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Energía limpia desde las profundidades

Dos alumnos de Minas logran un premio con un proyecto para desarrollar centrales hidroeléctricas alimentadas por parques eólicos en antiguas explotaciones mineras

Por la izquierda, Guillermo Domínguez, Almudena Ordóñez y Héctor Álvarez, ayer, en la Escuela de Minas. | F. T.

Por la izquierda, Guillermo Domínguez, Almudena Ordóñez y Héctor Álvarez, ayer, en la Escuela de Minas. | F. T.

Una central hidroeléctrica instalada bajo tierra, en el interior de una antigua mina, y alimentada por un parque eólico. Ese es el proyecto innovador con el que Héctor Álvarez y Guillermo Domínguez, alumnos de la Escuela de Ingeniería de Minas, Energía y Materiales de la Universidad de Oviedo, han ganado

El proyecto, “Generación sostenible y almacenamiento subterráneo de energía en el marco de la descarbonización del sector eléctrico”, ha sido dirigido por la profesora de la Escuela Almudena Ordóñez y el doctor ingeniero de minas Javier Menéndez, y nace de la confluencia de los respectivos trabajos fin de grado (TFG) de los dos alumnos. Guillermo Domínguez, natural de Salinas, exploró las posibilidades de recuperar antiguas minas en proyectos tecnológicos. “Hablamos de unas antiguas explotaciones que actualmente tienen un coste de mantenimiento, y que son reaprovechables para este tipo de proyectos, con el beneficio adicional para las comarcas mineras”, explica Domínguez.

Héctor Álvarez, oriundo de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), desarrolló un proyecto para fabricar aerogeneradores de eje vertical mediante técnicas de impresión 3D. “Cara a este nuevo proyecto, aproveché todo lo que había aprendido sobre aerogeneradores para el TFG e incorporé el planteamiento de desarrollar en superficie unos parques eólicos que serían los que suministrarían la energía a las centrales”, precisa Álvarez.

Los dos alumnos de la Escuela de Ingeniería de Minas, compañeros de promoción y amigos, comenzaron a trabajar en el proyecto bajo la premisa de que la energía que produjese la central tenía que ser limpia y, además, almacenable. “Esto es importante porque, almacenando el excedente de energía, se podría luego abastecer al mercado en momentos de gran demanda, lo que potenciaría su rentabilidad”, aclaran.

A juicio de Almudena Ordóñez, “el exhaustivo análisis económico que los dos alumnos incluyeron en su propuesta fue clave para” que se impusieran tanto en la competencia europea como en la final internacional, donde luchaban con otros dos proyectos españoles, tres portugueses y tres brasileños. “Ellos habían estudiado la rentabilidad a largo plazo, y eso era algo de lo que otros proyectos carecían. Además, en todas las presentaciones, que se hicieron a partir de septiembre en modo online y en inglés, estuvieron muy bien”, explica la profesora.

Los dos ingenieros cifran la inversión necesaria para ejecutar su proyecto en 190 millones de euros, y estiman que las instalaciones tendrían un vigencia de cuarenta años. Para ver algún día este proyecto activo, hace falta, precisan, “que un gobierno nacional o autonómico apueste por ello de forma decidida”. A ambos, en todo caso, les ha valido ya para encontrar una vía profesional sobre la que desarrollar su carrera, centrados ambos en las energías renovables, y para lograr un viaje a Silicon Valley, el premio que han ganado por imponerse en el concurso.

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