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El Ayuntamiento pagará casi medio millón a quien arregle el kiosco del Bombé

La licitación saldrá en marzo por 497.000 euros, que se financiarán en dos años, con la idea de tener el templete listo en la primavera de 2022

Estado actual del kiosco del Bombé.

Estado actual del kiosco del Bombé. Irma Collín

Ya se ve luz al final del Bombé. El Ayuntamiento planea sacar el mes que viene una nueva licitación para la rehabilitación del kiosco de la música y los plazos estiman que el templete debería estar listo antes de la próxima primavera. Según diversas fuentes municipales, para que este intento sea el definitivo y el concurso no quede desierto por tercera vez, el Ayuntamiento pondrá un precio de 497.000 euros a la recuperación del templete, montante sustancialmente superior al que se planteaba inicialmente (290.000). Las razones del incremento del precio son varias. El proyecto de rehabilitación original del kiosco quedó obsoleto a causa del paso del tiempo desde que la primera contratista dejó a medias los trabajos en el año 2015. Así, en esta ocasión, las empresas que opten al concurso no solo deberán ejecutar las obras, también deberán redactar un nuevo proyecto. Además, los años han propiciado nuevos daños en la estructura que deberán ser reparados.

El Consistorio encara ahora el final del laberinto de papeleo en el que se había sumergido el kiosco. Los pliegos, “listos desde hace un mes”, llegaron ayer al área de contratación. Los tiempos que se han marcado en el Ayuntamiento estiman que los técnicos terminarán de revisar los documentos durante las próximas semanas para poder, al fin, lanzar la nueva licitación a mediados del próximo mes de mayo. Entonces, las empresas podrán volver a concurrir para finalizar las obras. Los retrasos en la tramitación de los pliegos tuvieron que ver con este incremento del precio y la dificultad para financiar un proyecto que siempre se ha marcado como “prioritario”. El último suplemento de crédito destina a la rehabilitación del kiosco de la música 207.500 euros, lo que es insuficiente para devolver todo su esplendor al templete de De la Guardia. El resto del importe (los originales 290.000 euros) se financiarán en 2022. Fue esta financiación plurianual la que hizo rodar los pliegos finalizados por Infraestructuras en el mes de marzo por distintos servicios municipales. Ayer, finalmente, tras recibir el visto bueno de Patrimonio, llegaron a Contratación, donde los funcionarios quieren tenerlo todo listo la próxima semana antes de enviarlo a Abogacía Consistorial. Otra de las aristas de la historia tuvo que ver con el proyecto anterior. En los nuevos pliegos, finalmente, este documento se recoge como un mero anteproyecto. Este servirá de guía a los nuevos contratistas para redactar las nuevas directrices de la obra. Así, además de reducirse ciertos criterios técnicos demasiado exigentes que, en las anteriores licitaciones, excluían a la totalidad de las empresas del sector, según expertos consultados, la nueva empresa no estará constreñida por las direcciones del primer intento. Esto no significará que el aspecto del kiosco vaya a alejarse del original. Aunque el plan director encargado por la concejalía de Parques y Jardines contemplaba una posible “actualización” del kiosco, la rehabilitación del templete del Bombé será eso, una rehabilitación. No se incorporarán elementos nuevos, ni se modificará su estructura. La idea es dejarlo como estaba o “debería de estar”.

Al margen de la rehabilitación queda el edificio del Pavo Real, estructura que la protección del kiosco pide eliminar o modificar de forma que los bajos del kiosco no queden cegados por la estructura. La idea del equipo de gobierno para este equipamiento anexo al templete es convertirlo en un establecimiento hostelero “de referencia”. Pero los términos de este plan todavía no están claros. Lo que sí que se hará es volver a intentar quitarle el amasijo de hierros al kiosco. Y, esta vez, insisten desde el Ayuntamiento, será la vencida. Desde que la primera adjudicataria lo intentase y desistiese en el año 2015 van dos corporaciones y, con esta, tres intentos de finalizar las obras. Los dos últimos quedaron desiertos. Varias empresas del sector consideraban que el precio era demasiado bajo para salir rentable y los criterios técnicos resultaban demasiado exigentes.

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