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La calle de Oviedo que mejor resiste la crisis

“Es una zona viva con mucha gente que pasa y compra”, dicen los propietarios de los negocios

La calle González Besada, ayer al mediodía.

La calle González Besada, ayer al mediodía. Luisma Murias

“Somos una zona viva, lugar de paso hacia el Fontán, hay muchos vecinos con cierto poder adquisitivo que pasan y compran y estamos especializados en sectores menos golpeados por la crisis”. Así explica Pepe Álvarez las que a su juicio son las claves para que González Besada sea una de las calles que mejor está resistiendo los envites de la pandemia. Casi todos los bajos del tramo comprendido entre la plaza de San Miguel y Muñoz Degraín están ocupados y cargados de vida. Una imagen que a día de hoy contrasta con los cierres de muchos establecimientos en emplazamientos tradicionalmente comerciales como las calles del centro.

Pepe Álvarez, a la izquierda, sirviendo un producto en su tienda de alimentación a José Antonio Sánchez. | Luisma Murias

Álvarez y su mujer, Beatriz Barrero, se lo pensaron mucho antes de abrir su novedoso negocio de venta de alimentación a granel. Durante dos años elaboraron un intenso estudio de mercado y todos los indicadores llevaron a apostar por González Besada. “Llegamos a la conclusión de que era el mejor lugar para un negocio así”, apunta Álvarez, que entonces se debatió entre su actual ubicación y otras vías como Valentín Masip para arrancar con la tienda.

El creciente número de cierres en otras calles más céntricas no hace más que reafirmar el acierto del estudio. “Me da mucha pena ver cómo en la calle Asturias o Cervantes muchos bajan la persiana”, confiesa Álvarez, confiado en que ambas zonas recuperarán su esplendor comercial. “Estamos ante una laguna de uno o dos años”, indica el pequeño empresario.

José Manuel Casero en la puerta de su tienda de colchones de González Besada. | Luisma Murias

Para José Manuel Casero, propietario de una tienda de colchones de la calle desde hace 25 años, hay varios factores que convierten a González Besada en una excepción frente al negativo contexto actual. “Hay muchos parkings, los vecinos son gente con bastante poder adquisitivo y existen muchos negocios antiguos en los que la gente confía”, explica un hombre que en la pasada primavera hizo su particular agosto. “La espuma de los sofás se agotó tras el confinamiento”, explica un hombre que también recibió muchos clientes en búsqueda de camas más cómodas. Otros apuntan a la cercanía de instituciones y servicios públicos como causa del gran trasiego existente en esta vía. “Tenemos al lado el Seminario, la Cámara de Comercio o el Vicerrectorado de Estudiante de la Universidad de Oviedo”, explica Eduardo Rodríguez desde su tintorería. Rodríguez admite haber pasado una mala época con la llegada del coronavirus, que ahora trata de superar con ayuda de sus clientes incondicionales. “Sin comuniones, bodas y todo tipo de actos se nos cae la facturación”, apunta un empresario al que el hecho de ser declarado esencial le jugó una mala pasada. “Podíamos abrir, pero no teníamos clientes”, subraya. En el caso de Ricardo Rodríguez, su ferretería especializada en iluminación es un claro ejemplo de resistencia frente a sectores al alza como la compra por internet y las grandes superficies. “Son una competencia feroz, pero resistimos gracias a la confianza de nuestros clientes”, apunta después de 16 años despachando a los generosos clientes de la zona. “Hay mucha población, en su mayoría de edad avanzada y con la vida solucionada”, indica como condicionante de la buena marcha de la mayoría de los negocios de la zona.

Eduardo Rodríguez atendiendo a Conchi de la Vega en su tintorería. Luisma Murias

Repunte postcuarentena

Al igual que varios colegas, Rodríguez tuvo en la época posterior a la cuarentena un pico de ventas. “La gente se acostumbró a estar en casa y hacer cosas de bricolaje y mejoras”, comenta el emprendedor que durante un par de meses se hinchó a vender materiales de ferretería cuya demanda ha caído en los últimos tiempos. “Febrero está siendo bastante malo”, puntualiza. Si en algo coinciden todos los pequeños empresarios consultados por LA NUEVA ESPAÑA es en que el movimiento de la calle tiende a concentrarse en horario de mañanas. “Desde que empezó esto de la pandemia a partir de las seis de la tarde apenas hay gente en la calle”, subrayan los dueños de los negocios, cada vez más acostumbrados a tener mañanas movidas y jornadas vespertinas demasiado tranquilas. “La gente debe dormir la siesta o algo”, bromea José Manuel Casero. Por su parte, los vecinos apuntan a la gran cercanía de los tenderos como la fórmula del éxito del comercio local. “Te fías de ellos porque son negocios con solera y que conocen nuestros gustos”, admite Rosario Vázquez a la salida de una floristería de la que Fernanda Vallina también sale muy satisfecha con el servicio. “No hay nada como las tiendas de siempre”, sentencia “una cliente fiel”.

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