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La hostelería prevé un fin de semana festivo “desastroso” pese a los llenos para comer

La lluvia y las restricciones amenazan con dejar la facturación en un 20% respecto a los años previos a la pandemia: “Apenas subsistimos”

Varios clientes comiendo bajo las sombrillas de las terrazas de la calle Gascona, hoy a las tres y media de la tarde. | LNE

Varios clientes comiendo bajo las sombrillas de las terrazas de la calle Gascona, hoy a las tres y media de la tarde. | LNE

Mucho trabajo, pero poco o ningún beneficio. Así resumen los hosteleros ovetenses la Semana Santa más complicada de la historia para el sector. Si bien en 2020 los empresarios vivieron estas fechas cerrados a calicanto y malviviendo a base de ERTES, un año después el reto es tratar de maquillar las cuentas sin turistas, en contra de las malas previsiones meteorológicas y con unos aforos interiores reducidos al 50%. “Económicamente creemos que será desastroso”, indica Pedro Caramés, presidente de la asociación Bulevar de la Sidra, en la calle Gascona, convencido de que la facturación “no llegará al 20%” de la de los años de la normalidad porque, a pesar de los llenos en los comedores, los límites de aforo y horario están dañando las ventas.

El inicio del Jueves Santo fue esperanzador. “A falta de clientes de fuera, los de Asturias están respondiendo y tenemos muchas reservas”, indicó el presidente de la Ruta de los Vinos, Edén Jiménez, antes del chaparrón que, desde las tres de la tarde, obligó a muchos a refugiarse en las terrazas bajo carpas o directamente a irse a casa. “El día iba muy bien, pero ahora se ha complicado”, coincidían varios hosteleros consultados por LA NUEVA ESPAÑA tras una animada sesión vermú.

Los restaurantes se llenaron al mediodía. Aun así, la limitación de cuatro comensales por mesa, la reducción de aforos y el adelanto del cierre lastraron los intentos de sacar tajada. “Vivimos en una contrarreloj en la que solo tenemos hasta las ocho para sobrevivir”, comentaba con cierto tono pesimista Luis Casto Fano, quien ve esta semana festiva como una posible opción para “reducir un poco las pérdidas” ocasionadas por una pandemia que se le está haciendo eterna. “A ver si de esta ya se acaba”, añade con todas las esperanzas puestas en la vacuna y asumiendo unas medidas que, en cierta medida, entiende. “La situación sanitaria es muy grave”, puntualiza.

Aspecto del mercado del Fontán en la mañana de hoy. | LNE

Si bien los locales de Gascona presentaron la demanda más multitudinaria en las horas centrales del día, el Antiguo también se benefició del tirón del Fontán y sus comercios más emblemáticos. Además de casi todas las terrazas llenas, así como muchos pinchos, cafés y refrescos desfilando en las bandejas de los camareros, por allí pudo verse algún que otro turista nacional y extranjero. “No sé si se saltaron el cierre o tendrán aquí segunda vivienda”, pensaba en voz alta un vendedor, receloso de la legalidad de su presencia, pero a la vez satisfecho con la afluencia de abundante clientela en una jornada que esperaba “mucho más parada”.

Pedro Caramés, del Bulevar de la Sidra

Otros como Diego Javita, hostelero de la calle Víctor Chávarri, en las inmediaciones de Gascona y el Vasco, señalan que el nivel de ventas estuvo muy lejos de lo esperado para estas fechas, incluso teniendo en cuenta las limitaciones sanitarias. “Es cierto que hay ambiente, pero es muy parecido al de cualquier domingo o festivo cualquiera”, indicó Javita, que cuenta con dos locales en la zona.

Diego Javita, hostelero de Víctor Chávarri

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