“Pocas veces hay tanta gente en misa, esto se ha llenado por Jacinto”, comentaba uno de los feligreses que colaboran en la organización de las eucaristías en la iglesia de San Francisco de Asís. El peluquero de la calle Félix Aramburu, fallecido hace dos semanas en su establecimiento donde se encontró su cuerpo al día siguiente, recibió ayer el adiós del barrio en una misa por su descanso. Una vecina de la calle en la que Jacinto Rodríguez regentaba su negocio desde hacía más de veinte años recorrió los locales de la zona para colgar esquelas manuscritas que anunciaban la celebración, y el resto de los vecinos y los clientes del barbero respondieron a la llamada.

Jacinto Rodríguez, recuerdan sus amigos y vecinos, “era un hombre bueno y al que se va a echar de menos”. Julio Suárez, cliente del peluquero desde hace más de una década, asegura que echará de menos sus charlas mensuales con el fallecido. “Iba allí regularmente, siempre era un placer, parecía que siempre tenía una broma preparada para cuando entrabas por la puerta”, relata. El peluquero había sido legionario en su juventud y era un enamorado del Real Oviedo, una afición que había imprimido en su local y en su forma de vestir. Pero ayer no le recordaron por eso, sino por “el vacío que va a dejar en el barrio”, como apuntaba una vecina a la entrada de la iglesia. Hoy, está previsto que la eucaristía que se celebre a las 19.30 horas en San Francisco de Asís también se dedique a la memoria del peluquero.