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“Este es el primer libro sin Conchita Quirós”

La librería Cervantes escribe las primeras líneas del segundo tomo de su historia tras el fallecimiento de la librera: “No es un final”

Los empleados de la librería Cervantes, junto al “altar” en honor a Conchita Quirós. | Ángel González

Los empleados de la librería Cervantes, junto al “altar” en honor a Conchita Quirós. | Ángel González

–Su marcha nos ha dejado huérfanos, muy solos –le responde una empleada a uno de los numerosos clientes que se acercan a la librería Cervantes a dar las condolencias por el fallecimiento de Conchita Quirós, a dejar su impronta en el libro de firmas que hay a la entrada y que, según pasan las horas, va llenándose de versos de tinta negra.

–¿Cómo que solos? ¡Con todo lo que tenemos aquí! Nos ha dejado todas estas historias, todas estas emociones... –le reprende otra trabajadora mientras señala los estantes de lomos coloridos. El alma de la “librera eterna”, fallecida el pasado miércoles, sigue en muchos de esos libros que acercó a tantos y entre las paredes del histórico establecimiento.

María José Rodríguez coincide en parte con su compañera. El fallecimiento de Conchita ha dejado un vacío de “orfandad” para una generación de trabajadores de Cervantes. Rodríguez lleva 35 años trabajando en la librería. Cuenta que empezó a la vera de Conchita siendo “una niña”, a la que su maestra y amiga educó, enseñó y transmitió su amor por el oficio y, sobre todo, por los libros. Lo mismo que a su sobrino, Alfredo Quirós Amieva, el tercero de la saga y encargado de capitanear un barco a punto de entrar en su segundo centenario. Esa era la voluntad de Conchita, explica el nuevo gerente de la librería, que el centenario no se viese como un final, sino como “un punto y seguido”. Conchita y su padre, Alfredo Quirós, fueron los encargados de firmar el “volumen uno” de la librería y, ahora, tras dos días de luto, el establecimiento volvió a abrir sus puertas para escribir las primeras líneas del segundo tomo de su historia.

Alfredo Quirós Amieva, heredero de la librería Cervantes, charlando con los clientes. | Ángel González

Cervantes es una vorágine de actividad. Tras el pequeño parón para despedir a la que ha sido el alma de la librería, no han dejado de crecer. Una máxima de la empresa desde que Conchita Quirós asumiese el mando y con la que parece seguir su sobrino. A la veintena de empleados que se afanan en mover, cobrar y colocar libros, se suman los operarios que están haciendo obras en el establecimiento. Su labor es construir un ascensor que una las cuatro plantas de la librería. Otro ejemplo de que Conchita Quirós sigue presente, más allá de los cuadros y fotografías que estos días adornan el escaparate y el interior de Cervantes. También en espíritu. Ese ascensor era un deseo expreso de Conchita para poder subir a su despacho, situado –como el de los grandes ejecutivos– en la planta más alta.

Los clientes, además de transmitir su dolor y su afecto, hacen lo que es natural en una librería, comprar libros. “Se nota el cariño de la gente en eso también”, explica Quirós Amieva, “mucha gente está viniendo a llevarse un libro en recuerdo de Conchita”. Uno de esos clientes es Blanca Núñez, que asegura que en las primeras páginas de la novela “Gema”, de Milena Busquets, escribirá que es “el primer libro sin Conchita”, seguido de un “gracias”. A sus ojos, la deuda de la ciudad con la “librera eterna” es inabarcable. Ella, explica Núñez, fue un pulmón inagotable de “cultura” y, sobre todo, “de aire fresco”.

Dos empleados subiendo cargando libros en Cervantes, con una fotografía en recuerdo a Conchita Quirós en primer plano. |Ángel González

El apellido Busquets, le recuerda a Alfredo Quirós Amieva la labor de su tía con tantos escritores y editores a los que “engatusaba” para acabar siendo visitantes e incluso acólitos de la librería. Conchita, recuerdan, no solo conseguía que las mejores plumas desfilasen por Cervantes, también las descubría. Así Julia Navarro o Jesús Carrasco recibieron algunos de sus primeros “empujones” con las palabras de ánimo de la librera que, desde sus primeros tomos, vio futuro en aquellos nombres. “Vas a tener muchísimo éxito”, se dice que le susurró a la propia Navarro a quien, al poco tiempo, le aprobaron la segunda edición de su primera novela. Desde entonces, la escritora no dejó de presentar sus libros en Cervantes porque “le daba suerte”. Quienes más conocían a Conchita, sus trabajadores, aseguran que “estas historias son incontables”. Lo mismo ocurrió con editoriales y proyectos asturianos a quienes, como recuerdan sus protagonistas, Quirós siempre brindó su apoyo y sus palabras de entusiasmo. Mónica Vacas, de Aventuras Literarias, asegura que sus mapas no habrían llegado a toda España de no ser por el entusiasmo incorruptible de los ojos de Conchita. La librera, al conocer su trabajo –que entonces era poco más que un pasatiempo– no tardó en animarle a dejarlo todo porque vio en ellos un futuro.

Conchita Quirós tenía un mucho de esto y más de aquello. Mucho de mentalidad de tiburón de los negocios, haciendo crecer una librería de provincias hasta colocarla en el mapa nacional y más de amante de la literatura. La librera dejó un poco de sí misma en muchos de esos libros que acercó a tantos. Literal y metafóricamente. En un día para las anécdotas no podía faltar la de su viaje de juventud a Francia y su importación a Asturias –o a España– de una tendencia que se convirtió en obligación: liberar los ejemplares de los mostradores que los protegían, entregárselos a las manos y la inspección de los clientes. Ahora, “solo queda que alguien escriba un libro sobre Conchita”, le dice la clienta Rocío Iglesias a Quirós Amieva. Él no tarda en responder que ya hay alguien en ello, la editorial Uve Books.

Así era el predicamento de Conchita Quirós. Editores, escritores y competidores acusaron el miércoles el golpe. El vacío de haberse quedado sin un referente, una consejera y una guía. “Pese a tener 85 años tenía más vitalidad y empuje que yo”, recuerda Jorge Salvador, de la editorial asturiana Pez de Plata. Así, todos la recuerdan como una mujer imparable, arrolladora, moderna, visionaria, vital. Daniel Álvarez, de Hoja de Lata, coincide con su colega en que el apoyo de Conchita y de la librería Cervantes fue capital para echar a rodar la editorial.

Ni siquiera la rivalidad con los competidores –“que siempre fue sana”, como recuerda Julio Rojo, de la librería Ojanguren– mancilló la “admiración” que siempre tuvo por ella el gremio ovetense. María Jesús Polledo, de la librería Polledo, recuerda la “época dorada” de las librerías ovetenses; un capítulo que nadie quiere que se cierre con la marcha de Conchita quien, “sin duda”, ha sido su máximo exponente durante estos años.

Igual que Alfredo Quirós le cedió la antorcha a Conchita falleciendo meses antes del 75 aniversario de la librería, ahora ella se la devuelve a su sobrino. Este, asegura Luis Martín, de la librería Maribel, “está sobradamente preparado para seguir al timón de Cervantes”. La actual presidenta de la asociación de libreros ovetenses, Mar Prieto, antigua editora y que ahora regenta la librería Reconquista, en pago por “el apoyo incondicional” de Conchita quiere que la edición de LibrOviedo, este año, gire en torno a su figura.

Pero en Cervantes insisten. Esto, igual que el centenario, no es un final. Es un punto y seguido.

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