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La tercera aclamación de Benito Gallego

El deán de la Catedral, reelegido tras completar dos quinquenios, nació el día de la Santina y cumple 45 años en Oviedo

Benito Gallego

Benito Gallego

Cuando habla de su condición de deán, Benito Gallego deja claro que, antes que cualquier otra cosa, considera el cargo una responsabilidad. Quizá por eso mismo, por ese sentido de la responsabilidad, y acaso también por su acusada prudencia, Benito Gallego ha sido elegido por el cabildo catedralicio, por tercera vez, como deán-presidente. Un cargo que ostenta desde 2010 y en el que, tras esa renovación, permanecerá un tercer quinquenio.

Como sucede con otros cargos eclesiásticos, desde el Papa hasta el abad de un monasterio, el deán-presidente es elegido mediante una votación secreta, en la que participan los miembros de la comunidad eclesiástica que va a dirigir, en este caso el cabildo catedralicio, aunque después la elección ha de ser ratificada por el Arzobispo de Oviedo. No en vano, el deán no es en el fondo otra cosa que un “primus inter pares”, aunque en el día a día asume la organización de la vida pastoral.

Nada de la catedral le resulta ajeno a Benito Gallego, que lleva en Oviedo desde diciembre de 1975, cuando obtuvo la canonjía de penitenciario por oposición. Es un cargo crucial: como canónigo penitenciario, Gallego es el encargo de administrar el sacramento de la penitencia, y en su caso de decidir la absolución, en los pecados de mayor gravedad. Además, Gallego también es el exorcista de la Archidiócesis de Oviedo, aunque en ese caso siempre se ha mostrado especialmente prudente y muy respetuoso con la labor de los médicos, precisando, en toda ocasión que se le pregunta por esa labor, que la prioridad es discernir si el afectado sufre problemas psiquiátricos, en cuyo caso ha de ser tratado por médicos, o si realmente hay intervención demoníaca.

Cuando llegó a Oviedo, Benito Gallego acababa de obtener su doctorado en Teología por la Universidad de Navarra, y llevaba ya diez años como sacerdote. Perteneciente a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz-Opus Dei, Gallego había ejercido el sacramento pastoral en diversas parroquias de la Babia leonesa y de Santa María del Páramo.

Fabriquero

En Oviedo, Benito Gallego se convirtió rápidamente en una figura respetada, dentro y fuera del cabildo. La vocación docente le llevó a impartir clases primero en el Colegio Hispania, para posteriormente pasar por el Peñaubiña y por el Colegio Los Robles. En el centro de Soto de Llanera, Gallego ejerció durante nada menos que 21 años, hasta su jubilación en 2007.

Dentro del cabildo, Gallego asumió en 1994 el cargo de canónigo fabriquero, uno de los más importantes dentro de la estructura, ya que su responsabilidad incluye las obras en la catedral y ciertos ámbitos de la gestión económica. De hecho, el fabriquero forma, con el propio deán y con el canónigo contable, el núcleo duro en la toma de decisiones sobre las actuaciones en la catedral.

Desde esta responsabilidad como fabriquero, Benito Gallego fue pieza capital en el desarrollo del Plan director de la Catedral de Oviedo, uno de los primeros desarrollados en una catedral española, redactado por los arquitectos Cosme Cuenca y Jorge Hevia tras imponerse en un concurso convocado en 1996. Veinticuatro años después, el nivel de ejecución de ese Plan director está próximo al 100%, toda vez que este año se ha completado la intervención a la capilla de los Vigiles.

Benito Gallego

Turismo

En diciembre de 2010, cuando cumplía 35 años en la Catedral de Oviedo, Benito Gallego fue elegido por el cabildo como deán-presidente, un cargo en el que relevaba a Ángel Pandavenes, que había prolongado su mandato por seis años.

En su primer mandato, su gran apuesta fue la musealización de la catedral, con la decisión de empezar a cobrar entrada para las visitas turísticas. El sistema –que seguía la estela de los modelos de visitas de pago vigentes en otras catedrales españolas como León, Burgos o Toledo– se implantó en abril de 2014 y, aunque su puesta en marcha estuvo rodeada de cierta controversia, resultó un éxito inmediato que reafirmó a la catedral como un activo turístico de primer orden.

El inicio del cobro de entrada en la catedral no motivó rechazo alguno por parte de los turistas, acaso acostumbrados a tener que pagar por visitar otros templos por toda España y en el extranjero. Antes al contrario, casi podría decirse que potenció el número de visitantes, una respuesta paradójica pero sustentada en los aproximadamente 115.000 turistas que, anualmente, acceden a San Salvador tras abonar su entrada.

Peor recibida fue la iniciativa en el Ayuntamiento de Oviedo. En el verano de 2015, con la llegada al gobierno local del tripartito formado por PSOE, IU y Somos Oviedo, esas tres fuerzas pusieron en tela de juicio que la catedral tuviera que seguir recibiendo una ayuda municipal que se cifraba, en esos momentos, en apenas 20.700 euros anuales. Ante los reparos del tripartito, que afeaban al cabildo la decisión de cobrar entrada a los turistas, Benito Gallego decidió renunciar a esa subvención municipal. “Preferimos ser libres y zanjar polémicas”, afirmó Gallego, tras oficializar su renuncia a la ayuda municipal durante una reunión con el entonces alcalde, el socialista Wenceslao López.

El deán era consciente de que la supervivencia de la catedral pasaba por esa musealización. Gracias al dinero recaudado con la venta de entradas, el cabildo ha podido impulsar, con fondos propios y sin acudir a ayudas públicas o privadas, obras muy necesarias en la catedral, desde la renovación del sistema eléctrico hasta la rehabilitación de varias capillas y retablos. Pero toda aquella presión también le afectó, y en agosto de ese año tuvo que ser hospitalizado por una dolencia cardiaca, de la que por fortuna se recuperó.

Pandemia

Cara a su tercer quinquenio como deán, Benito Gallego afronta otro reto mayúsculo, como es el de recuperar el pulso de la catedral tras la pandemia, y reactivar las visitas turísticas. Una crisis que probablemente determinó la decisión del cabildo y del Arzobispo, un Jesús Sanz que no esconde su afecto por el deán, para dejar en sus manos la responsabilidad de dirigir la catedral cinco años más. Todos ellos tienen al veterano penitenciario por un hombre justo, prudente y comedido, al que apenas perturban las derrotas de su amado Fútbol Club Barcelona y, en todo caso, el futuro de ese Lionel Messi de zurda celestial.

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