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El ISPA optará a una línea de 86 millones europeos para proyectos de investigación

A través de consorcios con empresas asturianas, el instituto biosanitario quiere desarrollar inmunoterapias y nanotecnologías aplicadas a la salud

Investigadoras trabajando en el ISPA. | Luisma Murias

Investigadoras trabajando en el ISPA. | Luisma Murias

En el vivero de empresas de Prados de La Vega un letrero sirve de advertencia sobre lo que pasa cuando la rueda del dinero deja de rodar. El cartel de Entrechem sigue adornando la puerta del local que ocupaban en el edificio público. Hace unos meses, la que fuera una de las farmacéuticas emergentes con más proyección del país, no recibió el impulso económico necesario para dar el salto a probar sus prometedores fármacos contra el sarcoma en humanos (entre ocho y nueve millones de euros) y esas patentes se quedaron en un cajón. La empresa entró en suspensión de pagos y hoy se encuentra en concurso de acreedores. El desarrollo y la consolidación del polo biosanitario de Oviedo también necesita dinero para crecer, consolidarse y, más aún, si quiere competir a nivel nacional. Para ello, están los fondos europeos. Pero, en el Principado, aseguran fuentes de Hacienda, los fondos solicitados hasta ahora para el sector biosanitario no suponen “un porcentaje representativo”. Las expresiones de interés presentadas por empresas y organismos públicos en el campo de la medicina y el I+D+I no alcanzan el cinco por ciento del total de iniciativas presentadas (especialmente centradas en la transición energética). Ahora, desde el Instituto de Investigación del Principado de Asturias (ISPA), aceleran para ponerle remedio a la situación. El Instituto trata de colaborar con otras empresas asturianas para percibir fondos de la última línea de ayudas de los fondos europeos Next Generation. Otros 86 millones de euros con los que se pueden financiar: Inmunoterapias, nanotecnología para el diagnóstico de enfermedades o nuevas estrategias de biofabricación de prótesis y, todo ello, desde una perspectiva de colaboración publico-privada; el punto fuerte de la milla.

Los proyectos de investigación a los que se quiere optar desde la FINBA, que deberán contar con un consorcio de un mínimo de dos entidades (un organismo de investigación como el ISPA y una empresa), pueden percibir fondos entre 400.000 y dos millones de euros para su desarrollo. Actualmente, el Instituto está recogiendo los proyectos de sus investigadores para presentarlos a Bruselas antes de que termine el plazo, el próximo 18 de mayo. El objeto de la convocatoria, que es la investigación industrial, tiene cuatro “prioridades temáticas” por las que se pueden financiar proyectos biosanitarios.

La idea es conseguir financiar alguno de los proyectos que se desarrollen en colaboración con empresas del sector durante los próximos tres años. La financiación está sujeta a concurrencia competitiva, al igual que otras muchas subvenciones de los fondos europeos a las que se han presentado empresas asturianas en colaboración con organismos dependientes de la consejería de Ciencia. Fuentes de la misma aseguran que los proyectos no se hacen públicos por una cuestión de prudencia y privacidad con las empresas que forman parte del consorcio, que no quieren que trascienda al público en el caso de no conseguir la partida de los fondos europeos a la que optan.

En Oviedo, los proyectos que presentarán el Ayuntamiento ya los adelantó LA NUEVA ESPAÑA. Entre ellos, aunque así se había anunciado, no hay ninguno que contribuya al desarrollo del polo biosanitario. El Principado, por su parte, aún mantiene en secreto los suyos, aunque fuentes de la consejería de Hacienda adelantan que los presentarán próximamente en la Junta. Desde el Principado advierten: solicitar no es recibir. Los proyectos pueden financiarse o no dependiendo de varios cribados que van a ir realizando las administraciones.

Más suelo industrial

Por ejemplo, el Consistorio estaba atado de manos por muchos de los epígrafes impuestos por Europa. Poco más podían hacer que generar nuevo suelo industrial para las empresas que quieran instalar en la ciudad. Y, esto, el equipo de gobierno lo fía a las negociaciones por la Fábrica de Armas de La Vega, aunque haya quien lo ve como una cuestión de urgencia. Antes de que se pueda mover un ladrillo en el antiguo recinto fabril de Santa Bárbara van a pasar años y hay voces que reclaman para Oviedo algo más que un vivero de empresas y lo antes posible. “La ciudad ya tiene una guardería empresarial en El Cristo (en la Universidad), y un colegio en La Corredoria (el Vivarium), pero le falta un suelo empresarial tecnológico de calidad del que no se vayan las empresas al crecer; que pase eso es un fracaso para Oviedo y para Asturias”, denuncian fuentes vinculadas al mundo biosanitario. La Vega va a tardar en llegar y ya hay quien ve “la milla de la bata blanca” no solo como un aspecto diferencial dentro de la región, sino una oportunidad para competir más allá de las fronteras de la región. Desde la Cámara de Comercio de Oviedo, principales impulsores de la creación de un clúster biosanitario en el entorno del HUCA, ven con preocupación cómo en comunidades vecinas proyectos similares se van a regar con dinero europeo, lo que potenciará su despegue.

Oviedo seguirá contando durante unos años con el ladrillo que tiene y, una vez desbloqueada la Fábrica, querrá adecuarla en colaboración con las demás administraciones para convertirla en un espacio de oportunidad para las empresas del sector biosanitario. De momento, con los fondos europeos se tratará de financiar la investigación de lo que ya existe.

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