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Un refugio covid en el Cristo

La residencia juvenil Menéndez Pidal, acondicionada por el Sespa, acoge positivos que no tienen dónde guardar una cuarentena segura

Positivos asturianos o turistas en aislamiento: la residencia Ramón Menéndez Pidal se convierte en un recurso pionero para luchar contra la covid Amor Domínguez

Cuando un grupo de marineros indonesios contrajeron el covid en un barco pesquero atracado en El Musel la consejería de Salud decidió trasladarlos a Oviedo. Sin domicilio en España, sin un lugar seguro en el que guardar la cuarentena y sin la posibilidad de trasladarlos con garantías a su país de origen, pero con un cuadro tan leve que no requería ocupar una cotizada cama de hospital, solo quedaba una opción: la antigua residencia de estudiantes Menéndez Pidal. En el barrio del Cristo hay un desconocido recurso para aquellos que deben aislarse pero no tienen cómo, el clausurado albergue juvenil que se ha convertido en una de las primeras líneas de contención de la pandemia.

En marzo se acometió su primer acondicionamiento para que las personas sin techo tuviesen un lugar en el que pasar la cuarentena. Pasada la primera ola se detectaron otras necesidades ¿qué hacer con aquellos que son contagios leves en estado de tránsito? Con los turistas, los deportistas o los trabajadores que vienen al Principado desde otra comunidad u otro país... ¿Qué con aquellos que tienen domicilio cerca pero no cumple los requisitos para guardar una cuarentena segura? En lugar de levantar un nuevo equipamiento se tiró de lo existente, la antigua residencia recibió un lavado de cara de la mano de los servicios centrales del Principado y se convirtió en una casa covid. Sus 58 habitaciones repartidas en tres plantas ofrecen resguardo a pacientes infectados, contactos estrechos e, incluso, hay una planta habilitada para el personal sanitario que, por diversas circunstancias, necesite alojarse en la ciudad durante un tiempo. Hay habitaciones individuales y otras acondicionadas para que pueda “ingresar” una familia.

La residencia Menéndez Pidal del campus del Cristo. | Miki López

El equipamiento, que cuenta con celadores y trabajadores sociales del Sespa, tiene ahora mismo solo dos pacientes infectados por covid, su estado es muy leve y reciben asistencia médica telefónica desde el centro de salud del Cristo. De las comidas se encarga el HUCA, que diariamente traslada en neveras termorreguladas el mismo menú que se sirve en los pasillos del hospital. E, igualmente, personal del Hospital se traslada hasta la residencia Menéndez Pidal para hacer las PCR necesarias a los pacientes internados antes de darles el alta.

Al frente del operativo están Rodrigo Escribano, el ingeniero encargado de los servicios centrales del Sespa y Sergio Naredo, responsable del centro. Naredo, que es quien se encarga del acompañamiento de los pacientes relata que la residencia recibió un segundo acondicionamiento a raíz del internamiento del primer paciente. Este, cuenta el trabajador social, era un chico joven que “inmediatamente” pidió una televisión y un servicio de wifi. La petición se elevó a la consejería que dio su visto bueno.

Desde entonces todas las habitaciones cuentan con estas comodidades. Algo que, apunta Escribano, no es suficiente para todos. Se dio el caso de una pareja salmantina que se encontraba haciendo turismo en el Principado cuando se contagiaron. A los tres días, cuenta el ingeniero, “pagaron una ambulancia de su bolsillo para volver a Salamanca”.

En la planta baja de la residencia dos guardias de seguridad controlan las entradas y salidas del edificio. Están allí para que nadie entre ni salga sin autorización pero, también, explican, para que colaborar a dar “altas forzosas”. Al igual que la pareja salmantina se fue por su propio pie también ha habido quien estaba tan a gusto que no quería irse.

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