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Un japonés muy carbayón

Takaharu Hashimoto, "Taka", con residencia fija en Oviedo desde hace ocho años, colecciona y divulga arte oriental en la ciudad

Takaharu Hashimoto, en la calle Fruela.

Takaharu Hashimoto, en la calle Fruela. MIKI LÓPEZ

Un lápiz lanzado a voleo sobre un mapa de España marcó la vida de Takaharu Hashimoto, conocido como "Taka", en 1966. Este japonés nacido en Nagoya hace 76 años conoció así a su mujer, Isabel. El lápiz cayó en Oviedo y él pasó la Semana Santaen la ciudad. Entonces era un

Asturias le gustó tanto que se matriculó un año en la Facultad de Derecho de Oviedo. "Conocí al catedrático Ignacio de la Concha. Un gran hombre que influyó mucho en mi vida", cuenta Takaharu, que de regreso a Japón para acabar su carrera ya tenía claro que lo suyo no era la abogacía, sino viajar, conocer mundo y mejorar su cultura española. Por eso, decidió cursar una especialización en exportación y le ficharon en Toshiba. Trabajó para ellos dieciocho años, cuatro destinado en Buenos Aires. Ya estaba casado con Isabel y aquella etapa le sirvió para dominar el español y enamorarse del tango y el folclore andino.

De regreso a Japón, "Taka" sufrió una hepatitis que le tuvo dos meses en cama. "Aquello me hizo pensar en cambiar nuevamente de rumbo. Le pregunté a Isabel qué opinaba si me hacía autónomo y montaba en Tokio una tienda de artes decorativas y antigüedades europeas. Le pareció bien y nos embarcamos en el proyecto. Invertimos unos 300.000 euros al cambio. Tokio es muy caro. Nos dimos tres años de plazo si no funcionaba, pero salió muy bien". Takaharu importaba artículos de España, Francia y el Reino Unido e incluso amplió el negocio a la alta joyería.

Amante de la Historia, "Taka" posee el título de comisario del Museo Metropolitano de Tokio y es especialista en el período Edo (una división de la historia de Japón, que se extiende desde el 24 de marzo de 1603 hasta el 3 de mayo de 1868). Su cultura y conocimientos históricos le influyeron para dar un nuevo golpe de timón a su vida a los 65 años. "Leí un libro que me hizo pensar que tenía que buscar otro tipo de vida más estimulante. Podía cobrar la pensión tras haberlo hecho todo; trabajar, montar un negocio y tener una hija y dos nietos", cuenta en una cafetería de la calle Fruela donde los camareros le conocen por su nombre. Isabel se quedó en Tokio cerca de sus nietos y su hija, que se ha hecho cargo del negocio de joyas y antigüedades.

"Taka" puso rumbo a Oviedo por ser una ciudad que conocía gracias a su esposa con el objetivo de divulgar el arte nipón y estableciéndose de manera fija hace ocho años. Atesora grabados, pinturas japonesas de rollo pintadas a mano, laca japonesa o "urushi" (de la que es especialista su compatriota, la profesora de la Universidad de Oviedo, Yayoi Kawamura) y empuñaduras o guardamanos de katanas y cerámicas, entre otros muchos objetos. Organizó una exposición en el hotel de la Reconquista hace siete años y otra de pinturas y grabados en la Escuela de Arte en 2016.

La pandemia le ha impedido hacer otra este año, pero ya piensa en 2021. Será una muestra de máscaras tradicionales de baile y cerámicas japonesas y ha empezado a buscar el emplazamiento perfecto.

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