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“Giselle”, de Aragón al Campoamor

La Compañía Nacional de Danza presenta en Oviedo la “obra maestra” del ballet clásico pasado por el Romanticismo español

Una escena de “Giselle” en el Campoamor. | CND

Una escena de “Giselle” en el Campoamor. | CND

El mito de la danza “Giselle” se convierte en niña entre los bosques de Aragón y, entre fajines y abanicos, se desliza hasta Oviedo de la mano de la Compañía Nacional de Danza. Con pasos cortos sobre las punteras Ana Calderón se pasea sobre las tablas del Campoamor rompiendo las hojas secas del decorado. El coreógrafo y director de escena, Joaquín de Luz –que fue primer bailarín del New York City Ballet–, se encarga de actualizar el clásico de la danza romántica, de traerlo a España y de tejerlo con los versos de Gustavo Adolfo Bécquer.

El clásico, estrenado en la Ópera de París en 1841, se situaba a la ribera del Rin. Ahora, actualizado de la mano del dramaturgo Borja Ortiz de Gondra, se pasea por ese bosque aragonés en el que “cae la lluvia con un son eterno”; como dicen las palabras del poeta romántico español a la entrada del primer acto. Y la coreografía, adaptándose a la geografía, incorpora elementos del baile aragonés. Las espadas se sustituyen por armas de fuego, y sobre los bailarines se suceden las proyecciones de cintas en blanco y negro que contrastan con los tonos pastel del otoño español. Un decorado entre el que se mueve también el bailarín Anthony Pina, encargado de meterse en el papel de ese Albretch castizo. En el foso, Oviedo Filarmonía es la encargada de llevar el peso de la música escrita por Adolphe Adam y actualizada por Oliver Díaz y el propio De Luz. Tanto los músicos como los bailarines arrancaron numerosos aplausos entre un público tan reducido por las medidas sanitarias como entregado. Entre palmas, ni un murmullo bajo la araña de cristal del teatro.

Tras la locura de la protagonista, el disparo del arma de fuego en lugar de la estocada y el breve receso, llega el segundo acto. Una segunda parte sobre la que, antes de comenzar la actuación, un entendido advertía en la platea: “No te la pierdas porque es una obra maestra”.

Más versos de Bécquer y el cálido otoño deja paso a un bosque más lúgubre y umbroso, a un clima más dramático. Cuando la orquesta, la compañía y el público respira tensión, a la tumba de Giselle llega Hilarión, interpretado por Isaac Montlor, y la trama, igual que Giselle, enloquece. Y otra asistente, menos entendida, a la puerta del Campoamor confirma eso de que la segunda parte de Giselle “es una obra maestra”.

El Festival de Danza en Oviedo continúa el 28 de abril con la “Compañía Käfig”, que presentará “Vertikal”.

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