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Soprano, protagoniza “Madama Butterfly”, aplazada al día 20 por el covid

Ainhoa Arteta: “El Campoamor es como un quirófano, no hay peligro para hacer una ópera allí”

“Me gustaría saber qué criterio ha seguido el señor Barbón para cerrar los espacios culturales”

Ainhoa Arteta, días atrás,  en Oviedo. | A. A.

Ainhoa Arteta, días atrás, en Oviedo. | A. A.

La soprano Ainhoa Arteta es la protagonista de “Madama Butterfly”, el título estrella de la Temporada de Ópera de Oviedo, cuyo estreno, programado para el lunes, se ha tenido que retrasar hasta el día 20 a consecuencia de las medidas de restricción impuestas por el Principado, que ha obligado a

–¿Ha sido muy duro para el equipo tener que aplazar el estreno?

–Ha sido duro. Vamos a ser realistas, la situación está siendo dura en general, porque lo que vivimos desde marzo es una situación dantesca en todo el país, es una pandemia que no ha cogido preparado a nadie, nos ha llevado por delante. Pero parecía que las cosas que había retomado con seguridad y desde luego así ha sido en los teatros: en todos en los que yo he estado, tanto como artista como en calidad de oyente, puedo asegurar que eran y son sitios seguros. He estado, sin ir más lejos, en el Teatro de la Zarzuela, donde había unos niveles máximos de exigencia, y puedo decir que en Oviedo, en el teatro Campoamor, eran aún más estrictos: era como entrar en un quirófano. No podíamos llevar a nadie, ni familiares ni del entorno del teatro, que no se hubiera hecho una prueba PCR; te miraban la temperatura continuamente; todos, incluso los coros, andaban con mascarillas salvo los instrumentistas de viento; se respetaban las distancias de seguridad... hasta los solistas hicimos todos los ensayos, durante esta cuatro semanas, con mascarilla, salvo los ensayos finales.

–Era un búnker.

–Totalmente. Y todo esto suponía un gran esfuerzo para todos. Trabajamos muy duro para sacar adelante una obra de gran envergadura como es esta “Madama Butterfly”. Y siento una tristeza enorme, porque es producción maravillosa, será una pena si el público de Oviedo y de Asturias no pueden verla. Lo habíamos cuidado todo muchísimo, pero cuando faltaban apenas unos días llegó esta orden del Principado, del señor Barbón, que tomó estas decisiones y la verdad es que te da mucha sensación de desesperanza. Porque además ves que en otros sitios los teatros continúan funcionando: el Teatro de la Zarzuela, del que hablábamos antes, estrena ahora “La del manojo de rosas”. No dudo que aquí las cifras de contagio habrán subido, pero ¿ha sido por los teatros? Me gustaría saber qué criterio ha seguido el señor Barbón para adoptar esta restricción de cerrar los espacios culturales, cuando él mismo decía hace unas semanas que la cultura era segura, porque no había habido ningún brote en ningún concierto o representación. Me gustaría que nos dieran una explicación.

Podemos salvar ‘Madama Butterfly’ si no se prorrogan las restricciones

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–Usted, que vive fuera de la región y que ha estado en diferentes lugares recientemente, ¿cómo ve la situación en Asturias?

–Pues he estado viviendo prácticamente cuatro semanas en Oviedo, una ciudad a la que adoro, y he visto un respeto máximo por parte de la gente de cierta edad y también de los comercios, y un cuidado máximo para evitar brotes. Si hay a alguien a quien no interesa que esto siga así es a nosotros, los que producimos y sacamos la economía del país adelante. Yo veía que se respetaban los cierres y las medidas de seguridad. Nosotros salíamos de los ensayos a las once, para llevar al hotel y respetar el toque de queda. Pero a la salida de uno de los últimos ensayos vimos a un grupo de chavales que se dirigían al parque San Francisco, cargados de bolsas y muchos de ellos sin mascarillas. No quiero meter en este paquete a toda la juventud, pero creo que hay grupos de insensatos y con esas bolsas todos teníamos claro a qué iban al parque.

–A hacer botellón.

–Sí. Y luego esta gente vuelve a sus casas y obviamente contagian a sus abuelos, tíos, primos... El foco del contagio no está en el teatro ni en el pequeño comercio, está en este tipo de actitudes, de gente que, en un grupo de 7 u 8 personas, se quita la mascarilla tranquilamente. Total, que esa noche volvíamos para el hotel en un coche, solo cantantes porque una de las reglas que nos ponía de la ópera era que no nos juntásemos más que con gente de nuestro gremio, y al llegar a la altura de los chavales pedí bajar la ventanilla y les dije que por favor se pusiesen la mascarilla. Y me dijeron: “Hala, vieja, cállese. A ver si se muere usted también”.

–¿Y qué hizo usted?

–Me fui a la policía, porque además sentí que había muy poco despliegue. No sé si es que no tenemos efectivos, entiendo que una situación como esta, además al nivel de todo el país, puede ser desbordante, pero en otros países se nota más presencia policial, y el ejército los asiste cuando es necesario. El caso es que fui a la comisaría a interponer una denuncia. Que finalmente no me dejaron ponerla porque decían que era a un colectivo, pero me atendieron muy bien, fueron muy amables y les dije todo lo que sentía. Porque esto es algo que yo he visto ya en verano y he sufrido en mis propias carnes, con mis hijos y los hijos de mis amigas. Hemos tenido que ponerles unos castigos impresionantes para que fueran conscientes de la situación, porque hay que concienciarles. Si por la irresponsabilidad de unos pocos, o por la ineficacia de otros, tenemos que cerrar absolutamente todos los que producimos algo en este país, es que vamos muy mal. Alguien está haciendo las cosas muy mal.

En Oviedo he visto un respeto máximo frente al covid, pero también a jóvenes de botellón

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–Ahí entra la responsabilidad de los políticos, los mismos que, como usted recordaba, sacaban pecho hace poco diciendo que “la cultura es segura”.

–Espero que recapaciten, de verdad. Al final, la decisión de la Ópera de Oviedo de retrasar las representaciones ha sido la única opción que nos quedaba. Al día siguiente de que el señor Barbón anunciase las restricciones, grabamos el primer ensayo, todo el primer reparto con la orquesta. No para emitirlo, sino porque era una prueba para que se aprobase el podernos sufragar los gastos que supone estar cuatro semanas de ensayos en Asturias. Porque esos gastos los asumimos nosotros, los artistas, pensando que vamos a poder hacer nuestras funciones: si las suspenden, te tienes que pagar de tu propio bolsillo el hotel, la estancia... Y es tanta la gente que depende de esto, no creo que quienes toman esas decisiones sean conscientes de ello. Somos gente que se está cuidando y que queremos mantener económicamente este país, y está claro que estamos ante un problema grave y que la salud es importante, pero sin economía tampoco hay salud. Pensemos y hagamos las cosas un poco mejor, vayamos a donde están los focos, los brotes del virus, pero al que cumple los requisitos y donde no están saliendo casos, ¿para qué los vas a cerrar? Para eso, podríamos los ciudadanos reclamar el cierre del Principado, o del Congreso, y los dejamos sin sueldo. Pero ellos cobran igual. Yo soy artista, pero también una ciudadana consciente del daño que se está haciendo al comercio, a la industria, a los autónomos... No tenemos sitio de dónde agarrarnos.

–Precisamente, “Madama Butterfly” era el asidero de la Temporada de Ópera, el título estrella, con todo vendido. ¿Quedará la temporada herida de muerte si no se puede hacer?

–Pues sí, puede ser. Pero es que además es un título maravilloso, una producción magnífica. El último día llorábamos todos, porque además se había creado un gran ambiente. Todos los días trabajábamos para sacar esto adelante, sabiendo que tenemos encima la espada de Damocles. Este título, para la Ópera de Oviedo, era como la Champions League, y es una pena si siguen las restricciones más allá del 18 de noviembre, porque todos hemos hecho un esfuerzo tremendo. Si piensan mejor las restricciones y no cierran a cal y canto, todos estamos dispuestos a volver a Oviedo para hacer “Madama Butterfly”. Yo incluso tendría que cancelar un recital, pero adoro Oviedo y esta ópera, que es magnífica. Tenemos un gran elenco, y la Ópera ha hecho las cosas bien. Podemos hacer las representaciones de los días 20 y 21, y las otras funciones después, para que sean seguidas. Se puede salvar esta producción si se hacen las cosas con cabeza. Pero si se prorrogan las restricciones ya no, porque la producción tendría que regresar a Düsseldorf.

–Sería esperanzador en estas circunstancias, que volviese la ópera, ¿no cree?

–Eso espero. Al final sé que saldremos de esta situación, pero creo que podemos hacerlo tomando decisiones con mucha más empatía y más responsabilidad. Tienen que cuidar más a la gente que intentamos sacar el país adelante.

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