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“El curso que viene, si hay restricciones, necesitaremos contar con 19 aulas más”, alerta el director del instituto de La Corredoria

“Funcionamos con el sistema de camas calientes de los submarinos, preparamos las aulas antes de que venga otro grupo”, explica Francisco de Asís Fernández

El IES de La Corredoria, el “submarino” de los centros de secundaria Elena Vélez

El ovetense Francisco de Asís Fernández Olanda tiene 40 años y lleva uno siendo el director del instituto de La Corredoria. Llegó en plena pandemia y se encontró con un centro masificado que lleva dos semanas generando titulares. Los padres y madres de alumnos ya están hartos y exigen soluciones inmediatas para evitar el “hacinamiento” de sus hijos mientras se construye el nuevo instituto prometido para el barrio.

–Dirige el instituto más saturado de Asturias.

–Eso parece. Este instituto tiene capacidad para albergar a unos 650 alumnos y estamos ya por los 952. Y eso en una situación de pandemia en la que tienen que entrar menos personas en los mismos espacios.

–Y el curso que viene llegan más alumnos.

–Según nuestras estimaciones, pasaremos de los mil. La verdad es que estamos preocupados. Tenemos tres colegios de referencia en el barrio, lo que supone una entrada de unos 230 alumnos todos los años. A eso hay que sumarle todos los estudiantes que suben de curso, con lo cual la velocidad de desalojo es inferior a la de entrada. Va a ser un cóctel muy complicado de gestionar si no tenemos alternativas espaciales.

–El Ayuntamiento ofrece los centros sociales para que den clase los institutos con problemas de espacio, ¿le parece la solución?

–Estamos en una situación de emergencia, casi en una situación de guerra. A grandes males, grandes remedios. Cualquier alternativa espacial para dar clase presencial y diurna sería bienvenida. Hay muchas opciones, pero todas ellas tienen una carga económica. Y eso ya no es un problema técnico, es un problema político.

Francisco de Asis Fernández, director del instituto de La Corredoria. | E. V.

Francisco de Asis Fernández, director del instituto de La Corredoria. | E. V.

–También se han puesto sobre la mesa otras alternativas para el caso IES de La Corredoria, como el edificio del mercado, el centro social “El Cortijo” o la nave que ha dejado libre un supermercado, ¿cuál es la mejor?

–Si el año que viene vuelven las clases normales vamos a necesitar un mínimo de siete aulas grandes más. Pero si siguen las restricciones el número aumentaría a diecinueve. Parece ser que en El Cortijo se podrían instalar cinco, pero no es suficiente. No es mi labor decidir sobre estas cosas, pero mi opinión es que en el mercado de La Corredoria se podrían llegar a habilitar hasta quince espacios. Lógicamente esto tendría que ser supervisado por la consejería y por técnicos de prevención de riesgos, pero los primero que hay que conseguir es que se coordinen el Principado y el Ayuntamiento.

–¿Y si se instalan aulas prefabricadas en el patio?

–Sería otra opción. También se podría desplazar a los alumnos en autobuses a otros centros con más espacios, pero eso no es competencia mía.

–La asociación de padres y madres ha dicho que la saturación ha convertido el centro en un caos, ¿es cierto?

–El centro no es un caos porque, por suerte, cuento con un equipo docente maravilloso y hemos sido capaces de organizarlo todo con orden a pesar de las circunstancias. Hay mayor orden y disciplina que nunca. En esto también tienen mucho que ver los propios alumnos, que están colaborando de manera muy seria y muy responsable, y también sus padres, que están ejerciendo una labor proactiva en materia de prevención. Todos estamos remando en el mismo sentido, es más, somos un instituto que es una referencia en cuanto a organización en el contexto covid para el propio Servicio de Salud del Principado de Asturias. Además, fuimos un punto de referencia para toda la región en la lucha contra el maltrato de género, el departamento de Matemáticas ha hecho un trabajo extraordinario sobre mujeres matemáticas que se ha colgado en la web Educastur, teníamos de profesora a la recién nombrada directora del Museo Arqueológico... En este centro también hay muchas cosas buenas a pesar de la falta de espacio.

–¿Por qué son un referente para el Sespa?

–Entre otras cosas porque tenemos aulas burbuja, que están organizadas en torres burbuja y simultaneamente en recreos burbuja con tres marcos horarios. Es decir, tenemos un modelo de habitación y limpieza que está inspirado en un modelo de hábitat de submarino.

–¿Cómo dice?

–Los submarinos son un claro ejemplo de gestión de un sistema de población en un espacio saturado. Usan un sistema que se llama “cama caliente”. Vienen a ser jornadas de 12 horas, pero con un tiempo para la limpieza y la ventilación de los espacios. Nosotros tenemos tres marcos horarios, tres condiciones de habitabilidad y a la vez tenemos que sacar tiempo para preparar las aulas y tenerlas con todas las condiciones de seguridad antes de que llegue el siguiente grupo. Todo esto nos llevó a una especie de sudoku que solucionamos con el sistema de los submarinos. Yo soy un apasionado de la historia militar y lo conocía. Pero el mérito no es de la historia militar, es de la jefatura de estudios, que ha logrado encajar tres institutos en uno adaptando horas y espacios. Los alumnos entran a clase en horarios diferentes.

–Algunos incluso por la tarde.

–Sí. Al principio de curso decidimos instaurar un horario vespertino en consenso con los padres. No cabíamos y teníamos dos opciones: la semipresencialidad para Bachillerato o intentar dar una educación de mayor calidad por las tardes con los estudiantes en clase. Aunque genera problemas e impide en muchos casos la conciliación con la vida familiar, decidimos que era lo mejor para ellos. Aún así, está claro que existe un agravio comparativo con otros institutos en los que van a clase presencial por la mañana.

–¿En que medida afecta a los alumnos la semipresencialidad?

–En muchos aspectos. Para empezar, desde el punto de vista humano. A nivel de desarrollo biológico, los chavales a estas edades tienen una tendencia natural al contacto y a la comunicación. Uno de los principales efectos es que se está diluyendo la identidad de grupo. Hay más casos de ansiedad, de angustia, de abandono... Además, aquellos alumnos a los que les costaba más seguir el ritmo de trabajo en el modelo presencial tiene más problemas ahora.

–¿Le han dado una fecha para el nuevo instituto?

–Por lo que tengo hablado con profesionales del sector se tardaría un mínimo de 24 meses desde que se pone la primera piedra. Pero ni siquiera se sabe cuándo se va a poner esa primera piedra.

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