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"Mucha gente solo necesita hablar": así es el trabajo de los voluntarios de Cruz Roja que atienden a personas sin hogar

El proyecto “Ola de frío”de Cruz Roja ha atendido este año a 42 personas sin hogar en 219 intervenciones en Oviedo

"Mucha gente solo necesita hablar": así es el trabajo de los voluntarios que atienden a personas sin hogar en el proyecto "Ola de frío" de Cruz Roja Amor Domínguez

Pedro Hermosa tiene 22 años y es uno de los voluntarios más jóvenes de Cruz Roja en Asturias. Empezó a colaborar poco después de cumplir la mayoría de edad. Su objetivo: llenar las horas libres que ocupaba con el deporte hasta que llegó a la Universidad. “Dejé de hacer algunas actividades por falta de disponibilidad pero con el voluntariado puedes hacer acciones puntuales. Al final me gustó y aquí sigo”. Este joven estudiante de Ingeniería Mecánica es uno de los 15 voluntarios que participan en el proyecto “Ola de frío” de Cruz Roja. “En las coberturas deportivas por ejemplo te llevas la parte más bonita del voluntariado pero esto es más crudo. Aquí ves muy de cerca a la gente y vives situaciones muy diversas que a veces son difíciles de llevar”, explica.

Los voluntarios salen a la calle de once a dos de la madrugada, siempre que la temperatura a esa hora sea de cinco o menos grados. En el coche llevan mantas, bebidas autocalentables, comida o mascarillas para dar respuesta a las personas que están viviendo en la calle. “Además de la ayuda que nosotros les proporcionamos, mucha gente solo necesita hablar con alguien porque están muy solos”, lamenta Pedro.

"Mucha gente solo necesita hablar con alguien porque están muy solos”

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A finales de cada semana los voluntarios informan de su disponibilidad para los siguientes días y así se elabora el cuadrante de salidas. Los equipos de intervención están formados por dos personas para agilizar el reparto. El compañero de Pedro es uno de los más veteranos de Cruz Roja. “Oficialmente llevo colaborando 38 años, desde 1982. Al final esto se convierte en una rutina”, asegura. J.M.R.S no quiere dar su nombre ni más detalles pero se sabe de memoria en qué cajeros o zonas de la ciudad duerme gente las noches de frío. “Este año no estamos viendo a la misma gente que otros. Solamente hay una pareja que ya conocíamos”. Su turno de trabajo en el Sespa empieza a las siete de la mañana así que su objetivo en las noches de ronda es atender al mayor número de gente posible. “Hacemos todo lo posible por ayudar pero no podemos pararnos a indagar en sus vidas”, puntualiza.

Pedro Hermosa con algunos de los materiales que reparten cada noche entre las personas sin hogar Luisma Murias

En 2020 los voluntarios del proyecto “Ola de frío” llevaron a cabo 225 intervenciones y en lo que va de año ya llevan 219 en 17 salidas en las que han atendido a 42 personas. Cuando las temperaturas se desploman, las personas que viven en la calle se refugian en portales y cajeros principalmente, al abrigo de la poca ropa que llevan y unos cartones. “Los sitios cambian cada día y con cada persona por eso nuestra ruta no es siempre la misma. Ahora ya no se ven grupos grandes en los cajeros pero hay desde mayo hay varias personas que pasan la noche en el entorno del Palacio de los Niños, una ubicación en la que nunca habíamos actuado”, cuenta Pedro.

En 2020 los voluntarios del proyecto “Ola de frío” llevaron a cabo 225 intervenciones y en lo que va de año ya llevan 219 en 17 salidas en las que han atendido a 42 personas

Las asambleas de Cruz Roja de Asturias participan en esta iniciativa desde hace más de 15 años. En la mayoría de los municipios cuentan con la colaboración de los ayuntamientos a través de los servicios sociales y la policía local. La crisis del coronavirus está recrudeciendo la situación de las personas sin hogar, una situación que ha llevado a Cruz Roja a reforzar sus dispositivos de atención. “El miedo cuando llegó la pandemia lo teníamos todos, era imposible no tenerlo”, reconoce Pedro. “Los voluntarios del albergue Ramón Menéndez Pidal se llevaron la parte más dura. Yo no tuve disponibilidad para ir así que en cuanto arrancó este programa tenía claro que quería colaborar y no me lo pensé”. Su compañero también dió un paso al frente en los momentos más duros de la pandemia ayudando a llevar alimentos o medicinas a las personas que necesitaban ayuda o permanecían confinadas en casa. “Yo seguiré de voluntario hasta que la muerte nos separe”, sentencia.

La mayoría de las personas que los voluntarios atienden en la calle son hombres de entre 40 y 50 años. “No hay una experiencia concreta que sea la más dura, lo complicado es ver cómo perfiles muy diferentes pueden acabar durmiendo en la calle. Hay de todo, hombres, mujeres, profesionales con carrera universitaria y personas que no han podido despegar en el ámbito laboral. Lo más difícil es pensar que cualquiera de nosotros podría llegar a la misma situación”. 

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