“Alberto & García” llenaron la sala La Salvaje de Oviedo el 20 de mayo de 2016 en la presentación de su disco “Voladores”. Volvieron a llenar en Tribeca dos años después, el 23 de diciembre de 2018, en la presentación de “El buen salvaje”. Ahora llega “Flores negras”, su último disco, y la presentación será este sábado en el teatro Campoamor (20.00 horas). Todavía quedan entradas, pocas.

De una sala pequeña como La Salvaje, referente de la música en el norte de España, al principal teatro de la ciudad. Es la trayectoria de un grupo con las cosas claras.

Alberto García (guitarra y voz) y su hermano Manu (saxo y coros) reconocen el “honor” de tocar “en un lugar que conoces desde pequeño, en el que sabes que han tocado grandes artistas y que es emblemático no solo en Oviedo, sino en toda España”. “Es una plaza a la que le tenemos muchas ganas y mucho respeto”, resume Alberto.

No es el primer concierto desde que el coronavirus arrasó con todo, pero sí uno de los más importantes. La intención es que estas flores negras hubiesen florecido en mayo del año pasado, pero las cosas son como son, y, como dice Manu, “no son los conciertos en las mejores circunstancias, pero mejor tocar así que estar parados”.

Parados, precisamente, no han estado. Al septeto ovetense le pilló la pandemia con el trabajo hecho, con el disco recién grabado. Así que tenían material para “estar sin parar todo el año”. Alberto se reconoce como “relativamente afortunados” porque han podido tocar en los programas de verano de la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo (“Enclave Pop”) y en varios puntos de España. “Contaron con nosotros en lo poco que se pudo hacer”, dicen con la esperanza de que las cosas empiecen a mejorar.

Por el momento, todo ha ido adaptándose a las circunstancias, con muchos cambios, aplazamientos y cancelaciones. Alberto, diseñador gráfico, explica que son ellos mismos los que hacen los carteles de sus giras, “ojalá en otras giras hagamos tantos como para esta, pero que sean verdad”, bromea.

Su oficina, EP Management, se las ha visto y deseado para sacar adelante todo ese encaje de bolillos. “Si normalmente ya es un lío, en estas circunstancias la oficina ha dado todo lo que podía”. Y eso es mucho. Con la anterior gira, la de “El buen salvaje”, ofrecieron más de 60 conciertos, y teniendo en cuenta que el año tiene 52 semanas, cuadrar agendas no es sencillo.

A Alberto, que es quien compone las canciones, la pandemia le bloqueó en un primer momento, pero luego siguió escribiendo. Eso sí, tiene claro que “la música que hacemos queremos que valga para cualquier momento; si haces una canción inmediata sobre la pandemia, puede que dentro de unos años no sirva, pero si haces algo sobre la lucha y salir adelante, podrás seguir escuchándola dentro de veinte años”.

Lo que se escuchará el sábado en el Campoamor es su último trabajo, con incursiones en alguno de los anteriores. Para Manu, “‘Flores negras’ no es un punto y aparte, es más o menos lo mismo pero mejorado, no cambia demasiado la sonoridad ni la temática de los discos anteriores”. Para Alberto, este trabajo “tiene, cogido con pinzas, una actitud un poco más punki”. Lo explica: “En otros discos no es que tuviésemos muchas cortapisas para hacer un bolero o lo que nos brotara, pero ahora lo hacemos con más normalidad”.

El disco, grabado con la producción de Toni Brunet, sigue la senda del pop mechado con ritmos del folklore latinoamericano. En dos de las canciones contaron con la colaboración de Miren Iza (“Tulsa”) y David Ruiz (“La Maravillosa Orquesta del Alcohol”), “un regalo que queda ahí, como una fotografía sonora para la posteridad”, afirma Alberto. Ojalá esa fotografía se pudiera repetir, al menos en parte, este sábado en el Campoamor, pero las circunstancias son las que son.