“Enseñar a pescar en vez de dar peces”. De ese modo puede resumirse la filosofía de un nuevo programa basado en técnicas de coaching, puesto en marcha por Cáritas, para ayudar a salir de su situación a familias en modo vulnerable. Las actuaciones se centran en ayudar a las familias a través de una terapia llamada bioneuroemoción. “Hace un par de años decidimos intervenir en innovación social y este es uno de los resultados”, indican desde la Fundación. Caritas ha bautizado el programa como “Pausa” y lo plantea como un acompañamiento integral a las familias para paliar lo que ya se denomina transmisión intergeneracional de la pobreza (TIP).

“La bioneuroemoción estudia el significado biológico de los síntomas que se manifiestan en nuestro cuerpo, comprendiendo que en la naturaleza todo es información y, de algún modo, esta información se establece mediante aprendizajes en nuestro inconsciente”, indica Enric Corberá, director del Instituto Español de Bioneuroemoción.

La ONG de la Iglesia viene denunciando desde hace años la existencia de ese fenómeno de Transmisión Intergeneracional de la Pobreza, que no es otra cosa que la herencia de las situaciones de exclusión de padres a hijos. “En la atención a las familias en Cáritas detectamos que son muchos los hijos de padres que ya estuvieron con la institución y que vienen a solicitar apoyo, queremos revertir esas situaciones”, señalan. La pobreza se convierte así en un ciclo, con generaciones que no salen de un mismo estilo de vida, o un ambiente concreto”, agregan fuentes de la entidad.

Este fenómeno se recrudece en las familias monoparentales, porque las dificultades las vive una sola persona, sin alguien con quien distribuir la responsabilidad. En algunas ocasiones incluso, esa figura con quien se debería compartir, en vez de ayudar, genera más conflicto.

El programa se lleva a cabo con la colaboración económica de la Fundación Mutua Madrileña, que financia este año 36 proyectos con un millón de euros, entre ellos el que tiene lugar en Oviedo, con una aportación de 30.000 euros.

En este intento de prevenir esa “pobreza crónica” se empezó a trabajar con los padres además de con los menores, con formatos como escuelas de padres. La idea era acompañarles en el camino de la crianza. El programa detectó que, además de ser padres y madres, son personas con propias inquietudes y vivencias que, a veces, les dificultan aún más esa crianza.

Se puso el foco de atención en ellos, y se comenzó a ver a la familia como el sujeto directo de la acción. Lo anterior, llevó a comenzar una nueva experiencia en el acompañamiento a las familias y los menores.

Participan miembros de familias en situación de exclusión, pero también voluntarios de Cáritas y técnicos que realizan el mismo itinerario. “‘Pausa’, como su nombre indica, representa parar, coger aire, mirar un poco cómo está la persona internamente para continuar en el camino. Parar para poder seguir avanzando. Crear un espacio en el que se acompaña a una serie de personas, participantes de otros programas”, explican en Caritas.

Ese trayecto se inicia con un proceso de introspección, de mirada hacia el interior. Debido algunos de los cursos han tenido que impartirse do modo telemático y también con sesiones individuales de acompañamiento con todas las herramientas del proyecto. La experiencia se ha llevado a cabo en Gijón, Oviedo, Avilés y Mieres, de manera simultánea y han participado cuarenta personas.