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Adiós por jubilación al Serafín, chigre auténtico

La sidrería, regentada desde hace 21 años por una familia en Vetusta, sirvió en 2013 a la Reina Letizia: “La pena fue que no la reconocimos”

De izquierda a derecha, Pablo Álvarez, Manuel Ángel Álvarez, David Álvarez y María Enedina Fanjul, ayer, tras la barra de la sidrería Serafín. | Julián Rus

De izquierda a derecha, Pablo Álvarez, Manuel Ángel Álvarez, David Álvarez y María Enedina Fanjul, ayer, tras la barra de la sidrería Serafín. | Julián Rus

“¡Madre, qué pena! Vais a dejar un vacío tremendo”. Este fue uno de los comentarios que los clientes de la sidrería Serafín, en la calle Huerto de Otero (en el barrio de Vetusta), hicieron ayer al enterarse de que la familia que regenta el local desde hace 21 años echa

“Hay quien vino a hacerse fotos como recuerdo y otros nos llaman desde países como Bélgica, diciendo que les da lástima no poder venir a despedirse”. Lo cuenta el padre de familia mientras va de acá para allá preparando el chigre para las comidas del día. Se hizo cargo de la renta de la sidrería, en 1999, para trabajar con su mujer y respetó el nombre original del dueño, Serafín. El negocio ya era muy apreciado porque llevaba abierto más de 40 años, pero ellos le dieron su toque respetando la estética del establecimiento. Los azulejos, la barra original de formica o la disposición de las mesas. La novedad vino en la carta gracias a su buen hacer en la cocina; comida casera acompañada de buena sidra. Con el paso del tiempo, los hijos arrimaron el hombro. David a diario atendiendo y sirviendo las mesas dentro y fuera, y su hermano Pablo echando una mano los fines de semana.

“Empecé a los 17 años. Iba a clase y por la tarde venía a echar sidra. Pensé en tomar yo el testigo, pero no me atrevo. El futuro es incierto. Ahora nos cierran a las 11 de la noche y a lo mejor dentro de 15 días estamos confinados. Prefiero cambiar de rumbo, quizás hacia la distribución”, explica David Álvarez Fanjul antes de dar las gracias a los clientes.

Entre esa clientela hay habituales, como “Yele”, un paisano de La Corredoria que va todos los días a tomar sidra. Destacados del folclore asturiano como Xune Elipe (cantante de “Dixebra”), Pepín de Muñalén, Silvia Quesada y su marido, Alfredo González, o gaiteros como Roberto Junquera y Santi Caleya. También hay presentadores como Christian Gálvez. Grupos como “Warcry”. O representantes del mundo del deporte como Ángel Arenas, seleccionador nacional de kárate. Pero sin duda la más conocida fue la Reina Letizia, que cenó en Serafín con un grupo de diez o doce amigos, en 2013, cuando todavía era princesa. La reserva estaba hecha a nombre de “María” y nadie, ni clientes ni personal, se dieron cuenta. Era un viernes y la ceremonia de los premios “Príncipe de Asturias” había finalizado. Tomaron de todo: bacalao, callos, pulpo con almejas... “La pena fue que no la reconocimos”, dice David Álvarez, que aclara que, al final, una mujer que estaba en otra mesa se dio cuenta: “¡Esa ye Letizia!”. Y era. La noticia se hizo viral.

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