12 de septiembre de 2020
12.09.2020
La Nueva España

Un San Mateo nostálgico pero iluminado

El concierto de "León Benavente" en el Auditorio abre unas fiestas sin bullicio callejero y con mucha añoranza por la diversión perdida: "Lo más raro es que no se oye nada"

12.09.2020 | 00:54
El Auditorio, instantes antes del concierto de "León Benavente", con el público accediendo al recinto.

Desde un banco de la plaza de la Escandalera en el que se sientan Rosaura Esteban y Faustino León se ven las luces de la calle Pelayo, frente al Campoamor. Este año verán cómo se encienden y después se irán a su casa a cenar. El ambiente en Oviedo está tranquilo, como un viernes más desde que llegó el coronavirus; las terrazas, llenas. "Y si las vemos, que tampoco lo tengo claro", lamenta Rosaura desanimada, que se queda sin fiestas por primera vez en setenta años. En otro momento hubieran pasado la tarde "bailando donde la música": pasodobles, salsa, merengue. "De todo, menos el rock ese de ahora", dice levantando un dedo índice reivindicativo por encima de la mascarilla.

A menos de quinientos metros de ellos, en el paseo del Bombé, está María Serrano pasando la tarde con sus dos amigas, Cristina González y Lucía Redondo, que todavía llevan el uniforme escolar. Ayer era su primer día de clase. En un San Mateo convencional, a esa altura de la tarde ya estarían cambiadas de ropa y vestidas de fiesta. Habrían quedado para prepararse y después hubieran ido a cenar a "gastromateo" o algún otro chiringuito. "Es una fiesta de reencuentros y para acabar el verano", afirma María Serrano. Y también se corresponde a los días que sus padres las dejaban quedarse más tiempo por la noche.

En otro banco, casi contiguo a ellas, está Carla González con su grupo de amigos. Recuerda con cariño la noche de los fuegos del año pasado y comenta: "Todo el mundo viene de fiesta. Hasta los otakus", que es como los chavales llaman a lo que en otro tiempo era un friki. Y ríe, señalando a su amigo "el que nunca sale", que el año pasado fue con ella. "Como tú", le dice. Pero ahora siente "ganas de llorar" porque el único accesorio que va a combinar para ir a San Mateo es la mascarilla con el vestido. Y nada de quedarse hasta más tarde. A la hora de cenar, a casa.

Por las calles, aunque pasen los autobuses urbanos adornados con banderillas festivas, el bullicio mateín es inexistente. " Lo más raro es que no se oye nada. Hay incluso menos gente que la habitual", cuenta Marcos Muñiz, que espera junto a su amiga Berta Vorano en la plaza del Ayuntamiento, frente a las luces colgadas del consistorio. El mensaje de este año es "San Mateo con responsabilidad". Y para no tentar a la suerte -ni a los botellones habituales en estas fechas- a la una de la madrugada, horario de cierre del ocio nocturno, se apagan. Pero si nunca se hubieran encendido, habría ciudadanos, como Marcos, que no se habrían enterado que comenzaban las fiestas.

No todo el mundo piensa que el alumbrado es la mejor idea para este año porque "son como ver un caramelo que no se puede comer", en palabras de Lucía Díaz. Su amiga Belén Triviño es más clara: "Luces, ¿para qué? Si no hay nadie por la noche. Son un consumo innecesario". Hace un año estarían viendo el pregón. Y luego de chiringuitos y probablemente a algún concierto. Pero la tarde de ayer se la pasaron en la plaza del Sol. Y cuando se terminaron la cerveza, se fueron a su casa porque tenían en el cuerpo una sensación rara, "como de nostalgia".

A su alrededor las conversaciones también giraban en torno a San Mateo. Los había más animados, como Jaime Merás que llevaba pegada a su camiseta blanca una pegatina en la que se leía "I love Chiringuitos", del Rincón Cubano del año pasado. "Me estaba diciendo que se había pillado una buena castaña", dice mirando hacia su amigo, "Fredy" Villanueva. "Bueno, me pillaré media castaña, y respetando las normas", le responde jovial. A la una, en casa, pero "van a pasarlo bien igual". Para ellos, quedarse sin San Mateo era inconcebible: es la "traca final" del verano, la despedida y las fiestas de su ciudad; desde el pregón hasta el día del bollu pasando por los fuegos y todos los chiringuitos que pudiesen."Esta semana también será especial, pero estaré más recogido", cuenta Villanueva acercando una cerveza a los labios. Y las luces son un complemento más de la fiesta que llevan por dentro y que celebran con mascarilla, fumando a dos metros y con grupos de menos de diez personas.

En la Corrada del Obispo, adornada por los de "La Folixaria", un grupo que se hace llamar "Los Becarios" (Noel Díaz, Noe Ponce y María López) reconoce que hubieran estado disfrutando de la fiesta en una mesa parecida pero "un poco más lejos, en el chiringuito". Y luego "se hubieran liado hasta lo que surgiese" y habrían ido a trabajar algo más cansados.

En el auditorio Príncipe Felipe resiste el último bastión de las fiestas: los conciertos. En la puerta guardan colas los 700 que compraron la entrada de "León Benavente" y "Pequeño club imposible". Entre ellos, Carlos Jodar, Mara Rodríguez y Raquel Rodrigo. "Seguro que hace un año estaríamos buscando un bocata", cuenta Carlos. Este, sin embargo, fue sin cenar al concierto.

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