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Junceda: “Si el arco luso cantábrico se une, Europa nos vería de otra manera”

El director general de Sabadell Herrero ve clave desarrollar un centro logístico en La Zalia para lograr atraer “más empresas como Amazon”

Pablo Junceda, a la izquierda, con José Manuel Ferreira, al fondo, durante la conferencia en la Cámara. | L. M.

Pablo Junceda, a la izquierda, con José Manuel Ferreira, al fondo, durante la conferencia en la Cámara. | L. M.

El futuro de Asturias “en los próximos 50 años” pasa en gran medida por consolidar alianzas con sus regiones vecinas. Con 22 folios cargados de datos bajo el brazo y la convicción de que la unión hace la fuerza, el director general del banco Sabadell Herrero, Pablo Junceda, defendió ayer a capa y espada en el salón de plenos de la Cámara de Comercio la necesidad de “crear un gran lobby en Bruselas” junto a Galicia, León, Cantabria y el norte de Portugal para conformar una “eurorregión” de más de ocho millones de habitantes. “Si el arco luso cantábrico se une, Europa nos vería con otra perspectiva”, vaticinó.

A través de una conferencia organizada por Tribuna Ciudadana y titulada “Incidencia del Arco Luso Cantábrico en la economía de las regiones”, Junceda desgranó cuáles deben ser los pilares para que el Principado sea capaz de “decantar a su favor la balanza” cuando alguna multinacional se interese en desarrollar grandes proyectos en el viejo continente. Desarrollar el corredor ferroviario Atlántico Noroeste, crear un gran centro logístico en La Zalia y la apertura de la variante de Pajares impulsará, a juicio del ponente, el potencial de la región. “Esa conjunción puede ser clave para atraer más empresas como Amazon”, indicó Junceda.

El también director general del Sabadell Gallego ve en el transporte de mercancías una oportunidad de crecimiento en Asturias. “Ahora no llenaríamos los vagones, pero tenemos la infraestructura para crecer muchísimo”, indicó sobre el salto importante que tendría la apertura de la Variante para incrementar un transporte de mercancías que hasta ahora solo supone el 4% del total. “Hay una tendencia a transportar camiones en trenes que debemos aprovechar”, dijo sobre una posibilidad que, unida a las oportunidades del Musel, colocaría a Asturias como “puerta al Atlántico de buena parte de España”.

Junceda animó a acompañar esa conjunción suprarregional de varios proyectos para el futuro. Crear un eje cantábrico del hidrógeno, reclamar con una sola voz políticas para frenar la sangría demográfica o aliarse a la hora de reclamar ayudas de los ansiados fondos europeos para proyectos compartidos que seduzcan a la UE son algunas de las propuestas lanzadas ante un público que salió de la conferencia convencido de su viabilidad.

El directivo, que fue presentado por el presidente en funciones de la Cámara, José Manuel Ferreira, defendió la necesidad de consolidar el área central como la “sexta ciudad de España”, dejando de lado los localismos y puso como ejemplo de altura de miras la colaboración que permitió el pasado mandato autonómico a Galicia, Asturias y Castilla y León ser tenidos en cuenta por Europa para incluir el corredor ferroviario del Noroeste en los planes de inversiones europeos para el periodo 2021-2027.

A continuación puede consultar el contenido íntegro de la conferencia:

Intervención en Tribuna Ciudadana-Cámara de Comercio Oviedo

“Incidencia del Arco Luso Cantábrico en la economía de las regiones”

Pablo Junceda Moreno

(27 de abril de 2021)

¨Lo que hace grande la historia de Roma no es que haya sido hecha por hombres diferentes a nosotros, sino que haya sido hecha por hombres como nosotros”. Esta frase, obra del periodista e historiador Indro Montanelli se sustenta en la idea de que las personas de cada tiempo deben afrontar retos y riesgos diferentes para mejorar lo que se encuentran si no quieren quedarse atrás.

Aunque lo que les voy a decir pueda parecer algo más propio de una conferencia sobre historia que de un acto empresarial, para hablar del Arco Luso-Cantábrico con cierto sentido histórico hay que remontarse, precisamente, a la época del Imperio Romano, cuando el Emperador Augusto deja ultimada la conquista de toda Hispania con los últimos pueblos irredentos o “irreductibles” (como prefieran Uds.): los cántabros y los astures.

En este punto, la potente administración romana crea la provincia de la Gallaecia Romana, que busca y consigue una cohesión económica, militar, urbanística y administrativa…; en definitiva, es el primer paso para dar sentido a una estructura territorial que unida sumaba, en contraste –todo hay que decirlo— con unos pueblos aislados, divididos, pobres y atrasados que en su momento, precisamente por estas características, sucumbieron bajo el poder romano.

Pero siendo positivos, como siempre procuro ser en todos los órdenes de la vida, la realidad es que gracias a Roma los astures se redescubrieron de alguna forma así mismos y comprobaron que guardaban grandes riquezas en sus entrañas, especialmente oro, plata, minio y otros minerales.

Según refleja José María Blázquez en su trabajo “Astures y cántabros bajo la administración romana”, ¡entre el 5 y el 6% de los ingresos totales del Estado de Roma provenía del oro del noroeste de la península ibérica (Galicia, Asturias y Lusitania)! La romanización supuso, por lo tanto, un importante paso adelante de las tierras de los astures, hasta entonces bastante aisladas e insignificantes, para ser desde entonces parte -no poco relevante- de un gran imperio europeo.

Siguiendo este hilo, en su obra “La conquista de Asturias por Roma: una nueva perspectiva”, el profesor de mi querida Universidad de Oviedo, Narciso Santos Yanguas señala que la administración romana “incidiría directamente sobre la forma de vida de sus habitantes, tanto desde el punto de vista económico como social”; afirmando igualmente el profesor que los astures “se aprovecharían de la introducción de un instrumental laboral mucho más evolucionado, relacionado sin duda con la nueva metalurgia del hierro, que los romanos potenciarían entre las poblaciones del Norte peninsular”. Y señala algo importante que se puede entender a la perfección en nuestros días: “a los romanos –apunta-- tampoco les interesaba dicho territorio en su totalidad sino únicamente las áreas estratégicas y las zonas susceptibles de ser aprovechadas desde el punto de vista económico”. Es decir, lo que les interesaba no era otra cosa que el aprovechamiento de las diferentes potencialidades –el valor añadido que diríamos hoy-- en un territorio más o menos homogéneo. Creo que esta idea nos debería sonar ya a todos en la Asturias y el Noroeste del Siglo XXI.

Pero cuando el área de influencia común que era Gallaecia fue perdiendo fuelle tras la desaparición del Imperio Romano, como por arte milagroso o estrategia visionaria del poder político-religioso de la época, aparece un fenómeno nuevo que trascendía a la antigua provincia romana, y que además de vertebrar, lo que hacía era influir nuevamente en los territorios del noroeste hispano-luso, fenómeno que ha llegado a nuestros días: El Camino de Santiago.

No es el momento de entrar en cuál fue su asturiano origen y sus porqués –estas jornadas del Arco Luso-Cantábrico ya lo abordan con más detalle--, pero sí es bueno recordar, más allá de su evidente carácter espiritual, la labor del Camino como elemento de vertebración europea y de transmisión de todo tipo de influencias culturales, económicas, de costumbres y un largo etcétera. Como dijo Juan Pablo II en una visita a Santiago de Compostela, “Europa entera se ha encontrado a sí misma alrededor de la memoria de Santiago y del Camino, en los mismos siglos en los que ella se edificaba como continente homogéneo y unido”.

En fin, después han sucedido muchos avatares históricos que fueron uniendo y alejando aquella Gallaecia, incorporando nuevos territorios, pero siempre manteniendo un tronco común.

En este sentido, no quiero olvidarme de hacer referencia a una vía de conexión que tuvo también su origen en la época romana, que nos demuestra que casi nunca estuvimos solos y aislados y que con el tiempo ha ido vertebrando también el territorio a medida que crecía. Se trata de la Vía de la Plata, que con sus 470 kilómetros unía Mérida con Astorga. Ya en época contemporánea, la denominada Nacional 630 amplió los márgenes de la ruta romana y se convirtió en una de las nacionales más largas de España (hoy ya autovía), con sus 817 kilómetros entre el puerto de Gijón (kilómetro 0) y Sevilla.

Permítanme que en este rápido y breve repaso histórico traiga también aquel último intento real de unión de territorios, en este caso incluso físico: dicen los expertos de este periodo que en la Transición, en los debates previos del llamado “Estado de las Autonomías” que consagraría la Constitución, se avanzó en la idea de que Asturias y León formasen una comunidad autonómica. No se dio el caso por determinados intereses políticos de quienes gobernaban entonces -de esto quizá Rodolfo Martín Villa podría darnos algunas claves-  pero la realidad es que los habitantes de las dos regiones aludidas no veían entonces nada mal aquel posible, permítanme la expresión, “matrimonio geo-político, histórico y económico”.

Dicho todo esto como introducción histórica de algo que no es nuevo ni original en los tiempos que vivimos, pienso que para hacer un análisis del Arco Luso-Cantábrico con alguna perspectiva hay que tener en cuenta dos dimensiones que, sin ser contradictorias, pueden plantear ciertas disonancias.

La primera es que Asturias forma parte de la citada área geográfica por compartir intereses comunes. El primero de ellos, una necesidad de conexión con las zonas de influencia económica en Europa que puede y debe ser afrontada a la par con el norte de Portugal, norte de Castilla y León, Galicia y Cantabria.

La segunda perspectiva es que al mismo tiempo, no podemos olvidar que Asturias tiene sus propios intereses, que en algunos casos no son coincidentes con los territorios citados; un ejemplo claro es el puerto de El Musel. No nos engañemos, al País Vasco, que podría parecer un aliado lógico en el mencionado Arco, a día de hoy le interesa más ir de la mano de Aquitania en la defensa de sus intereses económicos que con sus vecinos españoles.

Pensarán Uds. Que, al hacer esta consideración casi inicial cuando de lo que se trata es de poner en valor las bondades del arco Luso-Cantábrico para nuestra economía, puede parecer que trato de aguar el vino; pero o tenemos claro qué queremos, a dónde vamos y con quién lo hacemos, o caeremos en la nostalgia de haber perdido una nueva oportunidad y créanme que ya puede que sea la última que nos quede a los otrora “bravos e irreductibles astures”.

 

El gran debate de las últimas décadas ha sido el de acabar con el aislamiento físico de Asturias. Las infraestructuras se convirtieron en el gran mantra que llenaba las páginas de los periódicos, de los debates políticos y de las aspiraciones de los empresarios con la vista puesta fuera de nuestras fronteras. Y en esto llegó la autovía del Huerna, y la conexión con Galicia por autovía, y más tarde con Cantabria también…y fue avanzando la variante de Pajares –a punto ya de finalizar—y se amplió el Musel, se construyó la Zalia (aún por ver desarrollar su necesaria potencialidad), y el Área Central Metropolitana sigue estando sobre la mesa, sencillamente porque es lógica en un entorno en el que una Asturias “de pueblines” -permítanme que recurra a mi asturiano del Occidente- nada va a pintar en una Europa de grandes metrópolis y áreas económicas.

Si nos detenemos un momento en las infraestructuras que acabo de citar, podemos ver que la mayoría están finalizadas y que solo la variante ferroviaria está en espera y a punto de “romper aguas”, parece ser que para el año que viene.

Por lo tanto, ya no se trata de pensar o reivindicar macroproyectos de infraestructuras, (si exceptuamos el Corredor Ferroviario Noroeste), y debemos ponernos ya “en otro modo”, sencillamente porque no podemos seguir haciéndonos “trampas al solitario”… pues todo aquello que reclamábamos ya casi lo tenemos y ahora nos encontramos en la hora decisiva de plantearnos qué proyecto de Asturias queremos para los próximos 50 años.

Para cambiar de “modo” o de “mentalidad” lo primero de que deberíamos hacer es mover de inmediato nuestras fronteras mentales y físicas.

Respecto a estas últimas, no se trata, como es obvio, de tener a estas alturas afanes anexionistas ni separatistas, sino de pensar tanto en la repercusión que sobre nosotros puedan tener algunos proyectos –vuelvo al Corredor Atlántico Noroeste--, como de la proyección hacia el exterior de lo que nosotros hagamos –vuelvo, en este caso-, al Musel y al Puerto de Avilés.

Como ya dejó dicho Descartes: “Todo lo complejo puede dividirse en partes simples. Vayamos pues por partes.

Empecemos por la primera: El Corredor Atlántico Noroeste. Su definición inicial unía Portugal y España con el centro de Europa, recorriendo Castilla y León desde Fuentes de Oñoro, en Salamanca, hasta Miranda de Ebro, en Burgos. La presión de los gobiernos de Galicia, Asturias y Castilla y León (por cierto todos unidos y coordinados) y apoyados por el Gobierno de España logró incorporar los ramales ferroviarios hacia los puertos de La Coruña y Gijón.

No haberlo logrado hubiese supuesto una condena histórica de Asturias y del resto de vecinos al ostracismo estratégico, logístico y, por ende, económico.

Para ponderar la importancia del ramal Palencia-León-Gijón hemos de tener en cuenta que desde el punto de vista de mercancías, el Musel (y cuando me refiero a él entiendan Uds. que también hago referencia al Puerto de Avilés) es el puerto natural de Castilla y León y, debería serlo, del centro de España. Con el Musel, la variante y la Zalia tendrán un lógico desarrollo que nada ni nadie podrá impedir, a pesar de la competencia de los puertos de La Coruña o Santander.

¿La razón?, se pueden poner muchos ejemplos al respecto, pero les cito uno que a mí me ha llamado mucho la atención. Sólo una empresa: Arcelor, mueve desde Asturias a Valencia 700.000 toneladas de acero por ferrocarril. La conexión ferroviaria entre Barcelona y Perpiñán está haciendo verdaderos equilibrios para lograr un movimiento total de 1 millón de toneladas. Imagínense Uds. si sólo una empresa radicada en Asturias tiene este movimiento… ¿qué no seremos capaces de hacer si atraemos más empresas al ámbito de la Zalia o al eje industrial-empresarial del centro del Principado?

Además, aunque Asturias es responsable de casi el 20% del transporte de mercancías por ferrocarril en España, bien es cierto que la cifra es previsible que baje en los próximos años por el fin del carbón. Es decir, que solo el tráfico ferroviario de mercancías origen-destino Asturias supera a todo el tráfico de mercancías del corredor Mediterráneo, incluyendo el que atraviesa la frontera España-Francia, a pesar de que desde el año 2010 se dispone de nueva línea Barcelona-Figueras-Perpignan en ancho internacional.

Para ahondar en estas explicaciones, me acojo al Informe 2019 del Observatorio del Transporte y la Logística de España (OTLE) –con datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC)— que señala en su análisis de los principales flujos ferroviarios de mercancías que, según la variable millones de toneladas.netas.km, la relación entre Asturias y Valencia es la más importante de España al registrar 906 millones de toneladas.netas.km . Le siguen los flujos Barcelona-Zaragoza (656 millones de toneladas.netas.km) y Madrid-Valencia (622 millones).

En cuanto a los movimientos de toneladas netas por trayectos una vez más Asturias lideraba en 2017 el ranking –los datos en este caso no están aún actualizados-- con una superioridad aplastante, pues aparece en el primer puesto el tráfico Asturias-Asturias, con unas 2,5 millones de toneladas, pero también aparecen los recorridos Valencia-Madrid-Asturias, Asturias-Valencia-Asturias y Asturias-Vizcaya-Asturias (traslado de bobinas por la línea de Feve desde Avilés hasta la planta de Etxebarri, en Bilbao ) entre los de mayor importancia. 

Como decía, es evidente que el tráfico interior de graneles va a disminuir como consecuencia del cierre de las minas y centrales térmicas, pero el ferrocarril es un modo de transporte para grandes distancias y la puesta en servicio de la variante de Pajares debe ser la gran ocasión para atraer nuevos tráficos y nuevos productos, también los de la transición energética como pueden ser el hidrógeno o el Gas Natural Locuado (GNL).

Cara al futuro y “salvada la conexión ferroviaria con Europa” la reducción del tráfico de graneles (carbón) debe ser compensado con la potenciación del transporte intermodal (contenedores) y de productos propios del ferrocarril como son los siderúrgicos, graneles, multiproducto y el automóvil. El futuro está también deparando una importancia creciente al transporte de camiones completos sobre plataformas constituyendo autopistas ferroviarias que deben enlazar con las autopistas del mar que parten del Musel (que citaré más adelante).

Con estos datos, podrán entender perfectamente Uds. la vital importancia del ferrocarril para Asturias, no sólo para su economía actual, sino para convertir al Principado en el eje económico de conexión con Europa y de Europa con el centro de la península y, lo que es más importante, se darán Uds. perfecta cuenta de la barbaridad que suponía dejar el Noroeste sin conexión ferroviaria con Europa.  

Algún día, sin duda, se escribirán en letras de oro el nombre de aquellos directivos y empresarios Asturianos que lanzaron con gran esfuerzo y poca comprensión y apoyo en los primeros momentos el “grito” en contra del aislamiento al que nos sumían los tecnócratas españoles y europeos.

Con el ferrocarril como referencia vayamos a la segunda parte:  si Asturias -como está demostrado por los datos anteriores- tiene un gran peso en el transporte ferroviario de mercancías, la lógica conclusión es que el Musel es el principal puerto del noroeste en movimientos, y no debemos olvidar nunca que este tipo de transporte, el ferroviario, está en alza en Europa por su sostenibilidad y eficiencia.

Analizados todos estos datos la conclusión -como les digo- es aplastante: la apuesta por el corredor ferroviario es absolutamente prioritaria y condición imprescindible para mantener el posicionamiento de los puertos de nuestra Comunidad como referentes en algunos de los tráficos más importantes del sur de Europa.

Junto a esta segunda reflexión, debo incorporar inmediatamente una tercera parte imprescindible para entender el todo: nada de lo anterior tendrá demasiado sentido sin el desarrollo logístico e integral de la llamada “primera milla” del puerto gijonés y del de Avilés en donde deberían agruparse las conexiones ferroviarias y por carretera y una plataforma logística potente y amplia que permita “atraer” empresas, empresarios, proyectos y -con ellos- más movimientos y más riqueza y puestos de trabajo.

Estoy convencido de que la necesaria planificación de la Asturias que queremos para el futuro a corto y medio plazo debe sostenerse en buena medida, desde el punto de vista económico y empresarial, en consolidar todos estos proyectos.

Un dato interesante: tengamos en cuenta que sólo el 4% del volumen total del material que se mueve cada año en España se hace en tren. Es decir, pese a esa sostenibilidad y eficiencia que acabo de apuntar, estamos en el antepenúltimo puesto de Europa por detrás de Grecia e Irlanda. Este último dato nos sitúa en el enorme potencial de crecimiento del Ferrocarril en los próximo años. Un Potencial que sería un suicidio desaprovechar.

 

 

Ahondando en este tema, en términos de exportación, el ferrocarril representa en Asturias un porcentaje mínimo respecto al transporte por carretera o marítimo. En 2020, sólo el 1,56% de las mercancías exportadas desde Asturias lo hizo subido en vagones, mientras el transporte marítimo representó casi el 58% y el de carretera el 38,29%. Si hablamos de importaciones, el tren supuso un testimonial 0,13%.

Precisamente por todo esto, hay que pasar de la teoría a la práctica y aquí Asturias tiene una de sus grandes oportunidades, oportunidad que le viene precisamente por el Corredor Atlántico, sin el cual hoy estaríamos hablando de otras cosas mucho menos agradables para el futuro de todos.

Es cierto que el corredor denominado Atlántico ya se encuentra en los fondos europeos 2021-2027 y eso permite mayor facilidad para financiar proyectos innovadores y que, en el caso de los fondos estructurales, estén orientados a crear empleo.

Pero aquí es donde tienen que echar el resto administraciones, FADE, Cámaras de Comercio y agentes sociales, para orientar sobre las verdaderas necesidades de nuestras empresas y aprovechar esta fantástica, única y quizá última oportunidad.

Pero el corredor ferroviario no debe servir exclusivamente para unir puertos. El Musel debe ampliar su hinterland al centro de España, y que el centro de la nación tenga su salida natural a Europa por el puerto gijonés. Y en este proceso, la conexión debe trascender a lo ferroviario y ser multimodal: carretera, desarrollo de la plataforma logística y la autopista del mar. Ha de ser concebido como un todo. Veamos.

Antes hablaba de la primera milla de El Musel. A partir de ahí –origen o destino—por carretera o ferrocarril, debemos hablar de la Zalia, las autopistas, el ferrocarril que tenga en cuenta la variante de Pajares de forma que haga compatible el transporte de mercancías con el de viajeros. En este sentido, podemos recordar que la “Y vasca” ferroviaria Valladolid-Burgos-Vitoria, con conexión posterior a San Sebastián y Bilbao, permite el transporte mixto de pasajeros –con el AVE—y mercancías.

¿Son muchas las empresas que en estos momentos lo pueden necesitar en Asturias, son muchos los pasajeros que llenarían los vagones hoy?. Quizá No, pero a nivel competitivo, a la hora de captar inversiones, puede ser un valor añadido que incline claramente la balanza a favor de Asturias; sencillamente porque cada vez son más estrechos los criterios por los que un proyecto se decanta por un territorio u otro. Vemos el paradigmático ejemplo de Amazón en Siero y como unas buenas conexiones, unido a la logística del polígono de Bobes y la rápida concesión administrativa de las licencias, hicieron posible su inversión.

De ahí que sea tan importante desarrollar de una vez por todas la Zalia como polígono y consolidarlo posteriormente como centro logístico.

Recojo ahora los datos aportados por el Director de operaciones de Sogepsa, Andrés López, en las páginas de un diario asturiano, en las que al hablar de la logística recordaba que este sector representa en España el 8% del PIB, moviendo en 2019 un negocio cercano a los 110.000 millones de euros, y empleando a un millón de personas (en 2019 creció este empleo en España un 3,2%). Nuestro país, añadía, era entonces (los datos, repito, son de 2018) el tercero del mundo en el que más crecía.

En este contexto, no olvidemos que contamos con un Área Metropolitana de unos 800.000 habitantes con servicios referentes a nivel nacional como el Consorcio de Transportes de Asturias (CTA) o COGERSA. En ambos casos, son muchas las comunidades que vienen a conocer la calidad y eficiencia de su funcionamiento. Hablamos de que el Área Metropolitana de Asturias es una de las 6 más grandes de España junto a Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Málaga.

 

Esta es otra de las razones por las que tenemos que abrir la mente para cambiar de sitio nuestras fronteras. Estas fronteras ya no están en Irún, sino en nuestros propios puertos. Y es que los mayores pasos fronterizos de España son los puertos. La autopista del mar es un ejemplo; el hecho de que las mercancías francesas estén llegando a España por el Atlántico, en lugar de por Cataluña, es otro; que el 80 por ciento de la importación y exportación tenga origen en los puertos, uno más. Y nuestra frontera interior ya no es Asturias, sino que debemos contemplarla en Oporto, el centro de España o Europa.

Estas  nuevas fronteras –invisibles de alguna manera— obligan a planificar ampliando los mapas logísticos y, precisamente por ello, debemos Insistir en la idea: tenemos que intentar ser la puerta del Atlántico para buena parte de España y el Eje Noroeste tiene capacidad de sobra para hacerlo.

Pero para conseguir este reto, además de los medios, en los que como he mostrado, se avanza, es importante la labor de influencia política, de lobby económico. Así se ha fraguado el impulso al Corredor Mediterráneo, a base de empresarios comprometidos, políticos convencidos y recursos suficientes para explicarlos bien a través de jornadas, medios de comunicación, etcétera. Y es que si nos limitamos a poner las macrocifras económicas encima de la mesa sin más, el Corredor Noroeste, que tiene mayor “potencia de tiro” en muchos aspectos con los datos en la mano, perderá la batalla de futuro.

Como dijo el pasado mes de octubre en el Faro de Vigo el presidente de la Confederación de Empresarios de Pontevedra, Jorge Cebreiros: "Pedimos igualdad de trato, justicia para un territorio que históricamente ha sido maltratado desde el punto de vista de las infraestructuras. No queremos quitarle nada al Corredor Mediterráneo, pero es que al Atlántico ni se le nombra". Tiene toda la razón: debemos de ser colaboradores por supuesto, pero contundentes en nuestras exigencias.

Hasta ahora he hablado de tres partes de un todo que tiene su eje en el transporte ferroviario y por carretera (y ambos combinados) y de la logística con la capitalidad necesaria de los puertos. Aspectos absolutamente esenciales para nuestras empresas; las de ahora y las que puedan estar interesadas en instalarse aquí. Pero es que el llamado Arco Luso-Atlántico tiene más potencialidad.

Vayamos con algunos ejemplos de esto que les digo y que pueden beneficiar nuestras economías y a nuestras empresas de hoy y de mañana.

Hace un mes pudimos seguir en los medios de comunicación el proyecto de creación de un corredor energético “verde” que utilice el hidrógeno como forma de energía; es un paso en la dirección de la descarbonización a la que tenemos la obligación de ceñirnos por regulación europea. Así, las consejerías de Industria de Galicia, Cantabria y Asturias analizan las posibilidades de sacarlo adelante, con la intención de incorporar a todos aquellos sectores que tengan interés en el proyecto.

Las prioridades de este corredor verde tienen mucho que ver con la consolidación del hidrógeno como energía renovable, la mejora de la eficiencia energética de los edificios –lo que constituye un campo de negocio ilimitado en el futuro más inmediato para el sector constructor y que también va a contar con ayudas estatales--, el fomento de la transferencia de energía, la plena participación de la industria en estos procesos o la optimización de los centros de investigación, de la que todavía ayer nos hablaba en una entrevista el Consejero de Ciencia y Universidad.

Por otra parte, la industria agroalimentaria y las explotaciones agrícolas y ganaderas constituyen uno de los principales valores económicos de la Cornisa Cantábrica. En Asturias, por ejemplo, la industria de alimentación y bebidas cuenta con 717 empresas, cerca de 7.400 empleos y una cifra de negocio de 2.000 millones de euros, según datos aportados por el programa Invest In Asturias, del Idepa.

En datos de 2019 –el último año “normal”--, las exportaciones de la empresas agroalimentarias, crecieron un 34,4%, llegando hasta los 127,7 millones de euros.

No voy a descubrir nada si digo que en Galicia, el sector primario y las industrias derivadas del mismo adquieren rango de prioridad en las decisiones de la Xunta por su importancia en su economía; podría decir algo parecido de Cantabria. Por ello, la colaboración entre administraciones del Noroeste para potenciar este sector es fundamental; la capacidad de influir en el Gobierno de España y que este traslade sus propuestas a Europa será proporcional al peso que tenga su representación.

Hablo del trabajo de las administraciones, pero también son las empresas, cooperativas, cofradías y otras organizaciones las que deben dar ahora su do de pecho en clave de cooperación conjunta con otros territorios.

Podemos citar en este sentido dos ejemplos concretos de la “alta eficacia” de la unión de esfuerzos: el primero el de la cooperativa de segundo grado del sector agrícola y ganadero DELAGRO, formada por 46 cooperativas y entidades representadas de Asturias, Galicia y Cantabria, con más de 26.000 familias asociadas, de las que 17.000 son socios con actividad agraria. Además, tiene vínculos de cooperación con Castilla y León, País Vasco y Norte de Portugal.

Un segundo ejemplo lo vivimos el pasado mes de marzo, las flotas artesanales de pesca de Galicia y Asturias convocaron un paro en su actividad en señal de protesta por la modificación del reglamento que, aseguran, “causará graves perjuicios para los intereses” de ambas flotas. Los asturianos decidieron incorporarse a las reclamaciones gallegas porque sabían que juntos tienen más peso.

Son solo un par de ejemplos, pero definen caminos por los que empresas y colectivos tienen que transitar, porque si algo está claro es que nadie puede pretender competir solo en una economía abierta, global y en la que demasiados hacen lo mismo.

No se asusten Uds. ni se entristezcan demasiado con lo que les voy a decir a continuación –aportado por el ex alto cargo de la Unión Europea Vicente Luque--, que me duele a mí tanto como a quienes me escuchan:

 

-         De los 2.000 millones disponibles en el Mecanismo “Conectar Europa” para España, Asturias se llevó 0 euros. Este fondo apoya la inversión en las redes europeas de infraestructuras digitales, de transporte y de energía. Una pena.

 

-         Otro fondo, el European Innovation Council, dejará en Asturias 0 euros de los 307 disponibles. Otra pena.

 

 

-         Y para no pecar de “masoquistas”, una tercera y última pena: con el Innovation Fund, de 1.000 millones, ocurrió más de lo mismo; es decir “cero patatero” al casillero asturiano.

Son trenes que no dejan huella si los dejamos pasar. Son buenos proyectos europeos, que podrían generar empleo, actividad, riqueza y bienestar y que no pararán en la estación llamada Asturias. Si las regiones del Arco Cantábrico Noroeste impulsamos ideas en mecanismos de colaboración para presentarlas juntas, Europa nos vería con otra perspectiva.

Pero ¡quedémonos un poco más en la estación!

Como todos Uds. saben, en los próximos meses comenzarán a impulsarse las ayudas europeas que tienen previsto desplegar una financiación sin precedentes con el gran objetivo de transformar el modelo económico, social y ambiental de Europa a través de la digitalización, la sostenibilidad y la inclusión social: casi “dos planes Marshall” sólo para España.  Todos los países de la UE se han lanzado a presentar proyectos con esas características, y se abre una oportunidad única. A finales del año pasado, el Gobierno de España anunció que destinará 1.500 millones de euros de fondos NextGeneration hasta 2023 para proyectos relacionados -por ejemplo- con el hidrógeno renovable. Sin duda una nueva oportunidad que no debemos desaprovechar en Asturias.

 

 

Como los que me conocen saben que me gusta hablar claro, pienso que debemos alegrarnos y felicitarnos, por tanto, con el referido anuncio del Gobierno del Principado de que activará la posibilidad de crear el  “corredor energético verde”, para lo que, junto a se ha puesto en contacto con Galicia y Cantabria, tiene la intención de que País Vasco y el norte de Castilla y León se puedan incorporar en una segunda fase.  

Sin duda, un gran acierto, que puede suponer una gran “dosis de actividad económica” como es la instalación de hidrogeneras (gasolineras de hidrógeno) cada ciertos kilómetros, reconversión de las conducciones de gas natural para hidrogeno, desde el norte de Portugal, pasando por La Coruña, Gijón, Santander, y su desarrollo hacia el País Vasco y hacia León; y -por último y no menos importante- se abriría además una solución a la regasificadora de El Musel, una obra que debe ser puesta en valor ya, a todo debemos unir la mejora de la eficiencia energética en edificios de la que se beneficiaría nuestro sector empresarial de la construcción;

Todo esto no es “ciencia-ficción” económica: hace apenas un mes podíamos leer en los medios que desde ArcelorMittal se ve con buenos ojos que el hidrógeno se potencie en el Principado, y ponía como ejemplo que había comenzado a inyectar gas de las baterías de coque con elevado contenido de hidrógeno en un alto horno de Veriña para reducir emisiones de Co2.

 

Blanco y en botella: va a ser que será leche…o nata

Si a todo lo que les acabo de contar, unimos la importancia de la sostenibilidad, el impacto imparable de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que están calando en la sociedad a marchas forzadas, llegaremos a la conclusión de que estamos ante un cambio de paradigma pero también ante un mundo de oportunidades reales y contrastables. Fíjense, si no, en estos tres ejemplos concretos: Arcelor, que tiene previsto reducir sus emisiones de CO2 un 30% en 10 años, Asturiana de Zinc, que aspira a las emisiones cero antes de 2050, o el Ayuntamiento de Gijón, que en los próximos 15 años quiere dejar de emitir 80.300 toneladas de CO2.

De lo que hablamos es de decenas de millones de euros en los últimos años. Es decir, decenas de oportunidades para Asturias que podremos aprovechar mucho más si somos capaces de impulsar de una vez por todas y sin protagonismos aldeanos un verdadero “lobby” del Noroeste que nos ponga de una vez por todas en el lugar que nos merecemos en Europa, si es que verdaderamente lo merecemos.

Puedo hablarles en este último tema también de mi experiencia desde Sabadell Herrero. De hecho, en 2019, Banco Sabadell decidió adherirse a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Seleccionamos diez de ellos que deberían guiar la elegibilidad tanto de los préstamos como de los proyectos: el fin de la pobreza, la salud y el bienestar, la educación de calidad, el agua limpia y el saneamiento, la energía asequible y no contaminante, el trabajo digno y el crecimiento económico, la reducción de las desigualdades, las ciudades y comunidades sostenibles, la producción y el consumo responsable y finalmente, la acción por el clima. De forma paralela, también se inició el Plan de Finanzas Sostenibles, como señalé antes, que enmarca todas las actuaciones del Banco en materia ESG.

¡¡Ojo!! Esto nos obliga como Banco a impulsar y financiar proyectos de estas características con preferencia sobre cualesquiera otros; preferencia que irá seguramente unida a normativas específicas de los reguladores bancarios dirigidas a favorecer e impulsar que las entidades financieras opten por financiar de forma preferente este tipo de actividades.

Más claro aún que antes…”verde y en botella”: sidra.

Aún siendo consciente de que a estas alturas, estarán Uds. más que cansados de mi presencia, no me resisto a dedicar unos minutos a un tema que creo es también sumamente importante para todos.

Como conocen, una de las preocupaciones manifestadas por el Gobierno del Principado es el envejecimiento de la población. Desde luego, las cifras son muy alarmantes. Según las previsiones del INE, en 2033 11 provincias del norte de España tendrán más personas mayores de 75 años que trabajadores a punto de jubilarse (entre 55 y 65 años): serán Zamora, Orense, Lugo, León, Palencia, Soria, Ávila, Teruel y… Asturias. El Noroeste unido en un pésimo dato.

Galicia, Castilla y León y Asturias pierden población a pasos agigantados, y mucho me temo que a nivel nacional el problema no es considerado realmente una prioridad. ¿Por qué?

Volviendo a los datos del INE, en los próximos años se prevé que el norte de España pierda unos 400.000 habitantes; en el resto del país –fundamentalmente, el Mediterráneo y Madrid y alrededores— la población crecerá un 5%. Es evidente que para nuestras empresas, esos datos son demoledores.

¿Qué puede hacer el noroeste para evitar este complicado proceso? ¿Qué puede hacer Asturias para afrontar que en concejos como Valdés o Tineo un 19% de sus vecinos tenga más de 75 años?

O se tiene una visión de conjunto -también en clave Noroeste- o estoy seguro de que no habrá una solución posible.

Las administraciones públicas del norte deben poner en su agenda de prioridades este asunto –lo está, pero aún tímidamente, pues se habla mucho pero se presupuesta poco--, porque nos puede condenar –a día de hoy ya lo está haciendo—a ser el furgón de cola de Europa. Sin población, sin masa crítica, no seremos competitivos en ningún caso y ni siquiera se nos escuchará.

Algunos avances se están produciendo, es cierto, como el plan puesto en marcha hace menos de un mes por la Comisión Europa para apoyar a Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León en el impulso de políticas de incentivos demográficos, denominado como Plan Estratégico de Gobernanza para la Despoblación Rural en las macrorregiones del suroeste de Europa.

Pero “ponerle patas” a estas intenciones pasa por la incentivación para animar a las  personas a que se trasladen a vivir a una zona rural.

Si las condiciones, más allá de vivir en el campo, son las mismas, pocas dudas va a haber a su favor. Es ineludible que se consolide la banda ancha con el 5G, y que para la creación de negocios que generen empleo hay que bonificar impuestos (cuotas de autónomos, contratación de pymes, deducciones en la cuota del IRPF, incentivos en los impuestos locales…).

También es necesario que para que se impulse de verdad la actividad empresarial rural (agroalimentación, turismo, etcétera) se agilice la burocracia; no pueden pasar meses e incluso años para dar luz verde a un proyecto. Hay otros temas, como la sanidad –bastante bien resuelto en Asturias—o la educación, que debe garantizarse como derecho y oportunidad antes que por cuestiones de rentabilidad; las escuelas rurales, por ejemplo, debían ser ajenas cualquier análisis de sostenibilidad económica.

Hemos vivido en los últimos años una efervescencia de la globalización que ha perdido gas a causa de la pandemia. Nos ha obligado –nos-está-obligando—a repensar las cosas y a repensar aspectos que ya se consideraban “pasados de moda”: la necesidad de tener mercados más locales, proveedores más cercanos, una internacionalización de las empresas con más sentido, la apuesta por el valor añadido, la digitalización como forma de relación a cualquier escala, una sostenibilidad que garantice una mejor calidad de vida y también funcione como impulso económico, o volver a situar al capital humano en lo alto de la pirámide.

Y en ese conjunto de actuaciones hemos de tener muy claro que las alianzas estratégicas son esenciales. Y lo hemos de ver en clave de alianzas interterritoriales, empresariales e institucionales que, en el caso que nos ocupa sería lo que estas jornadas han dado en llamar Arco Luso-Cantábrico.

Demasiadas veces la política tiene más de ideológico que de práctico, y eso impide resolver con eficiencia los problemas de los ciudadanos. Sin embargo, cuando hay cierta unión más allá de las banderías, los avances pueden ser muy significativos. No olvidemos que el esfuerzo común, a una, de los presidentes de Galicia, Asturias y Castilla y León, fue determinante para la inclusión en la agenda europea de los ramales ferroviarios que se acercan a nuestras costas.

Pero es necesario hacer un esfuerzo mayor de coordinación; no tengo muy claro, por ejemplo, por qué Cantabria no se incorpora con armas y bagajes a este lobby Cantábrico, ¡allá ellos!... Como tampoco tengo muy claro por qué no comprometemos más al norte de Portugal. Es cierto que Galicia formó en su día una denominada “eurorregión” con el norte del país vecino dadas sus similitudes históricas, culturales, lingüísticas y económicas. Pero esa colaboración ganaría en potencialidad si se extendiese hacia nosotros.

Por eso hablaba al principio de mi intervención de mover las fronteras mentales y abrirlas también a sectores como el Agroalimentario o el lácteo en el que nos queda mucho por coordinar y unir, como bien apuntó el gran empresario asturiano -Presidente de Industrias Lácteas de Asturias- , Francisco Rodríguez, el pasado mes de agosto en los cursos de La Granda: “los problemas que tienen las industrias asturianas o gallegas no son con los gobiernos de sus territorios; los de verdad –los problemas—los tenemos con los de otros países”.

Sabemos que Asturias es la primera mancha quesera de Europa. Galicia, Cantabria y Castilla y León también tienen grandes quesos. Además del valor añadido que suponen las denominaciones de origen, ¿por qué no crear una gran marca del norte que tenga parámetros comunes de calidad derivados de entornos naturales similares?, esto ya lo han probado con éxitos nuestros vecinos europeos. Es solo una idea, pero de la que se puede tirar.

Voy finalizando.

Hasta ahora, he ido tratando de tejer un cuadro, muy general, de aquellos asuntos que el Arco Luso-Cantábrico tiene en común, en cuáles ya se está ya colaborando y la necesidad de hacerlo en otros tantos. Aunque es cierto –quiero aclararlo—que en otros tantos deberemos competir con nuestras propias armas y de forma individual, apostando por nuestro valor añadido específico.

En cualquier caso: Galicia, Asturias, Cantabria, León suman 61.086 kilómetros cuadrados y 4,7 millones de personas. Como herramienta de presión en la consecución de objetivos comunes, no es desdeñable. Si además le sumamos el norte de Portugal, aproximadamente desde Oporto, hablamos de 82.361 kilómetros cuadrados y 8,3 millones de habitantes.

Una macrorregión con extensión y habitantes con peso específico para presentarse ante la Administración del Estado o Europea y ser escuchada con atención.

Somos un extremo de Europa, y eso nos ha condicionado, y por eso ahora es el momento de que podamos ponernos al día y pasar a “jugar al centro”.

Esas son las “nuevas” fronteras a las que me refiero una y otra vez. Un cambio de mentalidad para unir fuerzas y afrontar el nuevo modelo productivo que se avecina y que las autoridades europeas alientan.

Decía antes que entre las consecuencias de la pandemia –consecuencias positivas, me refiero—está la puesta en valor del medio rural, de las políticas de sostenibilidad –antes lo llamábamos defensa del medio ambiente--, de la mejora de la calidad de las condiciones laborales y de los productos de calidad y cercanos. Todo ello marcado por la necesidad de un acceso universal a la digitalización.

Pues bien, no me cansaré nunca de decirlo: el Arco Luso-Cantábrico condensa buena parte de esas virtudes que podemos potenciar en común.

¿Por qué, si no, durante el primer y radical confinamiento, un concejo como Ribadesella ganó más de 300 residentes? Algo que ocurrió en la vecina y gallega comarca de A Mariña, que ha visto como el goteo de marcha de vecinos se ha detenido. Lo mismo se podría decir del sector agroalimentario, que ha crecido; el turismo, que en verano rompió las expectativas.

Porque, además, esta tendencia a recuperar una vida más sostenible, más natural, consumiendo mejor y, en definitiva, gestionando de forma eficiente nuestra salud, encaja en las tendencias “verdes” en los grandes proyectos que ya apuntaban maneras antes de la pandemia.

Quizá me haya salido un poco de la razón de mi intervención, pero todas estas cuestiones nos vienen muy bien para pensar en nosotros mismos; de las posibilidades que se abren al Noroeste si somos capaces de construir la idea de la Asturias que queremos que no será fácil conseguir sin nuestros vecinos de Galicia, Castilla y León y Norte de Portugal.

El 24 de julio de 2019, apenas cuatro días después de dejar la Presidencia del Principado, Javier Fernández recibió- junto con el Expresidente de Castilla y León Juan Vicente Herrera- en Santiago de Compostela la Medalla de Oro de Galicia de la mano del Presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. Con este gesto se quería reconocer “su trayectoria política y el hecho de ser uno de los artífices de la cooperación institucional que existe entre Galicia, Asturias y Castilla y León”.

Se trató de una circunstancia sin precedentes, viniendo de un presidente del PP hacia un presidente del PSOE, desarrollada en un acto con los recién elegidos Presidentes de Asturias, Adrián Barbón, y Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco.

 

Traigo este acto a colación por lo que tuvo de expresión de una voluntad común hecha realidad y que no hace mucho hubiese sido impensable. Como refirió Núñez Feijóo, “la cooperación no la inventamos en el Noroeste, nos la impone nuestra geografía”; una realidad tan obvia como rechazada por los negacionistas de guardia, que hay muchos. Muchos a los que habría que aplicar las palabras de Juan Vicente Herrera en ese acto, cuando manifestó que “la identidad no se pierde al relacionarse con los demás”.

Este, en definitiva, fue un ejemplo de altura de miras en la que los intereses comunes y la afinidad de las personas se impusieron a las ideologías en clave de beneficiar toda la ciudadanía; un ejemplo que debemos reiterar siempre que podamos para no perder definitivamente el tren del futuro.

Concluyo.

Cuando el 11 de mayo de 1808 la Junta de Asturias, ya levantada oficialmente contra el invasor francés, envía comisionados a Galicia, León y las tierras cántabras, lo hace en defensa de la libertad ejemplificada en un esfuerzo en común. Ahí, en esa batalla, pese a ser acusado en su día de afrancesado, está Gaspar Melchor de Jovellanos, que diseña escudo y bandera para las tropas asturianas. El ilustrado gijonés ya apostó por la salida a la meseta por carretera a través de Pajares para surtir a Castilla de los productos de ultramar que arribaban al puerto de Gijón, del que, por cierto, también apoyó su ampliación vía traslado, a un lugar mejor: El actual Musel.

Citar a Jovellanos puede sonar a recurrente, pero más allá de estos proyectos que cito, quizá haya sido la única persona que tuvo una idea global de Asturias, de lo que necesitaba y de que buena parte de su futuro estaba en conectarse y relacionarse con el exterior.

La terrible coyuntura causada por la pandemia está acelerando y recolocando el cambio de modelo productivo de nuestra economía que ya se atisbaba. De lo que se trata ahora y sin perder más tiempo es de pensar qué modelo queremos para Asturias y que todos –administraciones e instituciones públicas y privadas, empresas, cámaras de comercio, agentes sociales, Universidad—nos alineemos y comprendamos que nuestro gran partido se juega ahora aquí en nuestra mentalidad y en nuestra tierra del Principado; pero este no es un partido que podamos ganar con una Asturias aislada, sino integrada en ese Arco Luso-Cantábrico que a todos nos parece una gran idea y que sin duda nos hará mejores hoy y permitirá dar oportunidades a nuestros hijos mañana.

En algunas ocasiones y, aunque a Uds. les pueda parecer extraño, encuentro especialmente interesantes algunas reflexiones en clave empresarial de uno de los grandes filósofos de la cristiandad, San Agustín; permítanme con hoy finalice con una de estas reflexiones: “En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad”.

 

Muchas gracias.

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