La hostelería “está recibiendo palos por todos los lados” y Jorge García podría elaborar “una lista muy larga” con todos los problemas del sector, pero considera que una de las primeras actuaciones que deben hacer las administraciones “para que no se produzcan cierres en cadena” es buscar fórmulas para que los autónomos como él, que tiene una cervecería en la plaza de San Miguel, puedan hacer frente al alquiler de sus locales. “Es el mayor de nuestros problemas. La Mayoría de nosotros pagamos mucho dinero a los propietarios y al no ingresar ni un euro no podemos hacerlo”, explica. “Lo que tienen que hacer los políticos es actuar en este sentido y no dejarnos solos. Estamos cerrados por obligación, las administraciones no pueden dejarnos solos. Ahora tenemos que andar mendigándoles a nuestros caseros para que nos den facilidades, pero eso no puede ser”, señala.

Jorge García también es de los que piensa que la hostelería está pagando todos los platos rotos cuando se trata de un sector “que ha cumplido a rajatabla con la normativa sanitaria” desde que comenzaron a aplicarse medidas restrictivas para acabar con la pandemia. “Esta mañana –por ayer– estuve por la zona del Campo San Francisco y estaba lleno de gente por todos los lados. Incluso había una conocida franquicia vendiendo cafés con el local a tope. No se puede tratar a unos de forma diferente a otros. Todos tenemos que comer y ahora en la hostelería lo estamos pasando muy mal”.

El hostelero Jorge García.

El hostelero Jorge García.

María Cachero acababa de salir de hacer la compra en el Fontán justo antes de compartir con este diario la sensación de ahogo que atraviesa desde que el Gobierno regional la obligó a cerrar su tienda de ropa de la calle Magdalena para luchar contra el coronavirus. Lo que vio dentro del mercado refuerza su postura: el pequeño comercio es uno de los grandes damnificados de esta crisis a pesar de que las tiendas de barrio ofrecen mejores medidas de seguridad que las grandes superficies. “Me parece una injusticia terrible. No se podía entrar de la gente que había comprando y nadie controla las distancias de seguridad, entre otras cosas. Pero yo tengo que cerrar cuando en mi tienda hay un aforo máximo de dos personas. Ademas usamos guantes, tenemos un purificador de aire, abrimos las ventanas, utilizamos una plancha a vapor cada vez que un cliente toca la ropa... Me parece injusto que no podamos abrir, porque no somos el peligro”, subraya.

Cachero se da de plazo hasta el día de Reyes para saber si va a continuar o no con la tienda abierta. “Veo el futuro fatal. Los grandes comercios comienzan ahora con el Black Friday y después llegan las rebajas. Nos tienen ahogados. Además ellos tienen muchas ventas por internet y ahí no podemos competir. Esta la cosa muy mal”, añade. “Ahora estoy cobrando 700 euros por el cese de actividad, pero no puedo vender ni una camiseta por internet porque me lo quitan a pesar de haber hecho una inversión en la web. No se entiende nada”, subraya María Cachero.