En el ADN de la calle Gascona está la tradición asturiana y ni siquiera una pandemia mundial puede acabar con ella. Los hosteleros del conocido como Bulevar de la Sidra luchan para mantener esas tradiciones, que nadie se olvide de las señas de identidad de la región, y ayer lo volvieron a hacer pese a todas las limitaciones. Las sidrerías celebraron su amagüestu, aunque de forma muy distinta a las multitudinarias celebraciones de años anteriores. La fiesta de bienvenida al otoño se limitó a invitar a los clientes a unas castañas asadas y un poco de sidra dulce.

La intención, dice Pedro Caramés, presidente de los hosteleros de Gascona, "era mantener la tradición cultural asturiana". El empresario reconoce que la del amagüestu siempre ha sido una de las actividades que más público congrega en la calle, así que "quisimos hacer un guiño para decir que seguimos aquí". Eso sí, manteniendo todas las medidas de seguridad. Algo a lo que contribuyó el mal tiempo y el cierre perimetral del casco urbano de Oviedo.

Aunque la cosa no estaba fácil hubo muchos clientes que calentaron el cuerpo con las castañas asadas en esta ocasión en los hornos de las cocinas de las sidrerías. Hasta hubo quien se estrenaba. "En plena pandemia y estamos en nuestro primer amagüestu", bromeaba en la sidrería La Pomarada Paula Fernández, que había acudido con un grupo de amigos. "Precisamente hemos venido por esto, porque sabíamos que había castañas y sidra dulce", apuntaba su compañera Elena Canga, que incidía en que todos los del grupo estaban "contentísimos" con que les hubiesen invitado a sidra y castañas, que ellos combinaron con el vermú también asturiano que sirven en la sidrería.

Si este grupo de jóvenes estaban atechados en el interior de uno de los locales, otro grupo de amigas, el formado por Mercedes Fernández, Floren Vega, Mar Figar y Rosa Rodríguez, optó por una de las terrazas de la calle, la de la sidrería La Finca. Entre bromas y risas estas amigas explicaban que llevan años acudiendo al amagüestu de Gascona, y ayer no podía ser menos, allí estaban para acompañar a los hosteleros. Las mujeres departían con Pedro Caramés y el hostelero explicaba que los clientes respondieron bien al llamamiento, "siempre resignados por la situación que estamos viviendo" y, como subrayaba Caramés, "con ese dicho tan asturiano de 'ye lo que hay'". Pues lo que hubo ayer fue el empeño de mantener una tradición, y una promesa, la de Berto Rodríguez, propietario del Ferroviario, de que "el año que viene volveremos a asar en la calle media tonelada de castañas". Sea.