A Carlos Alberto Polledo Arias (Oviedo, 1943) le hubiera gustado saber que el día de su partida fue el del fin de la polémica sobre su querido Camino de Santiago y el del pacto para que su ciudad protagonice el año santo. El escritor librero para el que nada de lo ovetense ni de Asturias le era ajeno falleció ayer por la tarde. Deja, junto a su mujer y sus tres hijos, una buena producción literaria que da fe de su amor por Asturias, sus montañas, Oviedo y su patrimonio. A los libros dedicó toda su vida; primero detrás del mostrador de la librería familiar de Santa Teresa y después al otro lado, como autor prolífico de viajes, guías y apuntes literarios y ensayísticos.

El amor por Oviedo no le impidió, no obstante, ser un hombre de campo, pescador y cazador, con segunda residencia en San Justo, cerca de Cornellana. Cuando se jubiló y bajó la verja de la librería Santa Teresa, fundada por su padre en 1928, Alberto Polledo cultivó la escritura con más intensidad aún. De su producción destacan los libros dedicados al Camino de Santiago, en especial a la ruta primitiva, una de sus pasiones, como fueron “Camino de San Salvador” y “Buen Camino”. También puso sobre el papel todas esas rutas por la montaña central, en guías de viaje para conocer mejor Asturias y Oviedo. La producción literaria incluye también otros géneros como “Geodestellos” o “En la intimidad. Relatos mínimos”, donde mostró al Polledo de prosa más poética y cercana.

Colaborador de LA NUEVA ESPAÑA desde 1995, en sus artículos dio cuenta de esas pasiones, que defendía con vehemencia. Las relacionadas con su ciudad forman casi la cuadratura del círculo de un Oviedo redondo perfecto: el Campo, el Prerrománico, el Naranco y la Balesquida.

A la Sociedad Protectora de la centenaria cofradía dedicó mucho trabajo del que no se ve, cómo recordaba ayer su amigo y contertulio Guillermo “Willy” González-Pola, ayudando a preparar la publicación anual y haciendo crecer una importante pinacoteca. Junto con Willy Pola, Manuel Claverol y Pedro Blanco formaron una de las últimas tertulias carbayonas a la que se podía ver por La Cava. La defensa del Campo San Francisco le llevó a alistarse recientemente al grupo de los Franciscanos en una de sus últimas luchas cívicas en defensa del patrimonio de su ciudad. Lo mismo hizo en incontables ocasiones con los monumentos del Naranco y con el mismo monte.

Incluso llegó a sumarse a la lista de Somos Oviedo en las últimas elecciones. La portavoz del grupo, Ana Taboada, lo recordaba ayer como “un referente ovetense, que trabajó incansablemente por un Oviedo mejor. Su amor por la ciudad y por su entorno, todo lo que nos transmitió sobre el Naranco, e incluso el paso que dio valientemente para participar en una candidatura municipalista son muestras de la enorme generosidad. Desde Somos Oviedo/Uviéu queremos dar nuestro mayor agradecimiento por su dedicación a la ciudad, por esa mente tan lúcida y joven y por sus ganas de transformar Oviedo en una ciudad más justa, sostenible, culta y moderna”.

“De Alberto Polledo destaca su altísima calidad humana y que fue un símbolo del Camino de Santiago”

Antonio Masip - Exalcalde de Oviedo

“Trabajó mucho en la Balesquida y fue un gran amigo, gran compañero y un hombre muy sensible”

Willy Pola - Amigo

“Era un gran conversador, muy cariñoso, y tenía una manera de ser muy discreta y muy elegante”

Fernando Menéndez - Escritor

A Polledo, hombre de trato afable, amigo sereno, gran conversador desde el mostrador de la librería y fuera de ella, le dolía Asturias, Oviedo y el patrimonio cultural y natural. Lloraba al ver las canteras destrozar el horizonte y lo escribía con rabia desde su despacho en la plaza de San Miguel.

Con Polledo se va, como decía su colega Concha Quirós, de la librería Cervantes, un buen compañero y un hombre volcado con los asuntos de Asturias. El exalcalde Antonio Masip lo recordaba por su “grandísima calidad humana” y por haber sido “un símbolo del Camino de Santiago”. Para Willy Pola “un gran amigo, gran compañero y un hombre muy sensible”. En ese temblor tan humano insistía ayer otro escritor de otra generación, Fernando Menéndez, que identificaba la librería de Polledo con “la felicidad”: “Era un gran conversador y un hombre con mucha cultura, por lo que resultaba habitual que mis visitas se prolongasen hablando con él. Conmigo siempre fue muy cariñoso, una manera de ser muy discreta y muy elegante”.

“Tímido a pesar de todo”, como señalaba su prima María Jesús Polledo, también librera, los últimos años le fueron complicando la salud con habituales ingresos en el hospital de los que no acabó de reponerse del todo. Complicaciones en las últimas semanas y el contagio del funesto covid precipitaron en muy poco tiempo un final que nadie se esperaba y que ha dejado a los suyos desolados. Además de gran librero, montañero y escritor, fue, casi en primer lugar, recordaba ayer la familia, el padre de Gemma, Alberto y Laura y el compañero de Carmen Ruiz.

LA NUEVA ESPAÑA recogió sus memorias, poco antes de cerrar su librería, en 2013

“De los setenta años que cumple Alberto Carlos Polledo Arias”, escribía Javier Morán en las memorias que el librero le dictó para LA NUEVA ESPAÑA en verano de 2013, “casi sesenta están unidos a la librería Santa Teresa, uno de los históricos establecimientos del ramo en la ciudad de Oviedo que ha suministrado lectura a sus clientes durante 85 años, pero que dejará de hacerlo el próximo día 31 de julio”. Ya jubilado, repasó su vida y algunas de sus ideas. Aquí publicamos un extracto de aquella entrega:

La librería Polledo. “Creo que el nombre de mi madre, Teresa, explica un poco el nombre que mi padre la había puesto a la librería, pero imagino que habría también connotaciones literarias por Santa Teresa de Jesús. Nació la librería en la calle del Peso, en un local que hoy ocupa una tienda de antigüedades, y enfrente de la actual librería Polledo, que es de nuestras primas María Jesús y María de los Ángeles. Esa librería la fundó precisamente un hermano de mi padre, Amado Polledo, quien, por cierto, también había estado en Cuba. Mi tío tuvo al comienzo su librería en Gijón, en la calle de San Bernardo, y años después la trasladó a Oviedo. De la primitiva librería Santa Teresa sé que comercializaba más que nada papelería y material escolar, cuadernos de caligrafía, lápices, etcétera. Eran tiempos aún oscuros para los libros, de un mercado no muy boyante y con una situación económica no favorable.

“Fue un buen compañero como librero y un hombre muy volcado en los asuntos de Asturias”

Concha Quirós - Librera

“Era tímido a pesar de todo, y hasta el final siguió con su amor a los libros y a su tierra, Oviedo y Asturias”

María Jesús Polledo - Librera y prima

“Era una mente lúcida y joven, con ganas de transformar Oviedo en una ciudad más justa y moderna”

Ana Taboada - Portavoz de Somos

Tertulia en la librería. “No supe exactamente cuáles podían haber sido las ideas políticas de mis padres, porque el vicio de la época era no hablar nunca de los problemas pasados durante la Guerra Civil y no significarse en política. Voy a decir aquella frase de Ricardo Vázquez Prada: ‘Ni de izquierdas, ni de derechas, sino todo lo contrario’. No recuerdo ninguna significación política en mi familia, y, de hecho, en la librería hubo tertulias los domingos por la mañana a las que acudían, por ejemplo, desde don Martín Andreu, que era canónigo de la Catedral, hasta mi tío Manolo Arias. Allí les recibía mi tío Jesús Arias, hermano de mi madre, que trabajaba en la librería y que quizás haya sido la persona que más me introdujo en la literatura y que me enseñó a conocer toda la Generación del 98, fundamentalmente a Baroja, del cual era un enamorado.

Dos meses de militancia. “Tuve, y tengo, inclinaciones políticas, aunque solo milité un par de meses en un partido. Lo hice a instancias de Álvaro Ruiz de la Peña, que se empeñó en que tenía que ingresar en Unidá Nacionalista Asturiana. Nunca voté a un partido de derechas, quiero decir, que nunca voté ni al PP ni al PSOE”.

Leer y pensar. “Ser apolítico es prácticamente ser ignorante y considero que la persona que lee tiene todo el derecho a pensar, y a pensar con conocimiento. Y ese bien que es el pensamiento se cotiza poco, y menos en la actualidad”.

Grandes lectores. “El cliente ovetense de la librería ha sido de categoría. En Oviedo hubo siempre grandes lectores, personas cultísimas y muy preocupadas siempre por las nuevas tendencias. Aunque parezca un tópico decirlo, Oviedo es una ciudad culta por excelencia en todos los aspectos, en el musical, en el literario, en el artístico…

La verdad sea dicha, he conocido personas interesantísimas que al cabo de los años, más que clientes, se han transformado en amigos. Recuerdo con especial cariño a José Serrano, el catedrático de Derecho, o a don Juan Uría Ríu, catedrático de Historia, o a José Meana, catedrático de Francés, que iban todos los días por la librería a última hora de la tarde”.