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carlos suárez nieto | Director científico del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias

“La pandemia supone un aldabonazo para que la sociedad valore y se preocupe por la ciencia”

“El entorno del HUCA necesita también empresas grandes, no solo startups, que tengan capacidad para atraer a otras”

Carlos Suárez, junto a la entrada del ISPA.

Carlos Suárez, junto a la entrada del ISPA.

Jefe del servicio de Otorrinolaringología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) hasta su jubilación en 2014, Carlos Suárez Nieto es el director del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA), uno de los principales cimientos sobre los que quiere crecer el polo biosanitario que se está generando en el entorno del hospital de La Cadellada. Con 47 grupos de investigación activos y alrededor de 700 científicos vinculados, el ISPA está integrado el propio HUCA, el Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA), las consejerías de Salud y de Ciencia, la Universidad, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Fundación para la Investigación e Innovación Biosanitaria de Asturias (FINBA). Biotecnología y análisis biomédico; cáncer; cardiología, respiratorio y renal; inmunología, microbiología e infección; metabolismo, y neurociencias y órganos de los sentidos son sus grandes áreas para la investigación de excelencia.

–La pandemia de coronavirus ha supuesto un reto sin precedentes para la investigación sanitaria a nivel mundial. ¿Ha respondido adecuadamente?

–Nunca antes se había dado respuesta a un problema tan gordo en tan poco tiempo y, además, con tanta eficacia. Las vacunas, que hasta ahora se tardaban hasta cinco años en desarrollar, han estado listas en diez meses, un récord absoluto en cuanto a tiempos, pero también en eficacia. Una vacuna se considera eficaz cuando tiene éxito en el 50 por ciento de los casos y éstas tienen más del 90 por ciento.

–Esos resultados ya deberían marcar un antes y un después en la percepción que se tiene de la ciencia y en el presupuesto que se le destina. ¿Cree que será así?

–Lo que ha pasado ha marcado tanto a la sociedad como a los gobernantes. En España nunca se ha considerado la importancia de la ciencia. Los científicos han tenido que ir penando por ahí, pese a que los hay buenísimos, con unos recursos mínimos y sin que los gobiernos se preocuparan por incrementar los fondos como hacen en otros países, donde la ciencia sí es considerada estratégica y se apuesta realmente por ella. La pandemia supone un aldabonazo para que la sociedad en su conjunto valore y se preocupe más por la ciencia, ya que su salud y bienestar van a depender de ella. Incluso diría que también en lo que se refiere a los puestos de trabajo, porque si en vez de centrarnos en construir casas creamos un sector científico potente generaremos empleos de mucha calidad.

–Eso es lo que se busca en la ya conocida como “milla de la bata blanca” del entorno del HUCA. ¿Le ve potencial?

–Sí. Si uno va, por ejemplo, a Cambridge, una de las mejores universidades del mundo, hay centros de investigación, algunos monográficos, y alrededor de ellos se han ido implantando empresas importantes. Lo mismo pasa en Oxford. La vacuna AstraZeneca contra el covid la hicieron sus investigadores. Lo ideal es que alrededor del HUCA, del Instituto de Investigación Sanitaria, de la FINBA y de otros centros como el Instituto de Lácteos, que se va a mudar a Oviedo, aparezcan iniciativas empresariales. Pero no solo startups. Se necesitan también compañías más grandes, que tengan un efecto tractor para que lleguen otras. La ciencia se configura cada vez más en bioclusters, en agrupaciones de centros sanitarios, de investigación y empresas ligadas al ámbito biosanitario. Es lo que ya sucede en otros países.

–El ISPA es uno de los principales pilares sobre los que asentar ese gran polo biosanitario de Oviedo. ¿Cuántos científicos tiene y a qué se dedican?

–A través de la FINBA hay unos cien investigadores. Pero si sumamos a los profesionales que dependen de la Universidad, el HUCA y de otros organismos que están vinculados al Instituto, tenemos unos 700, que serían 800 si contamos también a los de atención primaria y enfermería. Trabajamos en seis áreas de investigación, con 47 grupos distribuidos en tres categorías. En el nivel superior hay 28 grupos consolidados. Los emergentes tienen una exigencia menor, ya que en su mayor parte los forman investigadores todavía jóvenes pero que ya despuntan. El tercer grupo es el de los asociados, que hacen ensayos en general pero sin que haya proyectos de investigación.

–¿Qué lugar ocupa la investigación sanitaria de Asturias en el panorama nacional?

–En estos momentos estamos inmersos en un proceso para lograr la acreditación del ISPA por el Instituto Carlos III. Para ello, hemos recopilado los datos que reflejan nuestro posicionamiento científico en muchas materias. Es decir, sabemos lo que tenemos y lo que tienen otros. Si hay treinta institutos estaremos entre el puesto diez y el doce. Estamos por encima de la media, con grupos de reconocimiento internacional como el de Carlos López Otín.

–Uno de los grandes desafíos de la investigación es la transferencia a la sociedad del conocimiento. ¿Queda mucho?

–Un objetivo fundamental del ISPA es la investigación y la innovación de alta cualificación de forma interdisciplinar con sectores tecnológicos para acelerar la transferencia desde los laboratorios a las aplicaciones y productos. En este aspecto, hemos creado un comité de innovación en el que se integran algunas compañías tecnológicas, con estrategias y determinados equipamientos tanto para el proceso de desarrollo de una idea como para las pruebas.

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