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Sofía Reglero | Economista, experta en relojes y joyas de lujo

“El sector del lujo en Asturias está por explorar; desde la artesanía al turismo”

“Como ‘cliente misteriosa’ para grandes marcas en París llevé chándal y un anillo de diamantes para ver cómo me atendían”

Sofía Reglero, en Oviedo.

Sofía Reglero, en Oviedo. Irma Collín

La conversación de Sofía Reglero (Avilés, 1987) es hipnotizante. Habla de arte, joyas, moda, superación personal, belleza o arquitectura con pasión, pero sin vehemencia, haciendo énfasis con la palabra o con la pausa. Economista especializada en el sector del lujo, ha vuelto a Asturias tras diez años en París y dispuesta a situar al Principado en el mapa de lo exclusivo. En su apabullante currículo de experta en relojería, joyería y formación están las firmas Girard Perregaux, Baccarat, Chanel, Tiffany, Burberry o Van Cleef & Arpels. Sin perder el contacto profesional con Francia gracias a la era digital, ahora está tomando contacto con el terreno para abrirse camino en la región. Espera a LA NUEVA ESPAÑA con el móvil en la mano mientras disfruta de una visita virtual al Museo del Prado. Le encantan las galerías. Una de las primeras cosas que hizo al instalarse en Oviedo fue integrarse en la Asociación de Amigos del Bellas Artes de Asturias. De hecho, hace unos días guió a un reducido grupo por algunos cuadros de la colección de Plácido Arango explicando las joyas y vestimentas que aparecen en las pinturas.

–¿Por qué ha decidido volver a Asturias e instalarse en Oviedo con un trabajo tan apasionante en París?

"Tenía claro que Oviedo era la ciudad indicada para mí, es un privilegio y una nueva etapa"

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–En mi empresa, Phenix Influence, surgió en 2020 un proyecto muy interesante en Oriente Medio con una casa de lujo muy conocida que está desarrollando su gama de joyería. Yo tenía que viajar allí varios meses como encargada de la parte de relojería y joyería. Sin embargo, la pandemia lo cambió todo y la formación que iba a impartir fue telemática. En verano en Francia se retomó parte de la actividad, pero en octubre se cerró todo de nuevo y me empecé a plantear volver a España con mi familia, que tengo poca. Además, mi abuelo, que era muy mayor, cogió el coronavirus. Pese a que lo superó, se debilitó mucho y falleció a finales de noviembre. Eso supuso un punto de inflexión. En diciembre me mudé a Oviedo. Sé que el sector del lujo no está tan desarrollado aquí, pero hay muchas cosas por hacer. Tenemos una cultura fantástica, gastronomía y calidez, y hay grandes artesanos que creo que no se valoran lo suficiente. El sector del lujo en Asturias está por explorar económicamente; desde su artesanía a la gastronomía y el turismo.

–¿Por qué Oviedo?

–Tenía claro que Oviedo era la ciudad indicada para mí. Está plagada de monumentos históricos, la oferta cultural es la más amplia de Asturias y tiene un Museo de Bellas Artes fantástico. Es un privilegio y una nueva etapa.

–De todas formas, la vida cultural de París, es mucha vida.

–Claro. Yo iba dos o tres veces por semana a la Ópera. Allí la cultura es muy barata, se puede ir a partir de cinco euros a una función. Y si eres joven, por menos.

Del collar de Liz Taylor a la garra demoníaca, conocemos la historia oculta de las joyas y vestimentas de los cuadros de la colección de Plácido Arango Elena Vélez

–¿Cómo dio el salto de Avilés a París?

–Viví en Avilés hasta los 12 años y después me mudé con mis padres a Portugal y aprendí el idioma. Hice parte del Bachillerato en Portugal y parte en Asturias, en Siero. Hice la Selectividad en Oviedo y luego estudié Economía en Santiago de Compostela. Entré con la idea fija de hacer un Erasmus en Francia. Lo hice y al acabar la carrera estudié un Máster en Administración de Empresas (MBA) en París, uno sobre marketing de lujo que estaba patrocinado por Cartier.

–¿Encontró trabajo pronto?

–En Francia es obligatorio hacer prácticas nada más empezar. Fui a una empresa de relojería de lujo, Girard Perregaux, que entonces hacía una exposición en el centro comercial Le Printemps du Luxe (la competencia de Galeries Lafayette) con una selección de piezas históricas y contemporáneas. Yo era la encargada de enseñar las piezas actuales de alta relojería. Entre ellas, una que tenía una complicación.

–¿Una complicación?

–Todo lo que no da la hora en un reloj se llama complicación, desde una complicación musical hasta algo sencillo como un cronógrafo. Este reloj tenía un “jackpot”, es decir, una mini tragaperras incorporada con un gong similar al de las máquinas de juego de un casino. Una de las personas que visitó la exposición, que era lo que se llama un “mistery shopper” (cliente misterioso) quedó muy contento conmigo y me ofreció trabajo en Singapur, pero yo quise seguir en Francia. Curiosamente, años más tarde yo también fui cliente misteriosa de firmas de lujo.

–¿Qué hace un cliente misterioso?

–Ir a diferentes horas a provocar al vendedor, a intentar sacar descuento o ver cómo reacciona. El “mistery shopping” se trabaja especialmente en el lujo porque la atención al cliente es esencial y justifica parte del precio.

–Póngame un ejemplo.

–Las firmas contratan a una empresa para esa labor porque funcionan como auditorías del trabajo. He trabajado con el Grupo Puig, Nina Ricci, Jean-Paul Gaultier o Louis Vuitton. Básicamente una compra tiene cinco fases y eso es lo que valoramos. Desde el momento en que miro el escaparate empiezo a evaluar: si está bien presentado, que esté limpio, que no haya arrugas o que no haya moscas, la pesadilla del “merchandising”.

–¿Se acuerda de alguna mala puntuación?

"Como especialista en joyas o relojes ha atendido a David Guetta o Samuel Eto'o"

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–Claro. Una vez un vendedor muy agradable de una conocida tienda de “prêt-à-porter” de París me mostró lo que le pedí, pero cuando le pregunté quién era el diseñador me dijo: “Una mujer”, Cuando quise saber el nombre me dijo que no se acordaba. Pobre. Igual era su primer día. Otras veces uno puede ser ignorado porque va vestido de cierta manera.

–No me diga que se vestía mal aposta.

–Digamos que estudiaba mi “look”. Me he puesto un chándal y un anillo de diamantes para ver si me atendían correctamente. Alguien que va vestido con ropa y accesorios caros es un cliente potencial del sector, pero otro que no lleva nada ostentoso también puede serlo. En una ocasión un compañero no quiso atender con mucha dedicación a una pareja y luego fue la mejor venta del mes.

–Lo habíamos dejado en sus prácticas del máster.

–Haciendo el MBA también me llamaron de Baccarat, que hace “art de la table” (cristalería) y joyas. A partir de ahí me llamaron de varios sitios, hice contactos y me vi trabajando en la Plaza Vendôme, el centro mundial de la joyería y relojería del más alto lujo, en ventas y tareas de administración como los préstamos de joyas a los medios de comunicación para sesiones de fotos. Más tarde me llamaron de Chanel y Van Cleef & Arpels.

–Era usted muy joven. ¿Le abrumaba?

–Alimentó mi curiosidad porque me veía trabajando con varios millones de euros, haciendo transferencias a otras tiendas o tratando con clientes que tenían una cultura de lujo de las piedras o relojes mucho más amplia que la que puede tener un vendedor, sobre todo uno que empieza. Se aprende mucho todos los días. Hay que tener mucha humildad.

–¿Cuál ha sido la joya más impresionante que ha visto?

–Me interesan mucho las perlas porque en Van Cleef & Arpels tenían un collar de la propia “maison” adquirido en subasta. Era de los años 30, montado en platino y con diamantes enormes, el central de más de diez quilates, y dos perlas barrocas en forma de lágrima. Su precio era de 5.150.000 euros. Lo ponía en el expositor cada día y lo retiraba por la noche junto a un vasito de agua para que el calor no les quitase la humedad a las perlas.

–¿Puede mencionar a algún cliente famoso?

–Claro, el dj David Guetta; los actores Patrick Dempsey o José García; el exfutbolista Samuel Eto’o; el chef Cyril Ligna o los jugadores de la Selección Nacional Francesa.

–De la venta pasó a la formación. ¿Por qué?

–Siempre me atrajo. Llegué a incursionar en el mundo de los tejidos, luego llegué a ser referente técnico en alta relojería con colaboraciones con Suiza y estuve una temporada en Tiffany & Co, pero volví a la formación porque era lo que más me atraía. Fui directora de formación para el norte de Europa en Burberry y finalmente entré en la consultoría Phenix Influence con la que sigo manteniendo una relación laboral.

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