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Carlos Bascarán, música, fútbol y sonrisas para ayudar a los niños de las favelas

Las Pelayas y varias parroquias de Brasil despedirán al misionero ovetense fallecido por covid con una misa simultánea

Carlos Bascarán, cantando en una de sus misiones en Brasil.

Carlos Bascarán, cantando en una de sus misiones en Brasil. LNE

Carlos Bascarán Collantes dejó una vida acomodada en Oviedo para irse a Brasil como misionero comboniano. De la tranquilidad, a la batalla continua contra la pobreza, las drogas y la violencia. Pero salió ganando, allí encontró su lugar en el mundo y su trabajo le convirtió en el "ídolo" de la familia. Es el calificativo que utilizaba ayer uno de sus sobrinos, Julio Bobes Bascarán, que al igual que todos los que conocieron a su tío destaca de él su sonrisa, su pasión por el fútbol y la música y su capacidad de trabajo y entrega a los demás. La música y el fútbol fueron precisamente las herramientas que utilizó para sacar a los chicos de las favelas de Santa Rita, una población de 200.000 habitantes, de las drogas y la violencia. Todo ello siempre con una sonrisa en los labios.

Era un "ídolo" para la familia, pero también para los que tuvieron la suerte de conocerle durante sus más de 45 años de misión en Brasil. Tanto es así que el próximo martes se celebrará un emotivo acto a uno y otro lado del Atlántico. El lugar donde ofició su primera misa hace 50 años, el monasterio de las Pelayas, en Oviedo, y todas las parroquias brasileñas por las que pasó durante más de cuatro décadas celebrarán una misa simultánea. Será solo para la familia. El funeral público en Oviedo tendrá lugar el miércoles, a las seis y media de la tarde, en la iglesia de San Isidoro, en la plaza del Ayuntamiento.

Carlos Bascarán Collantes (Oviedo, 1941) falleció el pasado martes en Brasil. Permanecía ingresado en el hospital a causa del covid. Los últimos días estuvo sedado e inconsciente. El mismo día de su fallecimiento se celebró un funeral en Brasil. Ahora la despedida será en Oviedo, su ciudad natal y en la que dejó una gran impronta.

Era un apasionado del fútbol, deporte que practicó hasta pasados los 70 años. Viajaba a Asturias cada cierto tiempo y "lo primero que hacía al llegar a casa era llamarnos a nosotros, sus sobrinos, y a sus amigos para organizar una pachanga", recuerda Julio Bobes. El fútbol está también detrás de la experiencia de Bobes en Brasil. "Siempre me decía que tenía que ir allí a echarle una mano y una vez le dije que sí, que iría cuando España fuese campeona del mundo". Esa conversación se produjo en 2009. Al año siguiente el famoso gol de Iniesta empujó a Bobes a Brasil, "una experiencia que debería vivir todo el mundo al menos una vez en la vida".

La otra gran pasión era la música. Carlos Bascarán era capaz de tocar cualquier instrumento que cayese en sus manos. Era habitual verle con la guitarra pero también tocaba el piano. Uno de los últimos regalos que le hizo su familia en Oviedo fue una cítara. Sor Covadonga Querol de Bascarán, familiar del fallecido, es de las pocas personas que saben pulsar las cuerdas de este instrumento. Lo hace en las Pelayas. Así que allá se fue a Brasil Carlos Bascarán con su cítara.

Era un hombre querido y admirado. El exalcalde Antonio Masip lo considera "un hombre importantísimo para Oviedo, un personaje que sobresalió más allá de las fronteras de la ciudad por su trabajo y entrega absolutamente generosos".

Oviedo pierde a Carlos Bascarán Collantes, hijo del oftalmólogo Antonio Bascarán, pero es mucho más, es un hombre que hizo realidad su sueño de ayudar a los demás y que utilizó para ello todas las armas que tuvo a su alcance.

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