Después de 30 años de barbecho y planes fallidos, la mayoría de ellos de la mano de otras administraciones, el Arzobispado ha decidido coger el martillo de Santa Ana por su cuenta y riesgo y aventurarse en un nuevo proyecto para hacer de su parcela, en un rincón trascendental del casco viejo, una nueva política cultural alrededor de su patrimonio. Al final, no serán las plantas destinadas a servicios administrativos ni a residencias privadas lo que primará en el proyecto. El centro cultural Santa Ana –así lo llaman– se presenta como un espacio moderno dedicado al arte sacro, a sacar brillo al patrimonio de la iglesia asturiana, en el que el peso principal lo tendrán los espacios expositivos pero también habrá un salón de actos y zonas comunes en las que se dará al visitante información relevante sobre lo que tiene muy cerca o en la misma ciudad: la Catedral, el Prerrománico, el camino de Santiago.

Una exposición de “Las edades del hombre”

Una exposición de “Las edades del hombre”

La propuesta ha ilusionado porque se trata de una zona clave que lleva muchos años necesitando tener un contenido. El continente, además, proyecto de Daniel Cortizo, plantea en principio un volumen limpio y puro, encajado en la esquina del martillo que pretende camuflar su gran volumetría con materiales propios de las edificaciones que lo rodean. Por dentro, según las pocas recreaciones infográficas que el Arzobispado ha filtrado, parece que se ha jugado con miradores y huecos de luz, un juego para contemplar el Antiguo desde un punto de vista privilegiado dentro del edificio y para tratar de reducir al máximo las estridencias desde fuera.

El Kolumba de Colonia

El Kolumba de Colonia

A la hora de buscar similitudes al continente y contenido del proyecto, surge de forma muy evidente la comparación con el centro Kolumba, el Museo de Arte de la Arquidiócesis de Colonia (Alemania). Comparte con el proyecto de Santa Ana una voluntad principalmente expositiva del centro y una intervención arquitectónica que integra también lenguajes arquitectónicos pasados a través de una solución de bloque. La intervención en Kolumba, a cargo del “pritzker” suizo Peter Zumthor, integra las edificaciones preexistentes (entre ellas una capilla románico-gótica destruida en 1945) y dispone las colecciones de la Iglesia en Colonia con un lenguaje museológico moderno, no atendiendo al orden cronológico, sino a otros aspectos. Acoge también exposiciones temporales de todo tipo de artistas y se ha convertido en uno de los museos más visitados de la ciudad.

El mirador del Centro José Guerrero en  Granada.

El mirador del Centro José Guerrero en Granada.

Si uno se fija solo en el contenido y en el empeño anunciado por el arzobispado de conseguir que el centro tenga una orientación multidisciplinar, permitiéndose todo tipo de programas culturales, hay que mirar también la “red internacional de centros culturales católicos”, nómina bajo la cual el Vaticano conecta un total de 24 instituciones de Europa y América. Hay también universidades en ese listado y mucho centro orientado a la formación, pero también otro tipo de proyectos intermedios que podrían dar pistas sobre los pasos que podría dar el centro cultural Santa Ana.

El Centro Galego de Siza en Santiago

Destaca, en ese tipo de programación, la fundación cultural San Fedele, en Milán. Junto al teatro de La Scala, San Fedele tiene actividad social, sanitaria, eclesiástica y también cultural, con divisiones especializadas en cine, arte y música. Su programación y su museo, que incluye la iglesia de San Fedele (S. XVI/XVII), incluyen talleres sobre la Biblia, ciclos cinematográficos, colecciones de arte sacro y hasta programas de música electrónica con visuales realizados por artistas en residencia en la propia fundación.

El cartel de “Orígenes”

El cartel de “Orígenes”

Orígenes y Astures

Sin irse tan lejos, uno de los referentes más evidentes para la iglesia asturiana en lo que se refiere a la difusión y la recuperación de su propio patrimonio es el proyecto de la Fundación Las Edades del Hombre. Con un patronato integrado por los arzobispos y los obispos de Burgos, Valladolid, Astorga, Ávila, Ciudad Rodrigo, León, Osma-Soria, Palencia, Salamanca, Segovia y Zamora, Las Edades del Hombre ha organizado desde 1988 diversas exposiciones itinerantes que han recibido más de 11 millones y medio de visitantes y han expuesto 4.791 obras de arte, de las que se han restaurado aproximadamente el 30 por ciento de las mismas. La Fundación tiene como finalidad la conservación, investigación y difusión del patrimonio religioso de Castilla y León, recibe grandes subvenciones de la administración regional y ha logrado acceder a fondos europeos para destinarlos a la restauración de su patrimonio.

Una recreación del mirador interno del nuevo centro de Santa Ana

Una recreación del mirador interno del nuevo centro de Santa Ana

El modelo de las Edades del Hombre ya inspiró en Asturias la exposición “Orígenes”, organizada en la Catedral de Oviedo en 1993 por el Principado, la Universidad de Oviedo, el Arzobispado y Cajastur. A los dos años se volvió a copiar la fórmula, esta vez en Gijón, con “Astures”. Si “Orígenes” se centró en el arte y la cultura en Asturias entre los siglos VII-XV, el programa de Gijón se dedicó a los pueblos y culturas en la frontera el Imperio Romano.

El cartel de la exposición “Astures” de 1995 en Gijón.

El cartel de la exposición “Astures” de 1995 en Gijón.

La Iglesia asturiana, que ahora necesita la luz verde de Cultura al proyecto y que el Ayuntamiento tramite rápidamente el estudio-detalle, quiere que el martillo de Santa Ana le sirva para enseñar a los visitantes esa riquísima colección de arte mueble, cálices, retablos, tallas, objetos de arte desperdigados por las parroquias a los que un específico lenguaje museológico puede convertir en una exposición de éxito para los turistas que lleguen a Oviedo y se interesen por los templos, la Catedral, el casco viejo...

En Santa Ana encontrarán toda la información, una forma de acceder al Antiguo con otros puntos de vista y un edificio que tratará de establecer un diálogo en buen tono en una zona tan arriesgada como un casco viejo, al manera en que el portugués Siza diseño su Centro Galego de arte contemporáneo en Santiago de Compostela (por el uso de los materiales del entorno) o con la arriesgada proximidad y los miradores diseñados por Jiménez Torrecillas para el Centro José Guerrero, casi tan próximo a las piedras de la catedral de Granada como estará el mirador de Santa Ana del Palacio de Velarde del museo de Bellas Artes.