Los platos de siempre como analgésico frente a una crisis nunca vista. Muchos hosteleros de Oviedo recibieron esta semana un “balón de oxígeno” para aliviar la debacle provocada por las restricciones sanitarias. El gran poder de convocatoria de las tradicionales jornadas del menú de Antroxu dejó cientos de encargos en unos establecimientos a los que solo el mal tiempo en determinadas jornadas les privó de mayor éxito. “Hubo clientes que pidieron pote hasta tres veces esta semana”, celebraba ayer Juan Cuesta desde los fogones de su bar de la plaza de la Catedral tras atender 450 encargos en apenas cinco días.

Los profesionales coinciden. La fórmula de éxito de estas jornadas es bien sencilla: “Todo depende de tener una buena materia prima”. Los pequeños empresarios llevaron a buen puerto esta máxima con su oferta a base de pote, picadillo, productos de la matanza y los postres estrella de la época. Los ovetenses no pudieron resistirse. “El pote gusta muchísimo y el picadillo está de muerte, es casero y viene de Morcín”, apuntó Cristina Quirós, muy satisfecha con las ventas gracias a las tradicionales jornadas que registró su negocio familiar, ubicado en la céntrica calle Fermín Canella.

Emilia Fernández Mallada, madre de las hermanas Quirós, fue la encargada de dirigir la cocina. Solo el sábado, salieron 42 menús. “El día fuerte solía ser el martes, pero este año, como no había desfile, la cosa estuvo más concentrada en el fin de semana”, subraya Cristina Quirós, ligeramente disgustada porque el mal tiempo impidió ayer un domingo de lleno en las terrazas, como ocurrió el sábado.

Según los restauradores, el menú atrapa tanto a los “fartones” como a los golosos. “Es una selección de platos muy contundentes, y, al menos en nuestro caso, ofrecemos los tres postres (arroz con leche, frixuelos y casadielles)”, apunta Mónica Quirós, hermana de Cristina.

Emilia Fernández y Nelson Hernández, ante una gran olla de pote.

Emilia Fernández y Nelson Hernández, ante una gran olla de pote.

En la calle del Peso, Chefi Bobes se pasó los últimos días recibiendo clientes que se marchaban bajo el brazo con grandes cantidades de pote y picadillo. “Estas jornadas siempre funcionaron y en un momento como este se agradecen más todavía”, apunta Bobes sobre el empujón recibido por la facturación de un negocio que permanece en Oviedo con sus comedores interiores cerrados a cal y canto.

Los emprendedores del sector ven positivas este tipo de jornadas, si bien admiten que en el caso del Antroxu se trata de un éxito excepcional, fruto de una larga trayectoria. “En nuestro caso funciona mucho mejor que los menús de San Valentín”, indica la experimentada cocinera, contenta a pesar de tener que redoblar las jornadas de trabajo para abastecer a los clientes durante estos días.

Tirón

Tal es el tirón de la vertiente gastronómica de esta fiesta invernal que algunos establecimientos decidieron reabrir sus terrazas de cara a esta semana, sabedores del potencial del pote y los productos porcinos para ayudar a cuadrar las desmadejadas cuentas de sus negocios. “Después del menú del Desarme, el del Antroxu es el que suele atraer mayor número de clientes”, apunta Alfonso Menéndez tras reabrir el martes su terraza de la calle Gascona para participar en las jornadas, después de varios meses de inactividad.