día de lluvia significara volver manchado y mojado en los tobillos y calzado.

En aquella época, la del esplendor del pequeño o mediano comercio, la apertura del Centro Comercial de la Salesas fue todo un evento, y el lugar se transformó en el gran punto de encuentro de los carbayones; recuerdo gratamente las jornadas en las que iba con mis padres al centro comercial, y el aluvión de gente que recorría todas aquellas plantas de la edificación. También eran los tiempos en los que Oviedo quedaba desierta en el mes de agosto? los recuerdos de una ciudad que le tocó vivir otra época más dura que la actual.

La segunda etapa fue la de mi adolescencia y juventud en la ciudad donde nació la peatonalización, donde se abrieron los brazos al mundo foráneo, donde todos los barrios se llenaron de centros de salud y parques infantiles, donde se dio fin a la frontera física del cinturón férreo, donde se recuperaron fachadas y edificios clásicos, y donde la ciudad se fue llenando de ego y glamour? donde limpiando y maquillando salió a relucir todo su esplendor, su historia, y su alto nivel arquitectónico y cultural. Una ciudad en la que una calle más de paso, como la de cualquier otro barrio y de puro movimiento urbano, se convirtió en todo un Boulevard de la Sidra, la calle Gascona, ejemplo claro de una transformación de siglo XXI. Aquellos años fueron mejores que los anteriores, dependientes de la libertad de poder contar con otras prioridades más ambiciosas.

La tercera etapa nace de mis visitas en calidad de turista por mis años de residencia lejos de la "tierrina", de mi Asturias del alma. La época en la que supe que algo había cambiado porque en el País Vasco me identificaban por mi acento asturiano, y en Asturias me decían que tenía acento "vasco".

La perspectiva cambia por completo cuando se ha dejado de ser habitante para ser turista y visitante, porque el hecho de vivir en otra ciudad moderna y avanzada, además de viajar por el mundo por asuntos de ocio y trabajo, me permitieron abrir el espacio de la comparación. Cada vez que hago una visita a la vetusta ciudad, suelo hacer un "tour" en coche por las zonas principales para ver todo aquello que ha cambiado.

Oviedo, mi ciudad, es una ultra-limpia urbe de gran nivel de peatonalización que ha permitido ir recuperando muchos espacios históricos. Sin olvidar de una gran calidad comercial, un gusto y estilo indudable, una gastronomía totalmente envidiable, y que cuenta con ciudadanos de gran simpatía y talante hacia los foráneos. Una ciudad de la que siempre me he sentido orgulloso, siendo un servidor embajador de todas sus virtudes en las tierras vascas en las que resido. En definitiva, una ciudad cosmopolita.

Para finalizar, cuando hablo del pasado no es que no existieran en la ciudad de Oviedo todas las virtudes actuales, simplemente no era el tiempo ni había medios para ellas.

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