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El brote de La Corredoria empeora la calidad asistencial del centro de salud

Los trabajadores exigen más personal al Sespa: "Nos manifestaremos tras el verano, somos tan pocos que no podemos ni coger la pancarta"

Parte de los trabajadores del centro de salud de La Corredoria, durante la protesta ante el ambulatorio el pasado 26 de junio.

Parte de los trabajadores del centro de salud de La Corredoria, durante la protesta ante el ambulatorio el pasado 26 de junio. LNE

El brote de coronavirus de La Corredoria ha empeorado la ya de por sí maltrecha calidad asistencial del centro de salud de la zona, que espera desde hace más de un año a que el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) les envíe el médico de familia y la enfermera que les había concedido, y que ahora tiene un tercio menos de personal por las vacaciones de verano. Los casos de covid-19 detectados a finales de julio en un bar del barrio, el más populoso de Oviedo con más de 19.000 habitantes, ha desatado el pánico entre los vecinos. A los que acuden por otro problema de salud, se les suman ahora los que temen tener el covid-19 y los que presentan sintomatología. "No podemos más. La situación es insostenible. Hemos protestado periódicamente a las puertas del centro, pero creemos que volveremos a manifestarnos tras el verano porque ahora somos tan pocos que no podemos ni coger la pancarta", explica un miembro del equipo sanitario que prefiere ocultar su nombre.

La escasa plantilla ha detectado también un problema añadido producto de la pandemia y el reciente brote del barrio; la agresividad de algunos pacientes. "Atendemos a más población que antes a todos los niveles, tanto administrativo como asistencial. Y notamos mucho nerviosismo e incluso agresividad con los trabajadores. Los hay que se enfadan hasta por esperar por un formulario o no dar los buenos días. Es desagradable trabajar así y puede ser peligroso", comenta el portavoz de los trabajadores.

El centro de salud atiende a más de 21.500 personas de media (ahora más por el brote de coronavirus, pero deben calcularlo): 18.000 adultos, 3.500 niños y un número variable de usuarios desplazados de otras comunidades. El ejemplo de que el personal es insuficiente está en pediatría, con tres médicos y medio para todos los menores. El término "medio" responde a que hay un profesional compartido con el ambulatorio de Ciudad Naranco. Ahora, el coronavirus ha empeorado la situación en todas las áreas, incluida la de administración, donde los trabajadores atienden consultas y dudas, hacen tarjetas y realizan trámites diversos.

El sistema asistencial ha cambiado por completo al incluir un "pretriaje", es decir, un cribado de la sintomatología de los pacientes más exhaustivo para evitar contagios de covid-19. Cambia el protocolo asistencial de los usuarios susceptibles de padecer coronavirus y añade un triaje más, el respiratorio.

Buena parte del personal del centro de salud de La Corredoria ha asumido nuevas tareas y el trabajo atrasado se acumula. Debido al confinamiento, los niños perdieron revisiones y vacunas, y los adultos con enfermedades crónicas dejaron de asistir a las revisiones propias de sus patologías. Ahora, es necesario citarlos de nuevo y recuperar el tiempo perdido.

Sin embargo, el verano ha vuelto a atascarlo todo y el brote de covid-19 iniciado en un bar del barrio ha hecho más grande aún el embrollo. "Se nota muchísimo que estamos en cuadro con un tercio menos de la plantilla. Por ejemplo, en administración hay cuatro personas cuando debería haber seis y con la que está cayendo, bastantes más. En enfermería hay cuatro o cinco profesionales en lugar de los ocho que trabajan habitualmente, y en enfermería pediátrica se ha quedado una sola persona de las dos que suele haber. Así en todos los departamentos", cuenta rl portavoz de los trabajadores del centro de salud de La Corredoria.

El brote de coronavirus del barrio ha bajado drásticamente el número de personas en las calles y los establecimientos de hostelería, comercios y negocios, pero ha incrementado notablemente las consultas telefónicas al 112 o al ambulatorio del barrio en el peor momento posible, con menos trabajadores sanitarios y en plena reclamación al Sespa de un médico de familia y una enfermera.

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