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Así construye Oviedo su futuro: el papel que puede jugar el sector biosanitario

El HUCA, las empresas e institutos que crecen junto a él, la Universidad y las clínicas privadas dibujan un futuro prometedor en la capital

Vista aérea del complejo del Hospital Universitario Central de Asturias. |  | MARA VILLAMUZA

Vista aérea del complejo del Hospital Universitario Central de Asturias. | | MARA VILLAMUZA

Ana Isabel Fernández, la rectora de la Universidad Alfonso X, lo decía hace pocos días en estas mismas páginas: “En el polo del entorno del HUCA y en el del parque tecnológico de Gijón están ocurriendo proyectos que son impresionantes. Tenemos las herramientas para llegar a ser un exportador de tecnología para la industria, independientemente de si esa industria está en el Principado o fuera. Solo esos dos polos son espectaculares. Y, además, la Universidad de Oviedo tiene una excelente calidad en la manera en que forma a sus estudiantes”. De sus análisis, poniendo la lupa en el caso de Oviedo, solo lo que sucede en el HUCA merece un capítulo aparte para calibrar bien hasta qué punto las ciencias de la salud y el sector biomédico están llamados a marcar el futuro de la capital del Principado y de la región.

Incluso ceñirse a ese barrio, al área de influencia de La Corredoria, en la zona Este de Oviedo, sería empequeñecer un poco lo que está sucediendo. Javier Cuesta, concejal de Economía del Ayuntamiento, prefiere hablar de “un elemento vertebrador, un clúster, antes que pensar solo en un trozo de la ciudad”.

El trozo, no obstante, es una porción importante de eso que se ha llegado a llamar muchas veces polo biosanitario. El propio Hospital Universitario Central de Asturias no se dedica solo a lo asistencial, sino que, seis años después de echar a andar, es un centro de investigación de primer orden. En su recinto, con solo cruzar la calle, se encuentra ya la Fundación para la Investigación y la Innovación Biosanitaria del Principado de Asturias (FINBA), presidida por Enrique Caso y participada por la Administración pública y la inversión privada. En el área hospitalaria, y con un papel crucial en la colaboración con el HUCA está también el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA).

Gráfico: La milla de la bata blanca en Oviedo

Sin salir del barrio, lo biosanitario sigue extendiéndose por las ramas empresariales. En el centro de empresas de la salud, el Vivarium, ya casi no se cabe en los 3.000 metros cuadrados que ocupan los 14 locales. El Ayuntamiento se afana en adecuar unos sótanos para rascar algo más, pero aun así compañías como Metrohm-DropSens tendrán que acabar mudándose a Llanera, al Centro Europeo de Empresas e Investigación, donde nacieron, para poder seguir creciendo. Porque a Oviedo, lamenta el concejal Javier Cuesta consciente de este problema, ahora mismo le falta techo empresarial.

En el Vivarium, junto a la citada firma, dedicada a la instrumentación científica basada en técnicas de detección electroquímica, están también Healthens (sensores para diagnóstico precoz), Entrechem (biosíntesis y biocatálisis en el ámbito farmacológico) y Criogene (conservación de ADN).

La “milla de la bata blanca” crecerá todavía un poco más con el traslado a La Corredoria del Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA), junto al Instituto del Carbón (Incar) y, como ellos, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El trabajo del IPLA tiene ya un desarrollo biosanitario importante con programas en el HUCA, de donde ya ha surgido una start-up, Microviable, dedicada al desarrollo de productos terapéuticos basados en la microbiota intestinal.

Todo ese conglomerado es mucho y ya podría conformar un polo biosanitario en condiciones, pero es que Oviedo integra más patas y experiencias dedicadas al mismo sector. La propia Universidad de Oviedo, en sus facultades de Química y Biología, cuenta con algunos de los mejores equipos de investigación nacionales. El Instituto Universitario de Biotecnología de la Universidad cuenta también con un componente pluridisciplinar, de investigación aplicada a la empresa, que el Ayuntamiento ya tiene muy en cuenta. Y por último, pero no menos importante, las grandes clínicas privadas sostienen investigación, éxito empresarial y son otro de los motores tractores de la economía local. Los casos más destacados y reconocidos, el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega y el Instituto de Medicina Oncológica y Molecular de Asturias (Imoma), junto al Centro Médico.

De la conexión y crecimiento de todos esos ecosistemas de investigación biosanitaria, de su capacidad para colaborar con otro tipo de tecnología puntera que se desarrolla en Asturias y de la fuerza con la que pueden hacer crecer pequeñas iniciativas empresariales con las que llenar los nuevos ámbitos de desarrollo urbanístico de la ciudad, llámense Cristo o La Vega, dependerá mucho el Oviedo del siglo XXI.

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