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"Soy un superviviente", el testimonio del ovetense que volvió a andar tras un año en el HUCA

Los cirujanos del hospital reconstruyeron la columna vertebral del paciente utilizando huesos de fallecidos

En la imagen, el doctor Kelvin Piña, durante la última cirugía para reconstruir la columna de Jesús Álvares

En la imagen, el doctor Kelvin Piña, durante la última cirugía para reconstruir la columna de Jesús Álvares

"Me llamo Jesús Álvarez y soy un superviviente". Estas fueron las primeras palabras que pronunció este ovetense al salir del HUCA tras trece meses inmovilizado en una cama del hospital. El paciente, de 44 años, contrajo en 2019 una agresiva bacteria que terminó por destruirle más de dos vértebras de la columna y, gracias a un milagro quirúrgico y el esfuerzo de los médicos, pudo cruzar las puertas del hospital por su propio pie.

"Por el camino tres intervenciones, 45 horas de quirófano, meses y meses en la cama sin poder levantarme y tres oleadas de la mayor pandemia en los últimos cien años", relata Álvarez. El dolor que subía por la zona lumbar de su columna no podía ser aliviado por las visitas de sus familiares, a causa de una pandemia que vivió, íntegra, desde su epicentro en Asturias, el HUCA.

Todo empezó como "un fuerte dolor de espalda" en noviembre de 2019 que, pronto, devino en pesadilla. Cuando Jesús Álvarez cruzó las puertas del Hospital en enero, el covid sonaba a titulares lejanos que hablaban de una nueva enfermedad asiática. Durante los primeros meses en el HUCA, relata el ovetense, "ni el tratamiento ni mi evolución fueron los adecuados". Los tratamientos con antibióticos que se utilizan en patologías como la que estaba sufriendo no surtían efecto y la infección seguía avanzando sin remedio. Y, cuando la pandemia parecía dar un respiro, en verano le llegó el pronóstico fatal: "una severa infección" y se hacía necesaria la "corpectomía de dos vértebras", (una cirugía en la que era necesario retirarle los dos huesos de la columna).

En ese momento, cuenta el paciente, "estar prácticamente inválido ya no era el principal problema. Llegó un momento en el que peligraba mi vida". Afortunadamente, cuenta el ovetense, en su vida se cruzó la del internista del HUCA Enrique Carús. Fue este quien, percatándose de la gravedad de la situación, no cejó en su empeño de encontrar una solución quirúrgica. "Nunca le estaré lo suficientemente agradecido", apostilla Álvarez. Desde entonces, el internista, supuso "un apoyo fundamental en la carrera de fondo" de su recuperación.

El bisturí lo puso el neurocirujano Kelvin Piña que, también, reconoce Álvarez, fue otro pilar fundamental en su recuperación, no solo por su pericia en el quirófano, también por "su optimismo contagioso". "Kelvin, lo llamaré así porque le considero mi amigo, no escatimó las visitas, incluso fuera de su horario laboral y en muchas ocasiones sin otro pronóstico que mantener una charla para animarme", explica el paciente, que no desaprovecha la oportunidad de manifestar su apoyo "a una sanidad pública que, ahora más que nunca, salva vidas". El neurocirujano del HUCA fue el encargado de dirigir las tres cirugías, que consistieron en la reconstrucción de más de dos vértebras lumbares del paciente con huesos de cadáveres, una compleja intervención que resultó exitosa. Y el paciente, que no era capaz de tenerse en pie y parecía estar abocado a una vida en silla de ruedas, pudo cruzar las puertas del hospital por su propio pie el pasado jueves. Actualmente, se encuentra en su domicilio y, relatan los médicos, no parece tener ninguna secuela.

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