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Guardianes contra el maltrato

La unidad de la Policía Local especializada contra la violencia de género protege actualmente a 185 víctimas en la ciudad

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“Es imposible no sentir afecto por las víctimas, las vemos sufrir mucho y a veces nos vamos a casa con un nudo en la garganta. Aún así merece la pena porque sabemos que las estamos ayudando a escapar de una vida horrible”. El testimonio de la agente Cristina sirve para

“Es imposible no sentir afecto por las víctimas, las vemos sufrir mucho y a veces nos vamos a casa con un nudo en la garganta. Aún así merece la pena porque sabemos que las estamos ayudando a escapar de una vida horrible”. El testimonio de la agente Cristina sirve para hacerse una idea del grado de implicación de los componentes de la Unidad Judicial de la Policía Local especializada en velar por las mujeres que están en riesgo de sufrir violencia de género, un equipo integrado por ella y por otros nueve compañeros del cuerpo municipal que lleva catorce años luchando contra una lacra que se ha cobrado la vida de más de mil mujeres en España desde que se empezó a llevar la cuenta de este tipo de asesinatos (año 2003).

El subinspector Emiliano Diez, que es el responsable del equipo, explica que actualmente hay 185 mujeres de Oviedo en la lista de víctimas protegidas de la Policía Local, que se encarga sólo de una parte de la ciudad. “Los compañeros de la Policía Nacional y los de la Guardia Civil también tienen equipos que realizan tareas similares. Desgraciadamente hay bastantes casos en Oviedo y toda precaución es poca. No obstante, a nosotros nos toca un área geográfica que incluye la casa de acogida y eso se nota”, señala Diez. “Creo que los agentes de la unidad son muy válidos y que están haciendo un trabajo increíble, pero tampoco estaría mal un aumento de personal para poder hacer las cosas incluso mejor”, añade el jefe de la unidad a escasos días de día internacional contra la violencia de género, que se conmemora el próximo miércoles.

Las mujeres a las que protege la Policía Local son víctimas que salen de los juzgados con algún tipo de orden de protección con respecto a su agresor. A partir de ese momento, la vida de la mujer protegida tiene que adaptarse a una nueva situación. “Lo primero que les decimos es que tienen que alejarse completamente de la persona que les ha causado daño. No deben mantener contacto ni directa ni indirectamente. Ni por teléfono ni a través de las redes sociales. Después les explicamos que estamos aquí para ayudarlas y que pueden confiar al cien por cien en nosotros”, afirma la agente Cristina.

Y a continuación comienza una estrecha relación entre las víctimas y los agentes. “Cuanto más sepamos de su vida y de sus hábitos diarios mejor haremos nuestro trabajo. Se establecen vínculos muy fuertes porque te conviertes en la persona en la que la víctima confía para todo. Hay mujeres con las que hablo a diario por teléfono”, señala. No obstante, los agentes procuran interferir lo menos posible en la vida de sus protegidas. “Siempre trabajamos de sano y procuramos ser discretos. Hay que tener en cuenta que algunas personas no quieren que se sepa su situación y eso hay que respetarlo. Nosotros estamos con ellas donde nos necesiten, desde en el entrenamiento de sus hijos hasta en cualquier reunión familiar en la que haya riesgo de que aparezca la persona que la ha maltratado y que podría volver a hacerlo”, añade.

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