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Luto en la medicina asturiana: Fallece en Madrid, a los 101 años, el cirujano ovetense Santiago Gómez-Morán

El médico jubilado, distinguido con la insignia de Caballero de Isabel la Católica y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, murió por causas naturales

Santiago Gómez-Morán, fotografiado en su casa de Madrid en 2011. | LNS

Santiago Gómez-Morán, fotografiado en su casa de Madrid en 2011. | LNS

El cirujano jubilado Santiago Gómez-Morán, natural de Oviedo, falleció en Madrid este miércoles, por causas naturales. Tenía 101 años. Aunque llevaba décadas residiendo fuera de la región, Gómez-Morán, que era colaborador asiduo de LA NUEVA ESPAÑA, nunca perdió de vista la actualidad de su ciudad natal, donde tenía a parte de su familia, como su sobrina, la galerista Guillermina Caicoya.

Santiago Gómez-Morán Martínez-Ballina nació en Oviedo el 14 de septiembre de 1919. Su padre, César, tenía la concesión de una mina en Turón y varios barcos de pesca, además de un negocio de importación y exportación. En 1935, Santiago Gómez-Morán se desplazó a Valladolid a estudiar medicina. En la ciudad, entró en contacto con las pujantes Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS) de Onésimo Redondo, y se unió a la Falange. Con el estallido de la Guerra Civil se unió al bando Nacional.

Concluida la contienda, Gómez-Morán completó sus estudios de Medicina y retornó a Oviedo, donde creció profesionalmente bajo la tutela del cirujano de aparato digestivo Joaquín García Morán. Posteriormente, Gómez-Morán se desplazó a Inglaterra para complementar su formación con el prestigioso John Cedrid Goligher.

De vuelta a Oviedo, Gómez-Morán frecuentó la compañía del caricaturista Alfonso y de Luis Alberto Cepeda, y comenzó a colaborar con la Sociedad Ovetense de Festejos (SOF), de la que fue vicepresidente a principios de la década de los cincuenta.

En 1955, por indicación de una hermana, se desplazó a Casablanca (Marruecos), para trabajar en un hospital estadounidense que se había instalado en la ciudad. Durante cuatro años presidió la Casa de España en la ciudad, y al abandonar el cargo fue distinguido con la insignia de Caballero de Isabel la Católica. No fue su única distinción: en la misma época, la República en el exilio le concedió la medalla de Lealtad a la República, pese a haber combatido con las tropas nacionales, por la ayuda desinteresada que prestó en esos años a los exiliados republicanos.

En 1975 a raíz de la “Marcha Verde”, Gómez-Morán y su familia deciden retornar a España. Pide el traslado a Madrid, donde siguió ejerciendo hasta su jubilación en 1989, y donde mantuvo su residencia desde entonces. En Madrid, fortaleció su amistad con otro asturiano como era el periodista Marino Gómez-Santos, fallecido el pasado diciembre.

A su retorno a España, y por indicación de Luis Alberto Cepeda, Gómez-Morán comenzó a escribir columnas de opinión para el desaparecido diario “Región” y para LA NUEVA ESPAÑA, diario con el que colaboró hasta el final. Aun el pasado mes de junio, siendo ya centenario, Gómez-Morán remitió al diario una columna sobre la pandemia, “Covid-chic”, en el que reflexionaba, con humor e ironía, sobre la floreciente moda de las mascarillas de diseño. Durante sus últimos años vivió en una residencia madrileña junto a su esposa, Ana, y era un habitual del aula de ocio del Colegio de Médicos de Madrid, donde ya añoran sus míticas partidas de bridge.

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