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El sonido de la OSPA vuelve con su público

La supresión del cierre perimetral dejó una entrada mejor en el recital de ayer, marcado por la “Escocesa” de Mendelssohn

La OSPA, ayer, durante su concierto en el Auditorio. | LNE

La OSPA, ayer, durante su concierto en el Auditorio. | LNE

No era un concierto didáctico, pero la sesión de abono de ayer de la OSPA en el Auditorio tuvo casi ese contexto. Tres obras bastantes conocidas (“Dumbarton Oaks” de Stravinsky, el Concierto para violín n.º 1 en la menor, BWV 1041 de Bach y la Sinfonía número 3 op. 56, “Escocesa”, de Mendelssohn) dieron pie al director Óliver Díaz a hilar una introducción en la que puso en contexto y estableció relaciones en el programa. Fue, además, una velada en la que la supresión de los cierres perimetrales en Oviedo se notó en un público más numeroso que aplaudió con ganas las interpretaciones de la orquesta y su gran sonido romántico, especialmente brillante con Mendelssohn.

Díaz explicó que tratándose de tres obras de tres siglos distintos había un nexo en común que iba de lo que fue un encargo en Stravinsky, donde se nota la fascinación por Bach, y cómo Mendelssohn remitía a los cuadros de Turner e incluso se podían entender los movimientos como lienzos de atmósferas, costumbristas y de grandes batallas.

De “Dumbarton Oaks”, composición para orquesta reducida dentro de los cánones de la estética neoclásica, se puede decir que es difícil y no muy agradecida. Ayer también fue así, aunque Óliver Díaz y la orquesta marcaron bien las entradas y se entendió muy bien ese juego casi de fugas, donde los profesores de la OSPA mostraron seguridad en las cuestiones rítmicas.

La violinista de la orquesta Eva Meliskova protagonizó el Concierto para violín n.º 1 en la menor, BWV 1041 de Bach, donde se le notó un poco insegura, en especial en el primer movimiento. La orquesta, que también estuvo en esta parte del programa en un formato reducido, se mostró en ocasiones excesivamente densa. Con todo, al público le gustó mucho Bach, aplaudió mucho, y Meliskova se desquitó con el bis, de nuevo Bach, Partita para violín solo n.º 2, BWV 1004, “Sarabanda”, donde sonó firme, decidida.

El cierre, con Mendelssohn, era lo más apropiado para ese repertorio romántico tan del gusto de la OSPA, con una sonoridad muy grande, donde la orquesta suele moverse muy cómoda. Ayer también sucedió así. Con gran belleza en los temas y un tercer movimiento especialmente expresivo.

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