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Fallece la escritora Blanca Álvarez, que deja un legado de 127 obras publicadas

La autora, que había sufrido dos ictus se inició en la vida literaria en Oviedo y en los últimos años había triunfado en Latinoamérica

La escritora asturiana Blanca Álvarez

La escritora asturiana Blanca Álvarez

Había sufrido dos ictus seguidos hace tres años y el confinamiento no ayudó en el proceso de recuperación. En la madrugada de ayer, a los 63 años de edad, la escritora Blanca Álvarez escribía su última página. Fallecía en Oviedo cuando aún no había amanecido el día de San Valentín, fecha que a buen seguro no aprobaba en el aspecto comercial pero sí como firme defensora del amor. Porque si hay una palabra que define a esta mujer sería la de “luchadora”.

Blanca Álvarez es una de las voces más prolíficas de la literatura asturiana de las últimas décadas. Con su firma quedan un total de 127 obras publicadas y la sensación de que no obtuvo en Asturias, su tierra, ni en España, su país, el reconocimiento que se merecía. Sí que obtuvo mayor aplauso en Latinoamérica donde su obra se había convertido en exitosa en los últimos años.

Luchadora y visceral, como la recordaba ayer su hermana Begoña, la escritora cultivó todos los géneros de la literatura, de la poesía erótica, con la que se dio a conocer, al periodismo deportivo. Sus primeras publicaciones iban dirigidas al público adulto. Así publicó “La agonía de los deseos”, “Las niñas no hacen ruido cuando mueren”, o “Sarajevo-Berlín, billete de ida”.

Si hija Iria, que ayer viajaba desde Holanda a Asturias, recordaba durante el trayecto cómo su madre le contaba “que de joven iba al Campo San Francisco con sus amigos músicos y poetas y pasaban las horas junto a una osa que me contaba que vivía allí”. Era la osa Petra. La pasión de su madre por la literatura le llevó a establecer contacto con la tertulia de Oliver.

La literatura era su vida y logró vivir de ella, aunque fue una lucha constante.

Un fallo multiorgánico puso fin a su vida. “Era pura energía y determinación”, resumía ayer su hija. “Cuando se le ponía algo por delante iba con todo contra ello para poder seguir su camino”. Iria recuerda a una madre cariñosa con un gran apego a la infancia. “Los años de niña en Cartavio (Coaña) fueron de los mejores de su vida”, explicaba Iria de una escritora que además de gran madre “era la mejor amiga que podías tener”.

La hija de la autora explica que cultivó todos los géneros. “Siempre fue una apasionada de la literatura, hace poco pedí un informe a Cedro (asociación de autores y editores de libros, revistas, periódicos y partituras) y el listado de obras de mi madre era de 127 títulos”. Obras surgidas de la pluma de “una devoradora de libros y de historias”. Transitó por la novela negra, decía que “Las herejes”, publicada en 2015, “era la primera novela negra feminista de la historia”.

Una luchadora que en el último año de su vida se tuvo que enfrentar a una pandemia, algo que ni siquiera ella hubiese imaginado para sus obras de ficción. Hoy su familia la despedirá en Gijón en una ceremonia íntima.

“creía en el poder de la mujer como movimiento de cambio” y que “defendía que todos somos iguales pero para llegar a la igualdad había que reclamar nuestro lugar (el de las mujeres”. Por eso luchó durante toda su vida por las mujeres, y lo hizo hasta el final. En los últimos tiempos había puesto en marcha un taller literario para mujeres en Grado, donde se había retirado en los últimos años.

Amelia Varcárcel: “Era una escritora sagaz, creativa e irreverente”

“Estaría bien que hoy habláramos del amor. Y lo haremos. Pero permitidme antes que recuerde y llore a una buena y querida amiga: Blanca Alvarez. Escritora, sagaz, creativa, irreverente”, así se despedía ayer en sus redes sociales la filósofa Amelia Varcárcel de su amiga Blanca Álvarez. Le dedicaba unos versos de Camões. Iría Álvarez fue quien informó a Valcárcel, con quien la escritora mantenía el compromiso feminista. “Escribió un libro de entrevistas a mujeres que si lo hubiese publicado ahora estaría trabajando en algún ministerio”, decía ayer su hija. Iria recuerda que su madre

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